lunes, 19 de diciembre de 2011

Mitos

En honor, sobre todo y por siempre, al mito más hermoso, el mito de la libertad.

El mito es una intuición prerracional, un reconocimiento de la incapacidad movilizadora de la razón como fuente de los impulsos humanos, un postulado apriorístico que, con el avance de la neurociencia, ha demostrado su verdad: la razón aparece siempre detrás de la acción, justificándola, llenándola de sentido –racional-, creando en el sujeto la ilusión del autocontrol, de la autodeterminación. No hay nada más perturbador ni más sombrío que la certeza de nuestras limitaciones en punto a nuestro tiempo, nuestro espacio, nuestra circunstancia y nuestro destino. A ese hallazgo llegó Sorel a partir de Marx y de Bergson. Apoyándose en el segundo, y revisando al primero, con esa obsesión meticulosa nacida de su firme pertenencia marxista original, enfrentada a una condición constitutiva de su más íntimo ser: la necesidad de ser sincero y verosímil, de ajustar el viejo esquema de mediados del siglo XIX a la realidad dinámica y arrasadora de la Europa de la primera mitad del siglo XX.



De ese viejo esquema, como de las capas de la cebolla, fue desembarazándose el pensador de Cherburgo principiando por los postulados económicos. La llamada “teoría económica marxista”, hija ingenua, esquemática y tal vez demasiado ortodoxa de las vetustas concepciones manchesterianas, de la utopía del mercado puro a la cual la utopía comunista refleja casi con la fidelidad de un bruñido espejo. Liberada la cebolla de esa primera capa, poco tiempo podía esperar la segunda para seguirla en el sumidero de esa cocina en frenético trabajo de reelaboración teórica. Me refiero al economicismo marxista. Al materialismo dialéctico, tan calculador y elemental, que poco tenía que ver con la pasión revolucionaria que desde la actividad sindical encendía las calles y las mentes en esas primera y segunda décadas del vigésimo siglo. Mientras los ojos empezaban a enrojecerse en el despanzurramiento de la cebolla, de ese marxismo revisado, tras todas las capas desechadas, no quedaba ya más que un diminuto núcleo de potencialidad explosiva: el mito de la lucha de clases. Y como mito, debía encender los corazones, con la fuerza que Hölderlin atribuía a los dioses de antaño.

Al no haber ya más lastre racional (y por tanto, esencialmente falaz e hipócrita), la intuición es predisposición a la acción, y la acción es reveladora de verdad. A más de algo peronista, diría Evola que hay algo profundamente medieval en todo eso. Esa visión mítica y metafísica del trabajador como la nueva figura epocal en los términos del primer Jünger, se acerca ciertamente más al caballero andante que a cualquier otro arquetipo. Y completando la idea, la visión mítica y metafísica que del sindicato tiene el sindicalismo revolucionario de Sorel y Lagardelle se emparienta antes con las órdenes ascético-caballerescas medievales que con cualquier organización más reciente, sea ella alguna corporación comercial, alguna hansa, o una cámara empresaria, una bolsa de comercio, o incluso un trust transparente o secreto.



Hace ya mucho que en el ámbito universitario público no hay mucho para elegir, en términos de pluralidad de orientaciones ideológicas. Se debe confiar en la capacidad crítica y en la inteligencia de los estudiantes, en aquel aguijón de rebeldía que suele acicatear a quienes se hartan de la unanimidad activa y vigilante. Será por ello que son pocos, y en tanto pocos, buenos, los que van generando un criterio propio, al margen de la ideología hegemónica que domina desde el CBC, sobre todo, a las Humanidades.



En el reducto de Marcelo T. de Alvear 2.230, siempre enchastrado, empapelado, grafiteado, pintados sus ventiluces con aerosol… Plástica popular para el Cortázar paseandero del París de los ‘60, y bastante alejada de la plástica popular de un Berni, un Guttero, un Spilimbergo (para la suerte de nosotros, los criollos de acá lejos), por ejemplo; y cuya poética popular, siguiendo con el piadoso eufemismo, se repite en unos escuetos versos tan rancios en su modernismo cuanto predecibles en su vehemencia, en los objetivos de sus invectivas, en las proclamas evangélicas evangelizadoras… No hay nada más gracioso y patético a la vez, que lo moderno que envejece, una pendeviejada de carmela y peluquín. En el reducto de Marcelo T. al dosmildoscientos, decía, puede que haya libertad de cátedra, pero no libertad de cátedras, como el chiste de las tres peras.


