
Debemos saludar una novedad editorial infrecuente: La aparición en lengua castellana de un libro de Louis-Ferdinand Céline. Se trata de “Conversaciones con el profesor Y”, editado por Caja Negra (Buenos Aires, 2011, ISBN 978-987-1622-12-2), y por si fuera poco, con una notable traducción –superior a las que estamos acostumbrados- y un agudo prólogo de Mariano Dupont.
Permítasenos una breve trascripción a guisa de ejemplo:
Porque Céline, contra lo que muchos creen, rió siempre, desde el principio. Desde el Viaje al fin de la noche. Ése fue, como dice Philippe Sollers, el crimen fundamental y médico de Céline: hacer reír. Porque la risa es peligrosa, jodida. La risa desarma, desmonta, desnuda, saca a la luz la impostura, el simulacro y la superstición que se esconden detrás de la máscara mortuoria, de cartón piedra, de la cultura. La risa quema, corroe, pone sobre el tapete la falsificación, el embuste ideológico. De ahí, claro, que la risa sea imperdonable. La literatura es cosa seria. ‘Los profesionales del crimen no ríen, los profesionales del pensamiento correcto tampoco’ (Sollers). Las almas bellas detestan la risa porque la risa les refleja la mentira en la que viven. Y Céline no perdona, se ríe de todo, incluso de lo que no hay que reírse” (M. Dupont, pp. 15-16).
Una de las imposturas más solemnemente embusteras es la idolatría de la juventud. Lo decimos, huelga aclarar, y previniendo que se nos atribuya cierto rencor por la propia decadencia física, estando comprendidos aún (y apenas) en esa franja etaria que ha visto dilatar progresivamente sus límites, y sin tener todavía que incorporarnos a las ridiculeces de pendeviejos como la llamada “generación de menos de 50”. La idea de que la juventud, que siempre ha sido el tesoro más valorado por el hombre, no es ya maná de potencia, vigor, energía, desenfado, temeridad, valentía y arrojo; sino fuente de verdad, es decir, de sabiduría, sensatez, tino, buen gusto y reflexión. Si no fuera así, nadie podría comprender en nuestro extraño horizonte paralelo que es el mundo moderno, cómo puede acudirse a la popularidad de cierta tendencia política o cultural entre la juventud como a un sinónimo de acierto, de camino correcto, de modelo a imitar, de facción a la que plegarse. Como si fuéramos cobayos en un laberinto publicitario, no compramos solamente el blue-jean que tan bien visten esos jóvenes modelos, sino que debemos adherir a su “movida” política, cultural, axiológica, para no sentirnos viejos, caducos, retardatarios. Simplemente porque la juventud barniza con una capa dorada de novedad, de moda, de vigencia, aún a las más rancias y vetustas doctrinas, y las más arcaicas y decadentes prácticas.
Pero esta verdad evidente, reflejo de un universo en carrera acelerada y desbocada signada por la novedad permanente, y por la obsolescencia programada, en verdad poco tiene que ver asimismo con las tendencias conservadoras que orientan a la sociedad a la hora de elegir gobiernos y productos culturales. Una juventud mesurada, reflexiva, correcta, sabia, siendo el modelo a seguir hacia un camino de conservación frente a la crisis, un sólido soporte al cual aferrarse cuando las cosas se pongan feas, la seguridad de lo ya probado y conocido. “Plaza pelada / sólo árboles secos / aún se animan a jugar / unos niños viejos” observaría Pandolfo.

