jueves, 18 de noviembre de 2010

CO

(CO-gobierno, CO-bardes, CO-optados)


Antes de que pase un mes desde el último post, me permito, solamente para entretener un rato, esta somera crónica de nuestro sainete de cada miércoles. Me refiero, claro, a la acción responsable y proba de nuestros "representantes".


Ayer día, en otra bochornosa jornada de nuestro republicanismo “à la carte”, encontramos opiniones desfachatadas, desmesuradas, proferidas con esa tonalidad tan caricatural que parece ser el sello distintivo de esa especie de raza endogámica de pusilánimes que son los legisladores.

El hermano menos aventajados de la familia diputísima de los Rossi profirió una sarta de disparates en la defensa de prácticas groseras y burdas de borocotización (o colombización o alarconización, etc… un sustantivo con muchos sinónimos), que sustancialmente se centraban en:

a) Se asustan de esto, porque las diputadas son nuevitas en el Parlamento, pero esto pasó otras veces.

b) Cómo se puede dudar de la moralidad de las conductas de un bloque donde algunos de sus miembros suman años de cárcel.

c) Por defender nuestra “ideología” haremos todo lo que haya que hacer: seremos agresivos.



En fin, no nos vamos a detener en este muchacho, que sin cárcel, sin ideología conocida (a no ser, claro, que el oportunismo lo sea y no me haya yo enterado), sin agresividad más que en la lengua protegida por los fueros, y sin preparación, sale a la palestra política a proferir gritos de indignación impostada, hacer giros con el dedito y a decir “culo” o “mierda” con deliberado desliz (un oxímoron como todos los que se profieren en este “espacio” político que ha hecho de la mentira y el caradurismo un culto fanático). No tenemos tiempo que regalarle.

Más sugestiva fue la intervención del diputado radical Juan Pedro Tunessi, uno de los que según los relatos anteriores, había hocicado ante la prepotencia de los billetes, y quizás venía exhausto de pesarlos –ya no da siquiera para contarlos, como dice Todos Gronchos, por la desmesura mensual con que el oficialismo adorna al crédito de Chascomús, el que sacó patente por ser hijo… No por nada fue Margarita, la de los ojos pequeños, la que propuso mandar todo a archivo y olvidarnos rápido de lo sucedido, superando con creces las expectativas del propio oficialismo.



El benemérito dijo, y lo hizo con tanta convicción, con tanta autosuficiencia, que se le ocurrió repetirlo un par de veces, que “No estamos en bandos irreconciliables porque no estamos en guerra, estamos en democracia, no cogobierna el parlamento…”.

Lo cual sería gracioso si lo hubiera escuchado del verdulero de la esquina, que tal vez conjuga la palabra “cogobernar” de tantas veces que escuchó su carácter negativo respecto de los jueces. Porque en efecto, los jueces no cogobiernan… o al menos, no deberían.

Porque los dos Poderes políticos (en realidad, Órganos políticos) del Estado son el Legislativo y el Ejecutivo. De ellos y de su eficiencia depende el gobierno de esta República. El Legislativo hace las leyes de gobierno (que en el purismo de un Estado de Derecho son el único instrumento normativo), y el Ejecutivo se preocupa de hacerlas ejecutar, o sea, de hacerlas cumplir y materializar mediante la actividad administrativa la voluntad legislativa.

Las atribuciones del Congreso en materia presupuestaria están en el inciso 8 del Artículo 75 de la Constitución Nacional: Corresponde al Congreso: Fijar anualmente, conforme a las pautas establecidas en el tercer párrafo del inc. 2 de este artículo, el presupuesto general de gastos y cálculo de recursos de la administración nacional, en base al programa general de gobierno y al plan de inversiones públicas y aprobar o desechar la cuenta de inversión”.

Y por si no quedó claro, el Artículo 76 de nuestra Carta Magna dice que Se prohíbe la delegación legislativa en el Poder Ejecutivo, salvo en materias determinadas de administración o de emergencia pública, con plazo fijado para su ejercicio y dentro de las bases de la delegación que el Congreso establezca”.