Alfredo Guttero, Feria, 1929.

Comenzando la carrera de Sociología, por ejemplo, uno se encontraba con una sola opción para la materia Filosofía: Cátedra Rubén Dri, un ex sacerdote del Tercer Mundo que, compromiso va, compromiso viene, decidió finalmente dejar los hábitos, en lugar de arremangárselos un poquito, y en los tiempos de ocio entre libro y libro, “hacer hablar a la boca del fusil” (preferiblemente, del fusil de los otros), fuente de toda verdad y justicia para la monada universitaria inquieta de los ’70. Cuando yo lo conocí, seguía pareciendo un sacerdote, con sus lentes culo de botella que le disminuían los ojitos al tamaño de una lenteja, mientras vestía un eterno pulóver azul marino, una camisa gris o a cuadros que de su cuello redondo asomaba, un pantalón gris de vestir y franciscanas de cuero marrón con medias azules de strech.

En Sociología General, la otra materia obligatoria e ineludible al ingresar, ya que de ella dependen todas las correlatividades, había dos cátedras, pero no competían en el mismo segmento horario. En resumidas cuentas, si uno laburaba, tenía que elegir la de Lucas Rubinich. Me acuerdo que allí, en carácter de Jefe de Trabajos Prácticos, daba clases, en todo lo referido al marxismo, el Lic. Christian Castillo, últimamente candidato a Vicepresidente de la Nación por el Partido Obrero. En ese momento, muchos años más joven que ahora, se parecía al Muñeco Gallardo. Ahora, por lo que he visto en afiches y en la tele, tiene más pinta de Jairo. En verdad, el Partido Obrero resulta una usina de la docencia plural argentina, y en particular, en la Facultad de Sociales. No olvidemos que Pablo Rieznik, un importante referente de ese espacio, monopoliza en el mismo ámbito la cátedra de Economía. Lo cierto es que el joven Christian se autoadjudicaba el carácter de “marxista marxiólogo, experto en Economía Marxista”. Por ese entonces, teniendo yo ya 7 años de educación universitaria pública sobre el lomo, y 2 años de docencia en el mismo ámbito (y dando clases sobre temas en los que la doctrina marxista estaba siempre presente, tanto en bibliografía como en debates y ponencias), era la primera vez que escuchaba algo así como “Economía Marxista”. Algo así como un oxímoron. Sin desmerecer, naturalmente, entendía que la economía era sencillamente economía, es decir, una disciplina humana con pretensiones cientificistas, con unos 2 siglos de existencia, y que en la óptica sociológica marxista las diversas formas de organización social eran estudiadas bajo su lupa, más allá de su morfología. De hecho, siempre me pareció que el marxismo (al menos, el político) postulaba, dentro de su utopía emancipadora del individuo, la supresión de la economía a través de la gestión totalizada, centralizada y planificada, supresión que en su lógica conduciría al fin de la conflictividad social. Una sociedad sin clases es una sociedad sin necesitados y por tanto, sin necesidades a las que atender económicamente.


Jacques Gouverneur nos enseña, con sólo postular el título de su libro, que el marxismo es, como teoría económica, un análisis económico de la economía capitalista. El Seminario Latinoamericano de Economía Marxista realizado en la Universidad Bolivariana de Venezuela (picar en la imagen para ampliar) aborda un tema, el tema central, el gran y único tema para el análisis económico marxista: "Crisis capitalista: causas y consecuencias".