La tristeza de los jóvenes correctos, bienpensantes, burguesitos reconcentrados en engordar cuentas corrientes y en inversiones inmobiliarias en nuevos barrios segregados de alto estatus, para codearse con otros como ellos, y con extranjeros acomodados… gente-como-uno, que gasta zapatos italianos, relojes suizos y autos alemanes. Y también la tristeza de los jóvenes dialécticos, evangélicos, dogmáticos, mesiánicos, embanderados, esloganizados, filosóficos y filosofados por filosos cafishos de café…
Pero dejemos hablar a Céline, que él siempre lo dirá mejor (pp. 31-32, las negritas son nuestras):
… la juventud, usted lo sabe, está siempre lista para tragarse cualquier cosa… encuentran todo ¡formidaaaable! ¡qué fácil la tienen los cafishos! ¡la juventud pasa su tiempo pasional en erecciones y gargarizando “ideas”!... ¡sí, las filosofías, señor!... la juventud ama la impostura como los perritos aman los palos de madera, los huesos que les tiran… ¡y corren detrás de ellos! se precipitan, ladran, pierden el tiempo… ¡eso es lo principal!... vea a todos esos farsantes que no paran de juguetear con la juventud… de lanzarle palos de madera huecos, filosóficos… ¡la juventud se fatiga!... ¡adhiere!... ¡agradece!... ¡saben lo que ella necesita, los cafishos!... ¡ideas!... ¡y más ideas!... ¡síntesis! ¡y mutaciones cerebrales!... ¡al oporto! ¡siempre al oporto! ¡logística! ¡formidaaaable!... ¡cuanto más vacío es, más la juventud se traga todo! ¡se engulle todo! todo lo que ella encuentra en los palos de madera huecos… ¡ideeas!... ¡juguetitos! usted tiene, profesor Y, no se me ofenda… ¡una jeta de persona inteligente! ¡incluso dialéctica!... ¡usted frecuenta a los jóvenes, evidentemente! ¡cómo debe llenarles el cráneo! ¡ustedes viven de la juventud!... impaciente, presuntuosa, perezosa… ¡usted debe ser incluso casuístico! ¡apuesto a que sí!... ¡más casuístico que Abelardo!... ¡sigue la moda, entonces!...

11 comentarios:
Que a propósito de esto...
http://monolingua.blogspot.com/2011/12/el-hombre-kirchnerista-washington.html
Excelente blog, amigo.
R.S
28 de diciembre de 2011
El hombre kirchnerista (Washington Cucurto)
El niño, el adolescente, el joven profesional,
el hombre-simple, puede terminar ahorcado
en una pieza durante una junta de las Américas.
Ese es el drama del hombre kirchnerista,
oh, muchacho de mi tiempo,
¿inconformismo? ¿soledad? ¿desolación?
¿Inseguridad ante los veteranos que ejercen el poder?
El hombre kirchnerista sabe que puede morir en cualquier momento,
como todos los demás hombres
y nadie le agradecerá nada
es consciente, sabe, que puede ser traicionado
por sus compañeros de agrupación
que lo despiden con un “hasta la victoria, compañero”.
El enemigo número 1 del hombre kirchnerista
no es el capital ni Clarín,
es la hipocresía.
En este punto no hay discusión.
Sin embargo… como dice Aníbal Fernández
(“es tan importante decir sin embargo”),
el hombre kirchnerista se la juega,
vive como puede y es el primero en aplicar
la “sinembargología”.
El hombre kirchnerista vive ninguneado,
desoído su entusiasmo por los viejos carcamanes
que acabarán con esa idea preciosa
del hombre kirchnerista.
El hombre kirchnerista vive como puede y dice “sin embargo”…
El hombre kirchnerista, muchacho de mi tiempo,
vive hacinado en una pieza cercana a la Plaza Miserere,
sin laburo y soportando una “ayuda social”.
Toma mate como Macedonio en una cucheta de Once.
Sabe que la realidad lo tiene atado de pies y manos.
El hombre kirchnerista siempre es joven,
su juventud es su gran característica.
Pensó que iba a cambiar al poder
pero el poder está en manos del ser antikirchnerista.
¡oh, qué paradoja, qué chotada!
Viejos, soberbios, escuálidos, consumidores de Viagra,
millonarios, conservas, son todas cualidades
del hombre antikirchnerista.
El hombre kirchnerista es un hombre imaginario,
sin embargo vive en todos nosotros,
bien adentro, hace años que pugna por salir.
El hombre kirchnerista es un animal comprensivo,
lucha cada día contra la realidad concreta.
“Los sueños mezclados con las convicciones
son lo más importante”.
Sueños y convicciones y ganar de garchar
le sobran al hombre kirchnerista.
El hombre kirchnerista, muchacho de mi tiempo,
tiene novia, le gusta ir al cine, odia la economía,
tiene sueños para tirar a la marchanta.
Vive tardes y noches imaginarias
su imaginación, su capacidad de soñar,
lo volverá un hombre con mil posibilidades.