De hecho, para ser más claritos, la Segunda Parte de la Constitución Nacional, llamada Autoridades de la Nación, tiene por Título Primero el denominado Gobierno Federal, cuya Sección Primera trata y se titula Del Poder Legislativo. O sea que el Poder Legislativo es parte del gobierno federal. El Poder Legislativo gobierna, y lo hace conjuntamente con el Poder Ejecutivo, al que fija por ley el marco de su actuación.

Es por lo demás, la consecuencia natural del Artículo 1º de la Constitución: “La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal”.

En realidad, se trata de una verdad de Pero Grullo, que se enseña en la materia de Instrucción Cívica, Educación Cívica, Educación Democrática, o el nombre que adopte en las diferentes etapas y tipos de educación secundaria. Todos lo sabemos, y temo aburrir con la obviedad.

Aunque en realidad, huelga decirlo, el Poder Legislativo no “cogobierna” como los egresados o los profesores en una universidad, sino que participa del gobierno, ejerciendo la función legislativa (y el Presupuesto es ley de leyes), conjunta y complementariamente con el Poder Ejecutivo, que participa de ese mismo gobierno ejerciendo la función administrativa.



Según su página autopropagandística (www.tunessi.com.ar), Tunessi es abogado, recibido de la Universidad Nacional de La Plata (¿como la Presidenta?). Como nació en 1957, seguramente se recibió durante la dictadura militar (¿como la Presidenta?). Probablemente por esa época, conculcada la división de poderes y disuelto el Parlamento, no aprendió esos principios básicos de la República (¿como la Presidenta?).

Eso es atendible. Muchos abogados desconocen incluso que el Código Civil es una ley como cualquier otra, y que no tiene preeminencia sobre ninguna que le sea posterior o especial. Incluso desconocen el mismo Código Civil, cuyo Artículo 1º precisamente prescribe que “Las leyes son obligatorias para todos los que habitan el territorio de la República, sean ciudadanos o extranjeros, domiciliados o transeúntes”.

Lo que en criollo se traduce por “las leyes se presumen conocidas por todos”. Lo cual es un problema. Sobre todo, para quien las desconoce. Y más si es abogado. Como Tunessi. Y aun más si es diputado. Como Tunessi. Y hablan sobre aquello que todo diputado debe conocer y honrar con su cargo: las obligaciones exclusivas y excluyentes de uno de los Poderes del Gobierno argentino, aquél al que él hoy día pertenece.

Lamentablemente, en 1860, cuando se sancionó nuestra Constitución Nacional con validez para todas las provincias, incluso la de Buenos Aires a la que pertenece el diputado que “no cogobierna”, las exigencias de selección eran muy bajas, sea porque el analfabetismo fuera alto, sea porque los habitantes eran pocos, sea porque existía un elitismo solapado (o no tanto) en la digitación de las candidaturas. Lo cierto es que el Artículo 48 de la Constitución pone como único requisito el siguiente: “Para ser diputado se requiere haber cumplido la edad de veinticinco años, tener cuatro años de ciudadanía en ejercicio, y ser natural de la provincia que lo elija, o con dos años de residencia inmediata en ella”.

Demasiado poco para las necesidades de hogaño. Demasiado poco para las expectativas de la gente a la que deben representar. No se tienen en cuenta la debilidad mental, la demencia, el analfabetismo (cuando las leyes son escritas), ni tampoco la idoneidad en el conocimiento del Derecho con base en el cual no sólo sustentará la representación sino al que modificará y presuntamente “perfeccionará”.

Por ello, entre otras razones, la representación está en crisis. Y quizás por ello se ha visto operarse, en la clase política desde la vuelta de la democracia hasta el presente, un continuo deterioro en la calidad y capacidades de sus integrantes.



El teórico “de izquierda” Peter Mandelson, ideólogo del New Labour británico de Tony Blair, en un diálogo sobre “el futuro de la democracia” publicado por el diario londinense The Guardian en abril de 1998, hacía la siguiente reflexión, ciertamente iconoclasta: “Podemos pensar que el reino de la democracia representativa ya está terminando (…). La democracia y la legitimidad exigen ser renovadas permanentemente. Necesitan estar adaptadas a cada generación. La representatividad es complementaria de formas de compromisos más directas –desde Internet hasta los referéndums. Pues, es necesario cambiar de estilo de política, para responder a estos cambios. La gente no es indiferente ante un método de gobierno que la infantiliza”.