Recuerdo un pibe en la cátedra de Filosofía de Rubén Dri, que tenía que hablar (bien) de la razón cartesiana, como soporte de las ulteriores razones kantiana y hegeliana… hasta llegar, claro está, a la suprema razón marxista, que es aquella que Sorel tiró al sumidero cuando decidió salvar algo de aquel vetusto legado museológico (pobre Sorel, el único revolucionario leal a un esqueleto que los políticos abandonaban, el único revolucionario que quedaba en un mundo occidental que se iba haciendo cínico y reformista, preludio de tantos Zapateros sin zapatos). El pibe, un honesto auxiliar docente, arrancó con esa consideración tan cronocéntrica de la modernidad, que abarca con un galicismo (el ancien régime) 5.000 años de historia del hombre, una somera introducción que, para la Sociología que nos provee la educación pública, no debe insumir más de 20 minutos. Entonces habló de los mitos, en el sentido más convencional del término. O sea, como leyendas e imágenes conceptuales de las antiguas religiones. Pero como estábamos en Filosofía, y la filosofía es dialéctica al menos desde Sócrates, yo me permití respetuosamente intervenir, para señalarle que aun la modernidad y el racionalismo (y sobre todo, la modernidad y el racionalismo) están soportados sobre la figura del mito. Y ejemplifiqué con los dos primeros fenómenos que se me vinieron a la mente: la ciencia como esperanza soteriológica de la humanidad, como patrón de verdad y por tanto como Deus ex machina neutral e infalible; y la lucha de clases… Para qué. Una joven desde la otra punta del aula me increpó con una voz tan estridente cuanto indignada: “¿Cómo decís que la lucha de clases es un mito?”. Enseguida, un coro de rumores aprobatorios de su valiente intervención. Y mi respuesta, tal vez demasiado piadosa, que intentaba explicar lo evidente. O sea, que la lucha de clases es un mito porque constituye un sistema ideal y apriorístico de acción política, nunca una situación empíricamente demostrable en cualquier ámbito, lugar o tiempo. La cancha de fútbol, las tribus musicales, o la eficacia convocante de los nacionalismos (incluso del estalinismo, que debió apelar a la figura nacional y patriótica de la Madre Rusia en los momentos más aciagos para movilizar a su pueblo… ni qué hablar de nuestro socialismo nacional) vienen a patentizar esa verdad. Pero ya no había lugar para el diálogo. La pregunta que formuló la joven era retórica. No pedía explicaciones, sino que daba pie a una rebelión patotera. Enseguida el diálogo se trasladó a una presunta interna dentro de ese grupo, entre “radicales y moderados”: “-Bueno, tranquilizate, es un gorila forro boludo, que quiere provocar”. “-¡Qué me voy a tranquilizar! ¿No ves que es un hijo de puta? ¿Qué hace acá?”.

Pluralismo, universidad pública, libertad de cátedra… En medio del alboroto, el docente auxiliar, entre las exclamaciones de odio y anatema, se encontraba en mis ojos y reconocía la naturalidad inocente del concepto apuntado, lejos, en un mundo medianamente racional, de cualquier intención polemógena. Las aspiraciones explícitas de la cátedra eran liberales en cuanto a favorecer, incluso propiciar, el intercambio irrestricto de las ideas (supongo), pero la imposición dogmática de “las bases” impedía a los profesores, presas del “consenso”, la “legitimación horizontal” y la “reversión autoritaria”, garantizar esa “libertad de cátedra”… Recuerdos de gobiernos débiles o cómplices (a efectos de sus resultados, tal o cual son lo mismo) frente a los terrorismos, sobre todo cuando los atentados casualmente sirvieron para desembarazarse de algunos oponentes incómodos. En el terreno de las ambigüedades, de las medias tintas, de la clandestinidad y las falsas banderas, o sea en el río revuelto, lo más sensato es mirar el panorama de las lanchas que regresan a puerto, y advertir cuáles vienen atiborradas de pescados. Cuáles son los pescadores que ganaron con el tole tole.


Disfrazados de obreros. "La ridiculez también es revolucionaria".

En fin, yo por esa época trabajaba en dos lugares distintos a la vez, y daba clases en otra facultad de la misma universidad (que al estar más vinculada al mercado del trabajo, tal vez fuera considerada por estos niños de clase media mantenidos, como más reaccionaria y oligárquica), además de prestar en ese marco ciertos servicios profesionales gratuitos para las personas sin recursos. En todos esos ámbitos, por una cuestión de respeto y responsabilidad, tenía que vestirme como un profesional universitario. Tenía que comportarme como tal, tenía que saludar con corrección, ceder el asiento, abrir la puerta del ascensor a las damas, mantener la mesura y el respeto al otro, por más que la situación no implicara reciprocidad. No está en el juramento que se hace al recibir el diploma. No está demasiado claro en los plexos normativos de ética profesional. Pero las obligaciones más interesantes y venerables son aquéllas que uno se impone a sí mismo porque cree que son correctas. Como ha dicho Alain de Benoist alguna vez, sólo es libre aquél que aprende a ser señor de sí mismo.