Muchos sinembargos tendrá el hombre que sueña.
Oh, muchacho de mi tiempo, estoy viejo
pero jamás seré un carcamán.
El hombre kirchnerista al igual que todos
busca una mujer de carne y hueso.
¡Qué mujer la Mili Bermudez, la Flor Monfort, la Julieta Mortati!
El hombre kirchnerista está ahí como un tigre,
dispuesto a dar el gran salto en cualquier momento,
sueña y se alimenta el espíritu
vende golosinas en un kiosco,
sólo milita contra el goliardo de la vida diaria.
Más de una vez por día piensa en Néstor,
sueña con una Mili Bermúdez y es capaz de leer a Quique Fogwill.
Sabe, y yo también lo sé,
que no irá en coche al muere,
cuando todo acabe, plantará violetas.
Cubrirá todo con violetas.
Efebolatría tanática kakista al palo!!!
Tal vez fui un joven viejo, lo cierto es que no logré tener ídolos entre los de mi generación, admiraba a gente mayor.
Probablemente se debía a cierto orgullo competitivo que no me permitía aprender de un coetáneo.
Como sea, ahora que ya merezco el "señor" o el "usted" de parte de bellas jóvenes anónimas, no existiendo estímulo alguno para sobrevalorizar la juventud, más que nunca, bienvenida sea la risa de Celine.
Tal cual, eso es lo que ocurre, está muy bien escrito. La parte que mas me gustó la que dice "las negritas son nuestras" (gracias por la generosidad). Bromas aparte (que me haya gustado el texto no lo es) estimado occam, espero que haya pasado bien las fiestas y le deseo lo mejor para el 2012.
Anónimo: Muchas gracias por el inspirado texto de Washington Cucurto. Muy a propósito, por cierto.
Mensajero: Siempre se ha valorado mucho la juventud, como un tesoro escondido, como una fruta que al madurar dará sus mejores sabores y aromas, como una expectativa, una potencialidad. La juventud de Germánico o de Tito en Roma, las grandes esperanzas desperdiciadas. O la juventud de Calígula, la enorme descepción.
Siempre desde una mirada que valora esa capacidad de ser, esa apertura que también es indefinición. Como la mujer de redondas caderas, y promisoria juventud, que contiene una potencialidad de bellos hijos, de mañanas dulces cebadas de mate y tostadas. Todo lo que promete tiene un valor más apreciable que lo que es, pero menos certero, menos sólido. Un tesoro a futuro, una caja de sorpresas llena de apuestas, de bonos 2030...
Por eso siempre, así como se valoraba en ese sentido la juventud, en cambio para todo aquello que implicara prudencia, sobriedad, buen juicio, experiencia, mesura, idoneidad, se recurría a la gente mayor. Los requisitos etarios para el Senado, y en general para cualquier posición de poder y responsabilidad en cualquier comunidad humana, eran de uso habitual, muchas veces como sabios contrapesos contra el brío impetuoso de los jóvenes monarcas hereditarios.
Hoy día, hemos invertido esa ecuación, evidentemente.
Víctor: No sólo las negritas son atractivas. También lo son las itálicas. Las subrayadas, en cambio, son demasiado problemáticas como para intentar apropiárnoslas. Gracias por sus deseos, que espero sean comunes a toda la gente querida que conforma este pequeño universo.
A todos, muchas gracias por estar, por pasar en días de asueto y escapadas a la costa, y por su permanente cordialidad y afecto. Un muy feliz año y mi más cordial saludo. ¿Hace falta decirlo? "Cordial" quiere decir "del corazón".
La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo.
No me lo adjudico, lo leí por ahí.
A disfrutar los beneficios (algunos hay... a buscarlos entonces) de la "vejestud" y reirse de los errores que cometen los jóvenes, que son casualmente los mismos que cometimos nosotros.
Carancho: El problema no son los errores que comete la juventud, sino que se tomen los criterios de la juventud para evaluar conveniencias y tomar decisiones como parámetros de infalibilidad o acierto. He ahí el punto. Una prueba llevada a cabo en un programa científico de Canal Encuentro mostraba cómo un joven de 20 años cometía el triple de errores al tener que evaluar y clasificar fotografías en velocidad que un adulto de casi 40. Contrariamente a lo que se piensa, un inmaduro desarrollo del lóbulo frontal del cerebro los hace más inidóneos para evaluar riesgos y beneficios concretos de las acciones. No sólo es una cuestión de experiencia, sino de desarrollo neurológico, que determina que uno prefiera tener a un piloto de 45 años al comando del jet en que viaja en lugar que uno de 22.