A lo que su interlocutor, Wolfgang Schäuble, demócrata cristiano alemán sucesor de Helmut Kohl, no podía menos que corresponder: “Pienso que debemos, como políticos, tomar decisiones. La posición del Señor Mandelson significa: la democracia representativa ha muerto. Claramente quiere decir que se tienen que poner las cosas al alcance de la gente. Es decir, que los políticos son demasiados cobardes para tomar decisiones”.

21 comentarios:

Chofer fantasma dijo...

¿Sabe que escuché eso mismo con el mismo tono entre jactancioso y aseverativo en Agustín Rossi? Esto de que el ejecutivo manda el presupuesto y que los diputados sólo aprueban. Como si las excepciones a la regla se volvieran la norma.
Quizas por eso la delegación de poderes está tan limitada y desaconsejada en la constitución.

Destouches dijo...

Excelente y pedagógico post. Desgraciadamente, no cabe esperar conocimiento del derecho en nuestros legisladores. Ya la discusión acerca de qué órgano de gobierno estaba habilitado constitucionalmente para crear y fijar un impuesto como las retenciones, fue surrealista y evidenció un desconocimiento manifiesto de nuestro derecho constitucional formal y material.

Nuestra Constitución, fiel a su modelo norteamericano, deferió a la rama legislativa todo lo concerniente a la materia tributaria y a la presupuestaria. Es decir, es resorte del Congreso establecer cuáles van a ser los ingresos del Estado y también cómo se va a gastar la plata que se recaude.
Lo demás, es burda propaganda, politiquería de baja estofa, cuando no lisa y llana cobardía para hacerse cargo de las responsabilidades que les caben a los legisladores. En este sentido, es absolutamente pertinente y tristemente real la cita con la que termina el artículo.

Algún Peronista dijo...

Art. 99 inc.1
El presidente es el jefe supremo de la Nación, jefe del gobierno y responsable político de la administración general del país.
El/ella elabora el plan de gobierno, el Congeso debe aprobar o desechar ese plan, no puede modificarlo.
Bien dice el diputado, no hay cogobierno.
Ud. estudió derecho o es autodidacta?

Almafuerte dijo...

Uno de los peores legados del kirchnerismo, nos hicieron retroceder a tiempos pre democráticos o pre constitucionales, como si los casi 30 años de democracia no hubieran existido nunca.

Altos funcionarios y monitos repetidores difunden la idea de que un gobierno democrático es "hago lo que quiero porque soy el dueño de la pelota". Y cualquier reclamo de respeto de las instituciones es objeto de mofa, si hasta "republicano" lo usan como insulto...

Nos mandaron 30 años para atrás estos atorrantes.

Occam dijo...

Chofer fantasma: Tal cual usted lo dice.

Destouches: Efectivamente, sin salirse del Artículo 75 (más temible quizás para los legisladores porque los obliga a trabajar, que para el propio Ejecutivo, que simplemente ignora qué es ese cuadernito que con su falta de previsión permite cualquier picardía o apriete), el inciso 1) dice al respecto: Corresponde al Congreso: Legislar en materia aduanera. Establecer los derechos de importación y exportación, los cuales, así como las avaluaciones sobre las que recaigan, serán uniformes en toda la Nación.

A ambos, un cordial saludo.

Algún P...: "Responsable político de la administración". En verdad, la norma por usted citada se queda corta, ya que con el continuo avance del Poder Ejecutivo en sus funciones dentro del gobierno, operada durante todo el siglo XX, efectivamente también ejerce funciones reglamentarias y jurisdiccionales. Siempre, claro está, que no exceda la esfera de acción privativa de los otros dos órganos (PJN y PLN), establecida en la Constitución.