En esas condiciones, era muy difícil concurrir de noche, cansado luego de arduo trajín, a un ámbito en el que la borregada cursaba con pantalón de jogging cortado a media canilla, zapatillas de lona, polerones apolillados o canguros con la chala verde en el pecho, que fumaba en clase, con las patas sobre el respaldo del asiento de adelante, y que lo detectaba a uno como la jauría al cordero, lo miraba con los ojos inyectados de furia, y estaba al salto de cualquier gesto, el que desde ya, antes de ser, era censurado a partir del prejuicio. Una borregada sostenida por los papis (en ningún laburo hubieran admitido la facha con que iban a la facu), que se llenaba la boca con las viejas consignas del trabajador explotado, la alienación de aquél que vende su fuerza laboral, etc., en un mundo que encima estaba yendo en el rumbo de la maquinización y tecnificación intensivas… un mundo concebido a partir de la condena bíblica del “ganarás tu pan con el sudor de la frente”, y por tanto un mundo que para liberar al hombre de su carga, progresivamente expulsa la fuerza laboral sencillamente porque ya no la necesita, porque el descanso, el entretenimiento y el consumo, son salud.



En fin, así como el mundo expulsa al hombre del trabajo en procura de la automatización, así terminé yo saliendo de Sociales, para favorecer el bálsamo pacifista de la unanimidad ideológica y militante. Terminando primero, y con la máxima calificación, las materias que había empezado (y llevándome una nutrida bibliografía para seguir con aquello desde la autodidáctica y el disfrute solitario). Sin una violencia explícita y acuciante, claro está. Es más, sin que esa violencia generara en uno algo más allá de la diversión. Pero es incómodo, convengamos, ir a un lugar en donde todos te miran feo, todos putean antes de escuchar tus argumentos, los asientos están sucios y rotos, las paredes y los pasillos también, hay olores y vahos, y colas eternas para fotocopias, y tantas cosas que ya uno no soporta. Probablemente en realidad, uno ya se estuviera volviendo burgués. Consecuencias no deseadas (¿o sí?) del ingreso pleno al mundo del trabajo. Y entonces ya no tuviera paciencia para bancarse (otra vez) las folklóricas vejaciones de la “universidad para todos”. Sobre todo para morderse la lengua, tomar apuntes y dejar pasar una, dos, tres, cien, mil, todas, haciendo íntima objeción de conciencia, estableciendo la frontera del cuerpo y del silencio como el único y último baluarte de libertad.





Muchos Mitos, Las Pelotas con el inolvidable Alejandro Sokol.




23 comentarios:

Almafuerte dijo...

Siempre me llamó la atención el deterioro de los edificios públicos, no el producido por falta de mantenimiento sino por los propios usuarios, que en el caso de las escuelas y universidades ya no es deterioro sino agresión sistemática.

Es una paradoja que cuanto más se proclama devoción por la educación pública, más se agreden los bienes del estado. En el caso de las facultades de humanidades se llega a extremos que asombran.

Yo no se cuál es la idea de vandalizar y auto arruinarse el propio entorno, los lugares donde uno pasa parte de su vida. Es algo análogo a la autoagresión física, pero dirigida hacia los bienes públicos y disfrazada de libre expresión de las ideas o alguna otra coartada por el estilo.

Flor de Ceibo dijo...

Occam: ¡Impagable retorno! ¡Eso de evocar y homenajear al tiempo al viejo Georges está más que bien!
Una sola disidencia: el bueno de Christian, para parecerse el camarada Jairo, necesita adelgazar diez kilitos, que le crezcan los dientes al menos cuatro números y subirse la melenita con una aspiradora. Más bien me remeda a un venerable vétero revolucionario a quien el crecimiento del cuello lo obliga ahora a no usar corbata, más allá de las modas de "avanzada".

Flor de Ceibo dijo...

