miércoles, 9 de febrero de 2011

Descarrilando

Cuando al caer la tardecita aquel niño vadea la puerta de la casa de adentro hacia fuera es que ya ha llegao a adulto. Llegar a muchacho era para uno la no tan aliviada época de ganarse el puchero en serio. Sin embargo hoy pienso que, casi casi, uno ya se ganaba la sopa, y tal vez un poco más, mucho antes de saber por qué. Hacer una changuita a los 7 u 8 años era cosa que no asustaba a nadie. Cortar yuyos, acompañar al turco vendedor de ropa por las estancias, juntar el ramerío de la poda y mil tareas más, eran la forma más sencilla de arrimarle fideos a la olla.

Testimonia José Larralde en la hermosa milonga Galpón de Ayer, que pinta las imágenes de la orilla de un tiempo pasado, “que de tan hace poco, no son historias todavía”.



Yo tuve un tío al que quise mucho, de origen calabrés, nacido en Pompeya y criado en Villa del Parque cuando casi no era Buenos Aires, pasando los andurriales del Maldonado, y bastante más también. Su padre, Don Pepe, iba y volvía todos los días a y de La Boca, en donde trabajaba como jornalero, caminando para ahorrarse el tranvía. Su madre lavaba para afuera. Él ya de muy chico empezó con las changuitas, casi sin darse cuenta. Como mandadero del carnicero de la cuadra, llevaba a su casa algún churrasco de vez en cuando. Y por las noches acompañaba a su hermano un poco mayor, que cantaba tangos por los bares mientras él pasaba la gorra.

Yo tuve un abuelo al que quise mucho, de origen calabrés, nacido en un pueblo pequeño que todavía hoy es un pueblo pequeño, a orillas del Paraná, y huérfano de madre desde los 8 años. El padre se mataba trabajando de sol a sol para criar a sus nueve hijos. No había demasiado tiempo ni para el amor, ni para la contención, ni para el apoyo escolar. Con uno de sus hermanos, a veces con dos, cargaban el trabuco naranjero con carozos y le tiraban a las copas de los árboles, luego de disponer una red atada entre dos o más troncos en el monte. Caían pajaritos que luego ellos vendían en la estación ferroviaria, para amenizar la polenta. Todos ellos no sólo resultaron gente de trabajo, sino que prosperaron con sus respectivos oficios y alcanzaron un módico pero aún hoy recordado reconocimiento, cada uno con lo suyo. Hace muy poquito falleció el último, el benjamín, y ya sus vidas parecen más cercanas a la leyenda que a la realidad. Sin embargo, todos fueron habitantes del mismo siglo en el que nací y viví la mayor parte de mi vida.



Hace un par de día, en La Plata, una banda de chicos de entre 7 y 9 años asaltó a una señora que atendía en un kiosco. No sólo la desvalijaron, sino que también la golpearon e insultaron. Al día siguiente (creo que fue anteayer) un chico de 8 años atacó a una joven que atendía en una pañalera de barrio, también en La Plata. La amenazó con un cuchillo, la golpeó sádicamente en la cara y la cabeza, y protestó porque ella no tenía en la caja billetes grandes. Sospechaba que le estaba mezquinando el botín, y eso lo cebaba para pegarle un poco más.

Hace un par de días también, unos marginales provenientes de la villa De La Cárcova (que no es un accidente geográfico, como suponen casi todos los burros periodistas, sino el apellido del pintor de Sin pan y sin trabajo) hicieron descarrilar un tren (hay quienes sostienen que el tren descarriló solo, por el mal estado de las vías, lo que no extrañaría considerando que el concesionario es TBA –ver el historial de TBA en materia de descarrilamientos por falta de mantenimiento y renovación de vías-; pero lo cierto es que es el cuarto descarrilamiento en un mes y medio, y sugestivamente, siempre en el mismo lugar), y saquearon uno de los contenedores que componían el convoy. El tren venía casi por completo cargado de golosinas. ¿Qué cosa gusta más a los pibes que las golosinas? Sin embargo, el único contenedor que saquearon traía autopartes.



El año pasado nomás, en la villa De La Cárcova se encontraron 250 carrocerías de autos robados.

La policía se tiroteó con algunos malvivientes que los recibieron a los tiros, para cubrir la operación de saqueo, y de resultas de ese enfrentamiento resultaron dos víctimas fatales. No se sabe aún si las víctimas estaban armadas y participaron del tiroteo, pero sí se sabe que estaban allí, en el desmadre colectivo. Sus familiares sostienen que estaban mirando, como quien mira un partido de fútbol. Por ahora debemos conformarnos con escuchar cada 10 minutos en la televisión que “quedaron atrapados en el fuego cruzado”.