Otto Mayer caracteriza a esas funciones adicionales a la mera administración como "actividades residuales", es decir, que el Poder Ejecutivo ejerce toda actividad no expresamente atribuida a las funciones legislativa y judicial por la Constitución. No es el caso de la ley de Presupuesto, naturalmente.
Lo que claramente no puede haber es superposición, porque ello rompería el equilibrio y la división de poderes. Si la fijación del Presupuesto está conferida al Legislativo, el Ejecutivo no puede usurparla.

Volviendo al art. 99-1 CN, ("administración general del país"), la doctrina ha entendido que las materias susceptibles de ser reguladas por reglamentos autónomos son las reglas de organización y las atinentes a recursos administrativos, "en cuanto contengan normas que no alteren los límites de la potestad reglamentaria, que son precisamente, aquellas materias que pertenecen a la reserva de la ley" (ISBN:950-20-0354-3, p.76, entre tantos otros).

Esto todo es de una evidencia cuya sola explicación significa una afrenta a la inteligencia, y que usted, como hombre de leyes, seguramente conoce muy bien.

Sobre su pregunta, creo que queda claro: soy autodidacta.

Occam dijo...

Almafuerte: Por supuesto que una República puede tener distintas formas de organización. La que nosotros ostentamos (en los papeles) es aquélla que proviene de la concepción triangular de Montesquieu, y que la vexilología grafica en tantas banderas (Checa, Cuba, Puerto Rico, Filipinas). En esa concepción, los poderes no son concurrentes, no se superponen en sus funciones, sino que cada uno tiene una esfera de acción (y de responsabilidad) reservada.

Los romanos tenían una República más compleja, con funciones superpuestas, ya que en lugar de quedarse con una organización cristalizada y pétrea, fueron evolucionando con el tiempo... favoreciendo la multiplicación de la función legislativa. ¿O acaso puede concebirse que un tribuno de la plebe renunciara espontáneamente a ejercer su potestad legisferante?

Creo que de eso se trata en este caso. Los mismos tribunos (o algunos de ellos) cuya responsabilidad es custodiar los intereses de la plebe, entre ellos, asegurar un uso racional y legal (es decir, representativo de la voluntad del pueblo manifestada en la Cámara de Diputados) de los recursos que el Consulado le saca a la plebe, terminan por renunciar a su propia responsabilidad, argumentando que "no pueden cogobernar con los cónsules". Una ridiculez supina. Justamente, la creación del cargo tribunicio tuvo que ver con una conquista popular en contra del despotismo. Casualmente, la facultad de hacer leyes fue eliminada por el dictador Sila, aunque luego, con la vuelta de la República, naturalmente les fue restablecida.

Acá se da el caso de que la culpa no es (sólo) del chancho sino también de algunos a los que el chancho da de comer.

Mi más cordial saludo.

Algún Peronista dijo...

A eso voy, por eso el Presupuesto debe confeccionarse en base al plan de gobierno (del Ejecutivo) y no al revés, como pretende la oposición. El PLN no puede fijar un presupuesto que se oponga al plan de gobierno.
Es por ello, que en caso de no aprobarse, se debe ejecutar el del año anterior.
Es una cuestión de política y no de derecho.

Occam dijo...

No, basta de chicanas. No voy a contestar más. ¿Plan de gobierno? Si lo que se discute es la planificación con una inflación del 8%, que va a permitir al Ejecutivo disponer a su antojo de todos los excedentes del impuesto más injusto, que es el indirecto con inflación galopante. ¿Qué plan de gobierno es ése? ¿Uno tan negro que no se puede confesar? ¿Que hay que ocultar detrás de un dibujo? La potestad presupuestaria es del Legislativo y punto, tan punto, que lo es al punto de que la CN faculta al Congreso a "aprobar o desechar la cuenta de inversión". El resto es retórica vacía, como siempre. O ni siquiera eso, porque ni se esmeran mucho últimamente. Como decía la penúltima cita que aporté a la crónica, la gente está podrida de que se la trate con tanto infantilismo.

Destouches dijo...