Occam: ¡Impagable retorno! ¡Eso de evocar y homenajear al tiempo al viejo Georges está más que bien!
Una sola disidencia: el bueno de Christian, para parecerse el camarada Jairo, necesita adelgazar diez kilitos, que le crezcan los dientes al menos cuatro números y subirse la melenita con una aspiradora. Más bien me remeda a un venerable vétero revolucionario a quien el crecimiento del cuello lo obliga ahora a no usar corbata, más allá de las modas de "avanzada".

Almafuerte dijo...

Le pasé el post a un chico muy joven de tw que suele contar y padecer anécdotas similares a las tuyas en Puan.

Me dice que dejó Antropología porque seguir "sería un suicidio", se cambió de carrera y piensa retomar más adelante en otra casa de estudios.

Anónimo dijo...

El deterioro de los edificios públicos no es exclusivo de las escuelas y universidades. Los baños de los ministerios, de los museos, de las plazas son sistemáticamente vandalizados y destruidos. Y estoy hablando de lugares en las zonas más pudientes y elegantes de la ciudad.
Me temo que el problema es mucho más grave y atraviesa todas las clases sociales y los niveles de educación.

Chofer fantasma dijo...

Un pariente me contaba anécdotas parecidas de Arquitectura en los setentas. Terminó mandando al carajo al grupete de borregos malvestidos y peor enseñados que lo rodeaba, y a la carrera que quería hacer para aprender eso que le interesaba de paso.

Me da la impresion que esos modos de la universidad son una característica buscada (not a flaw, a feature).

Sólo sobreviven los más aptos (para ese medio) y los de mayor persistencia. Esos para los que un título vale mucho más que cualquier monserga esa del conocimento. Que para aprender están los libros y las charlas de café.

La universidad es el prado verde de los docentes.

Occam dijo...

Almafuerte: Es bastante paradójico (aunque tan mecánico y sistemático, que en verdad resulta, evidentemente, sintomático de un estilo definido en las famosas "contradicciones") que los defensores de la educación pública se dediquen a ensuciar y degradar, desde lo físico, lo arquitectónico, lo académico y lo programático; como que los defensores del Estado planificador, gestionador y monopólico se dediquen a desprestigiarlo a través de múltiples corruptelas, ineficiencias, expoliaciones, usos del patrimonio público en beneficio personal, etc. Es bastante paradójico (aunque reitero, sistemático y sintomático) que los defensores de la redistribución del ingreso apliquen impuestos indirectos que repercuten en mayor proporción sobre la gente de menores recursos y sobre los bienes más imprescindibles para vivir, y que en definitivas, acentúen con sus acciones "redistribuidoras" la polarización social y la concentración oligárquica. Es bastante paradójico (aunque no tanto) que los enemigos e impugnadores del Derecho liberal empleen sus herramientas para perseguir a sus víctimas, que distorsionen todo el sistema probatorio (admitiendo a interesados como testigos, y a dichos de terceros que no están, e incluso a rumores, a los famosos "todos por entonces lo sabíamos", como pruebas valederas e incontrovertibles en procesos penales donde rigen las garantías constitucionales más drásticas), designen a los jueces, los condicionen con Consejos de la Magistratura digitados y de comportamiento vergonzoso, juzguen a los jueces tildados de enemigos por el contenido jurídico de sus sentencias, tengan como jefe de los fiscales a una persona cuyo (¿ex?) estudio jurídico se dedica a la defensa de funcionarios imputados por delitos de corrupción, etc., etc. O que los que criticaron la censura en pretéritas dictaduras establezcan a la prensa que no es abiertamente adicta y militante como challengers a los que destruir.
En fin, una tendencia política que vino a combatir y destruir el sistema imperante, valiéndose de sus herramientas y de sus propios valores expresos.
El camarada Lenin reaparece una y otra vez como una letanía.

Un cordial saludo, y siempre gracias por pasar y por comentar siempre.

Occam dijo...

Flor de Ceibo: Es cierto lo de Jairo. Está mencionado más que nada, porque el aspecto edematoso que da la hinchazón por retención de líquidos, confiere al rostro de CC el aspecto de un joven-viejo, uno de esos tipos que, aun con el evidente deterioro de los años, conservan ese aspecto de la primera pubertad, que tan particular resulta a la vista. En cuanto al vétero-revolucionario, no consigo dar con él, quizás porque hay varios que se adecuan al detalle... Quizás nos esté pasando un poco a todos lo mismo. Lo que pasa es que unos lo reconocemos, y reconocemos sus concretas causas, y otros dicen que lo de ellos es "hormonal". Jajaja.