Un cordial saludo, y gracias por pasar y comentar.
Esta idealización de la juventud es de fecha relativamente reciente. De hecho, data de la posguerra (de la Segunda Guerra Mundial). La superabundancia que produjo la sociedad capitalista en las décadas del 50 y 60 en Europa y EE.UU. (de esa época es el escrito de Céline), producto de la reconstrucción de Europa y la drástica reducción poblacional ocasionada por la guerra, derivó en la aparición del joven como clase ociosa e inconformista. Ese joven ya no tuvo que insertarse de modo apremiante en la estructura productiva, precisamente por el mentado auge económico que benefició a sus padres. Paralelamente, el modelo de sociedad productivista que se impuso en Occidente fue vivido como una suerte de cerrojo para las expectativas vitales de muchos jóvenes. Estos fueron presentados, en ese entonces y por primera vez en la historia, como verdadero vehículo de la revolución social que derribaría al capitalismo. Las vanguardias juveniles occidentales no necesariamente tuvieron una orientación marxista (al menos, no lo era en muchos casos su preocupación existencial: cómo sobreponerse al tedio de la sociedad moderna capitalista), pero fueron (o intentaron serlo) en general cooptadas por la izquierda contestataria. Lo curioso es que esa juventud anticapitalista, simultánemanente, fue absorbida por el propio sistema capitalista y sus símbolos convertidos en productos de consumo masivo. Esta es la señal más clara de que se trató de una contestación superficial, hedonista e inconsistente al sistema que declaraban combatir, que lo único que inspira actualmente es, en el mejor de los casos, una piadosa nostalgia.
Si la izquierda revolucionaria sufre su primera gran decepción con la clase obrera -precipitadamente aburguesada- no menos profunda ha sido la frustración sobreviniente a la supuesta "revolución de los jóvenes". La única revolución fue perpetrada por los visionarios del mercado, que advirtieron el enorme potencial de consumo de la nueva clase "rebelde". Esto es reconocido en cualquier parte del mundo; sucede que ideológicamente Argentina retrasa 30 años. Por supuesto que, por aquéllo de que la historia se presenta como tragedia y se repite como farsa, acá nos tratan de convencer de que unos grandulones que sobrepasaron ampliamente la barrera de los 30 años y que reciben ingresos estatales o paraestatales por 30 lucas mensuales encarnan el ideal revolucionario de la juventud. Otra operación de marketing en el masturbatorio tablero ideológico occidental.
Amigo Destouches: 30 lucas, ha dicho usted? Entonces usted es el que retrasa... Fuera de broma, a su acertadísimo resumen, sólo puede matizárselo con el concepto consumista de la moda. La moda es novedad, pero su propia limitación conceptual (por tratarse de un concepto sistémico e intrínsecamente acotado, condenado a estrechos, predecibles y cosméticos márgenes de innovación) implica la repetición paródica periódica de esa novedad original. Así como volvieron las zapatillas de cuero blanco, o los joggins marrones de tres tiras, o los anteojos de sol gigantes, pero en un tono marcado deliberadamente por lo osadamente ridículo, así también reapareció en el horizonte esta lastimosa juventud avejentada.
Un cordial saludo.
Amigo Destouches: 30 lucas, ha dicho usted? Entonces usted es el que retrasa... Fuera de broma, a su acertadísimo resumen, sólo puede matizárselo con el concepto consumista de la moda. La moda es novedad, pero su propia limitación conceptual (por tratarse de un concepto sistémico e intrínsecamente acotado, condenado a estrechos, predecibles y cosméticos márgenes de innovación) implica la repetición paródica periódica de esa novedad original. Así como volvieron las zapatillas de cuero blanco, o los joggins marrones de tres tiras, o los anteojos de sol gigantes, pero en un tono marcado deliberadamente por lo osadamente ridículo, así también reapareció en el horizonte esta lastimosa juventud avejentada.
Un cordial saludo.
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