Algún ignorante:

El autor del blog, como el que suscribe, somos abogados recibidos hace más de 10 años y profesores de Derecho Público. No vale la pena que refute la pavada que dijo porque no resiste el menor análisis. Por lo demás, la discusión se centra en cuestiones semánticas carentes de importancia real. De lo que no hay dudas es de que le compete al Congreso fijar el presupuesto de gastos. No es una facultad del Poder Ejecutivo, como no lo era establecer un tributo como las mal llamadas retenciones. En nuestro sistema institucional, es evidente que el Congreso es parte del Gobierno, entendido como aquél conformado por los órganos políticos del Estado. Por eso, dentro del Capítulo "Del Gobierno Federal" figura en primer lugar el Poder Legislativo y luego el Ejecutivo.

Occam dijo...

Destouches: Está usted dando demasiados datos. Le faltó nada más que mencionar que damos clases en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, cátedra del Dr. Shoklender... ¡Uy! Me pisé.

Algún Peronista dijo...

jajaja, Destouches , Profesores Derecho Publico?
Excelentes sus argumentos jurídicos, y su analisis.
La Universidad de Google.

capitanfla dijo...

Impecable guachín.

Perdón.

Impecable Dr.


:)

Mensajero dijo...

El Congreso como escribanía.
¡Si al menos tuviesen humor!
Porque un hijo de puta con talento y carisma me puede plantear un desafío, pero un moralista me resulta estéticamente desalentador.
Cada tanto puede aparecer algún destello de cinismo que habilite el divertimento del duelo intelectual, pero lo que abunda es la chicana, prima bruta de la retórica, que por otra parte, nunca fue más que refinado ilusionismo.

Destouches dijo...

Jajaja, Algún ¿Peronista?

Al menos, Perón incentivaba a su gente a formarse para no hacer papelones como el de recién, "compañero" (¿o debería decir camarada?). Debería seguir el ejemplo del General y no el de la jurista fantasma (o con título fantasma) que se supone que nos gobierna.

Por lo demás, es sugestiva su defensa de los radicales. ¿Será acaso que el kirchnerismo, como ya entendieron varios, no es más que una versión remozada (en rigor, con precios internacionales altos) del alfonsinismo? Sólo falta el Pacto Sindical Militar, pero eso es solamente porque Huguito es un preservativo útil, que solo quiere salvar su cabeza.

Algún Peronista dijo...

Destouches, los intentos de encontrar algún argumento jurídico del cogobierno con el Legislativo son cómicos.
Es por eso que los únicos argumentos válidos (a mi entender), son politicos.
El jefe del gobierno es el presidente, si quieren gobernar deben ganar las elecciones. Vaya pensando en 2015.

Destouches dijo...

Ok, evidentemente deberían suprimirse las elecciones legislativas, porque nadie sabe para qué existe ese órgano de gobierno. También debería derogarse la CN en la parte que dice que compete al Congreso establecer el presupuesto. Lo único que no es jurídica es su postura. Políticamente podemos discutir cuanto a usted le plazca (hablar por ejemplo del irresistible fenómeno que indica que el Poder Ejecutivo, por su dinamismo y por estar a cargo de la administración, tiende a concentrar cada vez más mayores cuotas de poder en especial en los países de tradición presidencialista, cuestión que concierne a la ciencia política o a la sociología), pero no hay dudas de que de derecho no sabe nada.

Por lo demás, no tengo dudas de que usted hace 15 años (si es que aún había crecido lo suficiente) engrosaba las filas de los que acusaban a Menem de gobernar por decreto.

Finalmente, es probable que el peronismo gane el año que viene las elecciones. Lo que es poco probable es que los vencedores representen realmente a su amado victorismo (ya no se puede hablar de kirchnerismo, después de la muerte de Kirchner). De modo que quizá tenga que volver a buscar una identidad política. Vaya pensando: Sabbatella, Heller, hay muchos.

capitanfla dijo...

Jojo!!


Algún Perogrullo, parece que te dieron de comer...

JAJAJAJA!!!

choripanboy dijo...

La torpeza gobierna a los torpes del gobierno,hay cogobierno...

aquiles m. dijo...