Saludos cordiales.

Occam dijo...

Almafuerte: La Antropología es una gran disciplina, una de mis preferidas, matizada con los aportes que respecto de la conducta humana formulara más tarde la Etología. Ahora bien, la Antropología que se enseña hoy día en la UBA está centrada en la llamada "A. Social", que es una forma de abordaje tenuemente diferente al de la Sociología marxista, respecto del fenómeno de las sociedades occidentales. Todo siempre termina en el mismo afán obsesivo de proselitismo y lavado de cerebros.
La respuesta a esa obsesión evangelizadora y esa prepotencia, está en la atalaya de los libros, el único ámbito donde todavía nos está permitida la libertad (aunque para ello haya que buscar y rebuscar, ciertamente: el control editorial, y actualmente, también el aduanero, no ayuda mucho tampoco al respecto).

Occam dijo...

Anónimo: Ya nos referiremos al vandalismo y al chiquerismo social en algún otro momento. En este caso, hablamos simplemente de la destrucción sistemática y deliberada de la educación pública que hacen los supuestos "defensores" de la misma (no sólo en cuanto a los enchastres, pegatinas y pintadas; más concretamente, en lo referido a calidad educativa, pluralidad, honestidad, rigor y método, por ejemplo), como de la supresión tiránica de la libertad de cátedra (y de tantas libertades, como la de opinión también) que hacen quienes se llenan la boca de hipócritas consignas libertarias.

Un cordial saludo.

Occam dijo...

Chofer: Es tal cual. Tanto daño hicieron con la joda de los '70, con las asambleas para decidir si condenar a EE.UU. por la invasión a Vietnam y el bloqueo a Cuba, con las "clases abiertas" y las facultades tomadas, que los avisos clasificados que pedían profesionales expresamente excluían a los recibidos de ciertas Universidades Nacionales entre 1973 y 1976.
El otro día veía en uno de los canales oficiales a un profesor (y autoridad universitaria) de Ingeniería entre 1957 y 1966 (los profesores de la universidad ideológicamente hegemonizada por la izquierda obtuvieron su lugar de la Revolución Libertadora, especialmente, de la proscripción y persecución de profesores que se hizo a partir de 1955... siempre The Man Who Was Thursday del inmortal Gibert Keith) que sostenía que los ingenieros no podían limitarse a aprender a construir un puente o diseñar un avión, sino que tenían que comprometerse con cambiar el mundo.
Yo, empero, esperaría de los ingenieros que se reciben, que con mis impuestos fabriquen el mejor y más seguro puente, y que pongan a la Argentina en los primeros puestos de la aviación, como los que supo tener antes de 1955, en que se destruyó la industria aérea nacional y los enormes progresos en propulsión a reacción (7ma potencia en el mundo en llegar a dominar esa tecnología). Así, siendo grandes estudiantes y mejores profesionales, excelentes cada uno en lo suyo, no sé si se cambia el mundo, pero sí seguro que se mejora sustancialmente la calidad de vida y las perspectivas del país en que se vive. Véanse Japón, o China, o Corea, o Alemania, o Suecia, para poner algunos ejemplos de países que antes del '55 estaban muy por debajo de la Argentina.

Un cordial saludo.

Gilberto dijo...

que lindo cantaba Sokol...

Una de las barbaridades que se está haciendo cada vez más insoportable en las facultades de Rosario es la costumbre de decorar con la mayor cantidad de alimentos en descomposición a los recién recibidos. Sería un ritual inofensivo, y tal vez divertido, de no ser que se practica en las veredas de las facultades y zonas aledañas, y los compañeros del homenajeado dejan la mugre en las veredas despreocupadamente. Ese barro de harina, aceite rancio de los bares aledaños, huevos podridos, yerba y demás aditivos hediondos va incrementando su nivel de descomposición, el cual solo se ve interrumpido por alguna eventual lluvia o por la dinámica poblacional natural de esa microbiota. Huelga decir que los no docentes de estas casas de altos estudios tampoco se hacen cargo de esa limpieza.

Occam dijo...