Primeramente, la cantinela estúpidamente ideologizada insinuó que se trató de “la masacre de José León Suárez”, estableciendo un paralelismo de mal gusto con los fusilamientos de 1956 que describiera Rodolfo Walsh al año siguiente en Operación Masacre. Pero bueno, esta Argentina berreta de la Biblia y el calefón, y esas usinas de repetidores y comiqueros animosos del monopolio del discurso, nos tiene acostumbrados. Todavía recuerdo esos mosaicos de imágenes icónicas del “campo nacional y popular” en que convivían Ernesto Guevara con Eva Perón, Santucho con Juan Manuel de Rosas, Rosa Luxemburgo con el gaucho Martín Fierro...

Luego se comprobó, por un video que empezó a circular, que del lado de los asaltantes, hubo al menos tres que dispararon sus armas de fuego. También se aprecia claramente en ese video, que un pibe chiquito junta los casquillos que salen expulsados de la pistola de uno de los delincuentes al mismo tiempo que éste tira, para limpiar toda evidencia.

El 15 de diciembre del año pasado, escribí un artículo en el que hablaba claramente de la situación, de la mano de obra que los narcos emplean para crecer y desafiar al Estado. Ahora ya estamos escuchando, sin voces disonantes (lo que para este caso es todo un milagro), de los mismos habitantes de la villa, que se trata de una banda de narcos llamada “los transas”, que se dedican adicionalmente al robo de autos, su desarme y venta de autopartes, y que tienen a sus vecinos amenazados y coaccionados permanentemente.

En un mundo así, ya no hay lugar para changuitas. Ni para golosinas.


11 comentarios:

Mensajero dijo...

Aunque la comodidad que a algunos nos brinda la modernidad pareciera contradecirme, la supervivencia es más difícil en nuestro tiempo que antaño.

Almafuerte dijo...

Nada que agregar. Sintonía total.

Esperando la hecatombe cíclica de siempre (devaluación, corralito, rodrigazo, cacerola, helicóptero, etc.) no nos dimos cuenta que esta vez no nos mata la colisión, sino el hundimiento lento. No había que defenderse de la crisis, sino del veneno mayor: el acostumbramiento.

Ya está, ya estamos ahí.

Anónimo dijo...

Excelente, como siempre.

Saluti,
Muñeco

choripanboy dijo...

Superbe!!!
Lástima por esa juventud que jamás podrá recordar la emoción de haber ahorrado algo,como el boleto de un bondi...

Occam dijo...

Mensajero: Eso que usted aprecia es bien cierto. Uno de los efectos de esta suerte de Matrix moderna es la de generar una autocomplacencia, la ilusión progresista de que "estamos cada vez mejor", que somos cada vez más libres (de elegir entre Pepsi y Coca Cola, entre Gran Hermano y Soñando por Bailar), más inteligentes, menos crueles, etc. Es la ilusión del progreso como decurso lineal e irreversible, como una suerte de determinismo suprahumano y mecánico. En el pasado se tenían muchos hijos porque ése era el mejor seguro de desempleo y la mejor futura contención en la vejez. Ahora para tener un hijo hay que planificar con cuidado, ya que implica una responsabilidad económica al menos hasta los 30 años, si no más, ya que hasta los inmuebles sólo se adquieren por herencia...
La incertidumbre y la zozobra vital se aprecia en cada cimbronazo macroeconómico, merced al cual se caen del barco cientos de miles y no se vuelven a subir nunca más.
Lo peor, es que se ha perdido incluso el instinto de supervivencia. Mis abuelos tenían la alimentación con una equilibrada variedad y una interesante cuota calórica en el patio de su casa: hortalizas, frutas, huevos, gallinas y patos. Ahora, en un país con tanta tierra, nadie sabe qué hacer siquiera 24 hs. sin dinero.

Un abrazo.

Occam dijo...

Almafuerte: Ésa es la percepción que tengo. Usted lo ha dicho todo.

Mi más cordial saludo.

Occam dijo...

Gracias, Muñeco.

Chori: Muy cierto. Y la de haberse ganado algo con esfuerzo, no porque se lo regalaran o se lo cedieran por conmiseración o por miedo. ¿Quién no se acuerda de los primeros mangos que se ganó por limpiar un baldío? ¿O de la lapicera que se compró con el primer sueldo?

Un cordial saludo a ambos.

Juan de los Palotes Medrano dijo...

Amigo,

Hace unos días pasé uno de tus posts a la gente de "Autopistas Inteligentes", y lo publicaron en su página de Facebook. Te paso el link respectivo: http://tinyurl.com/67yowr3

Saludos!

Lic.

Occam dijo...

Amigo de los Palotes: Muchas gracias por la difusión, y por tener presente a este sitio, algo olvidado últimamente.

Un abrazo.

aquiles m. dijo...

Estimado:
No muchos días de este asalto al tren, se robaron otro cargado de azúcar, que no salió en ningún medio de noticias.
Le apuntaron al mauinista, se bajó del tren y se fue...
Este es un lugar de robos habituales a trenes.
Salió en las noticias por el sistema de protección "social" de los narcos, que se activó.
Entró la cana a los tiros, había que victimizarse...
Abrazos

Occam dijo...

Aquiles M.: Mi estimado amigo, gracias por la información proporcionada.
Intuyo que del azúcar lo que más importaba era el packaging...

Un cordial saludo.