No puedo comprender, -racionalmente- los argumentos del señor "algún peronista".
Primero, este gobierno o remedo de...no es peronista.
Sólo es una banda agrupada bajo cortitos argumentos para el latrocinio.
La cuestión de la transversalidad ya los había "pintado" de cuerpo entero.
Cerca de volcar, viraron al cuento de hacerse "peronistas"...volviendo al PJ!!!
Lo del presupuesto es una discusión bizantina.
No querían un encorsetado para 2011, por ello hicieron todo este circo, en el que hasta cobró el terrorista montonero Kunkel...

El presupuesto de 2009 fue incumplido, y nadie tocó pito.

“El presupuesto 2009 incluyó, en sus planillas, un total de 1141 obras públicas, de las cuales 1077 no se ejecutaron, nada menos que el 94%.”

Para eso "dibujan", para derivar hacia donde mas convenga cuantiosos fondos encapsulados en un presupuesto truchado, con acuerdo parlamentario.
Ahora con el prorrogado, tienen un dibujo "ad infinitum"

Muchacho...no nos enrosques la víbora...

Cobra tu salario k, pero por lo menos argumenta dentro de una razonable lógica.
No seas partícipe de un delito, legal.

Occam dijo...

Aquiles M.: Un par de post atrás (en el último que aparece al pie de la página, antes de las entradas antiguas), hice una reflexión respecto del luctuoso resultado de tantas omisiones y tantos "desvíos" en la obra pública. Recientemente, Jean Todt, el presidente de la FIA, en visita por la Argentina, declaraba que la medida fundamental en materia de seguridad vial, junto que la obvia educación, era la inversión en infraestructura.

Creo que queda claro que en estos 7 años de excepcionales condiciones económicas internacionales, en que el Estado ha ejercido una presión fiscal similar a la de los países escandinavos (el IVA históricamente más alto, Ganancias con el piso no imponible más bajo, la prohibición de ajuste por inflación en los balances, el impuesto al cheque, el nuevo impuesto al gasoil más alto aun que el IVA, las retenciones en su techo histórico, etc.), se podrían haber construido cómodamente los 11.000 km de autopistas que hubieran permitido tener la red caminera principal del país en condiciones de seguridad mínimamente dignas. Si tenemos en cuenta que 11.000 km de autopistas son en realidad 11.000 km de ruta simple al lado de una ruta que ya está, la inversión, como cara, podría haber significado unos US$ 7.000 millones, o unos AR$ 23.000 millones (teniendo en cuenta la cotización promedio a lo largo de los años). Sabiendo que el presupuesto para Vialidad Nacional, por derecha y votado en la ley (o sea, prescindiendo de los "refuerzos" que la JGM hace después) está entre los 8.000 y los 11.000 millones de pesos, o sea, en los 2.700 millones de dólares aproximadamente, se infiere rápidamente que en 3 años de los 7 de que hablamos podrían haber realizado las obras que en el futuro el país tanto echará de menos, y cuya falta ya está lamentando, con cada terrible tragedia rutera de cada día, en rutas de doble mano.
En lugar de ello, crearon una agencia política dependiente del Ministerio del Interior, con un suntuoso edificio en Puerto Madero, compraron cien camionetas que pintaron de naranja y llenaron los medios de publicidad, mientras los accidentes suben y suben todos los años. Una forma de gastar la plata muy interesante.
Días atrás, hablando con un amigo muy vinculado, él me decía con cierta picardía que en gran medida la trampa está en la ambigüedad. Por ejemplo, al poner en el renglón de inversión escuetas e imprecisas frases como: "Medidas para incrementar la seguridad vial en rutas y caminos". No quiere decir absolutamente nada. Una "medida" puede ser comprarle un Audi nuevo al director de la agencia, ponerle un chofer, contratarle dos secretarias de historieta de Altuna... Otra "medida" puede ser pagar una fortuna a ATC para que en cada partido de fútbol te informe que está mal beber alcohol antes de conducir o lo bueno que es usar casco en la moto (o la nueva perlita: la cumbia pergeñada para promocionar el uso de preservativo, "Esta noche quiero sexo contigo").
Pero, como siempre digo, casi nada quedó en concreto como saldo de tanto derroche y recursos públicos inéditos. Si se tiene en cuenta nada más que en el año 2000 el presupuesto nacional era de US$ 42.000 millones y hoy es de US$ 110.000 millones, 2,6 veces mayor, está todo dicho.