Gilberto: Está claro: lo que está de las puertas del recinto para afuera, ya no es problema del personal de maestranza de la casa... Hay facultades que encima tienen importantes escalinatas, de muy difícil tránsito cuando sobre las mismas se han derramado huevo y ketchup.

Cuando yo me recibí, un amigo me acompañó a buscar la nota, y en la oportunidad me hizo entrega, de regalo, de "Los Siete Locos" y "Los Lanzallamas" de Roberto Arlt, uno de los cuales tenía en la primera página blanca una ilustración hecha por él, en acuarela y tinta china, de "El grito" de Edvard Munch.
Al llegar a mi casa, me encontré con otros amigos, unos 6 ó 7 en total, ya que no soy demasiado amiguero, y mi hermano había comprado unos cuantos espumantes.
De todo ello me acuerdo al día de hoy con emoción, porque había genuino cariño y amistad en ese homenaje.

Un cordial saludo.

Natalia Alabel dijo...

En la FADU también pintarrajeamos el edificio, pero le ponemos mucha onda. Para algo servía estudiar el círculo cromático, al final

Occam dijo...

Natalia: Al final, todo demuestra que para algo sirve estudiar, incluso (y sobre todo) aquello que no nos resulta grato a nuestros prejuicios, gustos o inclinaciones. Lo otro, lo aprenderemos solos más temprano o más tarde, por efecto de la propia curiosidad y vocación. Esta verdad tan evidente está lamentablemente en crisis y retroceso, por imperio de la unanimidad ideológica y del más robotizado utilitarismo.

Un cordial saludo.

Leandro dijo...

Occam, qué lindo que haya vuelto. Un placer para los ojos los dos últimos posts.

Algún día me va a prometer que charlaremos mas largo y tendido sobre todos los planes de estudio de Puán, o en Sociales, para el caso. La ciencia social de la UBA parece tener una orientación patológica hacia la culpa.

Tenemos la culpa (y no el orgullo) de una raiz latina, un pasado colonial, un aporte inmigratorio, una religión predominantemente cristiana, una cultura occidental.

Todas las preguntas que intentan responder algunas cátedras se limitan a cómo pedir perdon y reparar nuestros pecados en ese sentido.

Asumo que disculpará Usted que tan tardíamente lo salude por Lenæa, y deseo tenga felices fiestas en adelante.

Un abrazo.

María dijo...

Recién leo este post. Agrego un par de cosas:

1- Año 2003: me tocó cursar Filosofía (materia obligatoria, carrera Ciencia Política) y solo había 2 cátedras: la del viejo Dri y Naishtat. Cursé la última. Hoy no sé si habrá más ofertas, pero calculo que mucho no habrán avanzado en el asunto.

2- Sociología Política (materia obligatoria). Tenías 2 cátedras, y una de ellas era la de Mabel Thwaites Rey, Marxista. Quienes podíamos cursar tarde-noche, no nos quedaba otra que hacerla con ella.

3- Anécdota 1: Año 2003, Materia Relaciones Internacionales, Cátedra Russell. El profesor estaba explicando la Teoría Realista de las RR.II y a un pibe se le da por interrumpir porque consideraba que había que debatir sobre los piquetes (sí, los piquetes del 2001). El profesor, Fabián Calle, le dice que él estaba ahí parado para explicar el ABC de las RRII y, por tanto, no daría lugar para tal debate. Pidió, además, que no lo interrumpieran con asuntos ajenos a la materia. Respuesta excelente de un profesor realmente excelente. Al día siguiente, aparecieron pintadas las paredes del aula y parte del pasillo de la facultad (esto en Parque Centenario, la otra sede de Sociales) con leyendas al estilo: “ Fabián Calle, nazi”, “Calle, facho”. Al cuatrimestre siguiente, el profesor renunció y el titular de cátedra ídem.

4- Anécdota 2: Chico de pelo largo, de zapatillas de lona, pantalón agujereado. Así, tal cual lo definís vos. Se la pasaba hablando de la alienación y del plusvalor en cual cursada lo cruzaba. Un lindo verano lo vi nada más ni nada menos que en Pinamar.