Mi cordial saludo.

Occam dijo...

Para enriquecer la cuestión, pego a continuación un artículo de Roberto Roth que apareció un par de días atrás, y que es por lo demás ilustrativo del asunto del Presupuesto y su perspectiva histórica:

LUCHA CUERPO A CUERPO POR EL PRESUPUESTO

Mientras 25 chicos mueren por día por desnutrición (para hacer una comparación cuantitativa las autoridades del Proceso nunca lograron un promedio igual de terroristas desaparecidos), las cifras de los ciudadanos asesinados por día han pasado a ser un secreto de estado, como la cantidad de afiliados a obras sociales que han muerto por el suministro de remedios truchos y la cantidad de menores delincuentes liberados dentro de las 24 horas de su detención por robo o asesinato, hurto o violación, mientras los decomisos de marihuana, coca y paco ya no se miden por kilo sino por tonelada, tal es el auge del narcotráfico en el país, el Congreso Nacional se debate en una ardua pelea por el presupuesto.

Esta es la prioridad absoluta. Hay más de veinte proyectos para bajar la edad de imputabilidad criminal que no pudieron ser tratados porque la prioridad antes era el matrimonio gay y ahora es el presupuesto.

El oficialismo cree que cumple su misión juntando votos, así sea con coimas, para aprobarlo, y la oposición hace gala de su ardor patriótico para rechazarlo.

¿Vale la pena tanto denodado esfuerzo?


Antecedentes

El pobre Illia nunca logró presentar un presupuesto al Congreso para que se lo aprobaran. Es que prepararlo requiere considerable trabajo y eso no abundaba en su gobierno. Gobernó sin presupuestos.

Alfonsín fue más puntilloso, pero al final desistió de prepararlo. Con una inflación del 5.000% anual tampoco tenía demasiado sentido. Pero hizo una significativa contribución a nuestros presupuestos. Todos los suyos terminaban con un artículo autorizando al Poder Ejecutivo a cambiar los montos y las partidas. O sea que los mil millones votados para reparar hospitales podrían terminar gastándose en viajes al exterior, como ocurrió.

Con lo cual desapareció el delito de malversación, que es (era) gastar el dinero votado para una cosa en otra.

En aquellas lejanas épocas existía aún el Tribunal de Cuentas con un delegado en cada ministerio que hacía el control formal del gasto antes que pudiera efectuarse. Si un gasto, por ejemplo la construcción de un camino, requería licitación pública, el Tribunal de Cuentas no permitía el desembolso a menos que se hiciera. Los gastos observados por el Tribunal de Cuentas podían no obstante hacerse con un decreto de insistencia del Poder Ejecutivo. El 75% de la obra pública de Alfonsín – que no fue demasiada – se hizo con decretos de insistencia.

Menem dio un paso más. Eliminó el Tribunal de Cuentas. Desde ese momento, con la cláusula permitiéndole cambiar montos y partidas y sin nadie que pudiera observarle un gasto, podía hacer lo que quisiera. Los discursos de los radicales que defendieron en el Congreso al Tribunal de Cuentas cuando fue disuelto explican acabadamente su utilidad. Pero cuando volvieron con De la Rua no lo restablecieron.

El Presidente desde entonces puede gastar en lo que se le de la gana sin mas contratiempos que un dictamen de la Auditoría General de la Nación o la Sindicatura que se producirá un par de años después de efectuado el gasto.

Pasando a De la Rúa se agregó otro invento. Antes, los gastos estaban enunciados en el presupuesto. Ahora se inventó que, si la recaudación superaba lo previsto en el presupuesto, el Poder Ejecutivo podía gastarlo a su entera discreción. Con calcular por debajo la recaudación queda todo lo que sobra para gastar libremente.

Conclusión

Hasta que no se restablezca un Tribunal de Cuentas el presupuesto es un mero dibujo a mano alzada que puede y es enmendado por el Poder Ejecutivo sin limitación alguna.

El feroz debate sobre el presupuesto es gastar pólvora en chimangos.

Los chimangos somos nosotros, que lo tomamos en serio.