La hegemonía ideológica que prima desde el CBC es innegable, y sobre todo en las carreras humanísticas. No puedo decir que no haya aprendido, pero lo cierto es que renegué mucho por la poca oferta de cátedras y horarios. No queda otra que hacerte de la bibliografía que te interesa y leer en casa. También me miraban como sapo de otro pozo porque no iba en ojotas o morrales tejidos a mano. Pero siempre tuve bien claro que el 80% era una manga de hipócritas cuyo único objetivo en su vida era ir a calentar silla aparentando ser algo que definitivamente no eran.

Buen post, Occam. Me hizo memorar viejos tiempos.
Saludos, y buen año.

Occam dijo...

Leandro: Su saludo es tan tardío que puede ser temprano... Mi respuesta también, y le pido disculpas por ello. Con algunos contratiempos por las fechas y otras circunstancias que no vienen al caso, intento mantener algún aceptable nivel de calidad en los posts, aunque no siempre el tiempo y las ganas acompañen. También intento no repetirme ni en el contenido ni en la temática. Éste no es un espacio de adoctrinamiento o de persuasión. Para ello, están los iluminados de la intelligentsia vernácula, siempre interesados en bajar línea, en generar uniformidades complacientes, alumnitos ejemplares, aplicados loritos repetidores de dogmas y eslóganes.
Lo que usted señala de la culpa es rigurosamente característico del pensamiento progresista desde mediados de siglo XX a esta parte. Yo sostengo que procede de un sistema de colonización cultural (del cual el progresismo es herramienta esencial). La relación colonial, que siempre es voluntaria, demanda una previa situación de íntima convicción en la propia inferioridad del colonizado, que siempre nace de la vergüenza por su propio ser y por su propio pasado.

Un cordial saludo.

Occam dijo...

María: Muchas gracias por su comentario, y por sus ilustrativos matices y contrastes. Podríamos decir que el piquete se lo terminaron haciendo a Calle... Lástima que tanto él como el titular terminaran renunciando. Es lo que persiguen estos pequeños tiranuelos. Conozco los padecimientos de tantos profesores que resisten desde la docencia y la decencia, pero reconozco que la presión puede tornarse insoportable, sobre todo por la complicidad de ciertos gobiernos universitarios (y también políticos) que hacen del poder una máquina extorsiva, por acción o por cómplice omisión (obviamente, nada que ver con el terrorismo de Estado).

Un cordial saludo, y muy feliz año para usted y los suyos.

perogruyo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
perogruyo dijo...

Estimado Occam ¿Qué pasa si contradigo a la neurociencia y sostengo que, por el contrario, todas nuestras acciones no reflejas son racionales en términos de fines? ¿Qué pasa si la neurociencia, reduciendo injustamente la facultad cognitiva a racionalizaciones y no a razonamientos, está confundiendo actos reflejos, conductas automatizadas inconcientes y conductas concientes tratándolas como un paquete que va a ser finalmente falseado por la "realidad" y el conocimiento de élla?

¿Le puedo pedir que considere la siguiente proposición y luego la debatimos? Si le parece.

"Los seres humanos actuamos sólo ante la EXPECTATIVA de pasar de una SITUACiÓN INSATISFACTORIA a otra SATISFACTORIA. Si no se dan esos 3 requisitos CONCURRENTES, no actuamos. Si estamos satisfechos, no hay POR QUÉ ni PARA QUÉ cambiar y, aún estando insatisfechos, si no tenemos la EXPECTATIVA de que, con los MEDIOS elegidos vayamos a obtener el resultado esperado, esto es, llegar a la SITUACIÓN SATISFACTORIA, tampoco actuamos."

La razón es instrumental y está al servicio del deseo si, eso no significa que no sea la herramienta con que contamos los seres humanos para darle sentido operativo a nuestra vida, transformando los impulsos en valores y las acciones en resultados a través del conocimiento de la realidad y, como parte de ella, de nosotros mismos.

perogruyo dijo...

Fe de erratas: donde dice injustamente leer erróneamente

Jorge L. dijo...

estimado Occam, me pareció excelente tu post .. y te lo dice alguien que sigue dando clases en Sociales, soportando ese clima progresista y que en los últimos tres años ha adquirido las tonalidades del "kirchnerismo cultural". Me encantaría relatarte a vos y a María, que anduvo por Ciencia Política, cómo se gestiona la "cocina" de los conocimientos en tantas cátedras. Pero lo dejo para otra oportunidad. Un saludo