lunes, 8 de septiembre de 2008

La furia de los mansos

Un chico de 15 años asesinó a puñaladas en el cuello a otro de la misma edad, harto de recibir agresiones, insultos y robos de su parte. Lo enterró en el fondo de su casa, entre una higuera y una cucha de perros, y puso dos maderas encima de la tierra removida, en forma de cruz. A los dos días no pudo más con el remordimiento y confesó todo. Ahora está recluido en un instituto de menores de máxima seguridad.

Perfil del asesino:

- No tenía antecedentes.

- Era alumno de la Escuela Media Nº 2 de Ezeiza, donde tenían un muy buen concepto de él y se sorprendieron de la noticia.

- Según una prima, “es un nene tranquilo, estudioso, que no sale de su casa y se saca buenas notas. Sólo iba a jugar al fútbol a media cuadra y volvía. ¿Por qué lo mató? Seguro que se habrá cansado de todas las veces que lo golpeó, le robó y lo extorsionó”.

- Según la novia de la víctima, “un antisocial que no sirve para nada. Ya nos vamos a vengar, porque lo que hizo no tiene explicación. Yo le voy a romper toda la casa, va a tener que pagar”.

- Según un tercero (locador de la familia del homicida): “Es gente muy trabajadora y realmente lo que pasó nos sorprendió a todos”.

La sutil metáfora poética de la cumbia villera. Sólo para entendidos.


Perfil del asesinado:

- Tenía profusos antecedentes policiales. Estaba implicado en seis causas, pero al ser menor era inimputable. Fuentes policiales indicaron que Oscar Villalba habría estado varias veces internado en institutos de menores por robo agravado.

- No estudiaba.

- Lo apodaban “Oscarcito”.

- Según los vecinos de Spegazzini, “era el cabecilla de una bandita de pibes chorros, muy pesada, a la que le dicen Los Gitanitos. Este nene siempre robaba, se peleaba con todos, se agarraba a trompadas y agredía a la gente. La gente le tenía miedo. Para muchos es un alivio que ya no esté más”.

- Según una vecina contigua: “Una vez jugando con un arma le disparó en la cara a una amiga. Fue sin querer y ella se salvó de milagro. Era un chico que un día te saludaba y al otro día te estaba pegando. Muchas veces hablé con él y le dije que cambiara pero nunca me hizo caso y mirá ahora cómo terminó”.

- Según otra vecina (Marta): “Era muy temido en el barrio. Desde que él llegó, hace diez años, todo cambió, se volvió peligroso. Los chicos no podían jugar al fútbol tranquilos, porque él pasaba y los provocaba. Algunos me parece que deben estar festejando que lo hayan matado”.

- Un amigo de la víctima: “Siempre robaba. Te vendía un Rolex a cinco pesos. Vendía de todo y barato. Estaba lleno de PlayStation y DVD”.

Laura, la novia de 20 años de la víctima de 15, en un ataque de nervios al enterarse de la infausta noticia. Foto: www.criticadigital.com.ar.

- Según su novia Laura, de 20 años: “Le decíamos Oscarcito. Nos criamos juntos y hasta nos drogábamos juntos. A él le gustaba la cumbia villera y era bien chorro. Era bajito, petiso, una pulga, más flaco que un alfiler. No iba a la escuela, él salía a robar y a molestar a la gente, a hacer sus cositas. Lo que pasa es que se drogaba, tomaba de todo, mucho paco, y por eso salía a robar. Estaba enfermo, lo hacía por necesidad. Los canas lo identificaron porque lo conocían de memoria. Yo vivía con él en la misma casilla y muchas veces salimos a robar juntos. Después yo me abrí porque tengo dos hijos, pero él y yo éramos uno”.

“Era tremendo. Ya desde chiquito si te veía jugando a las bolitas, te las robaba. Tenía una vida muy turbia. El salía a robar porque estaba consumido por el paco, pero era un re buen pibe, de muy buen corazón. Lo conocí cuando empezó a caminar y andaba en pañales. Siempre fue chiquito de cuerpo, pero te hacía frente, tengas la altura que tengas”.

[Fuente: PERFIL, Sábado 6 de septiembre de 2008, pág. 50 –Cronista: Érica Sánchez]

Paco. El mejor "amigo" de los pibes.

Crítica Digital, en tanto, consignó sobre el asunto: Sus compañeros de la escuela de educación medía número 2 de Ezeiza definieron a Rodrigo como un chico estudioso y tranquilo. Hasta los informes escolares lo califican con buen concepto. “Era antisocial. Tenía buenas notas. No salía, no tomaba alcohol y hablaba poco”, dijo Mariela, una compañera. La víctima era la antítesis: le gustaba la cumbia y había dejado la escuela hace tres años. Una vez lo detuvieron por robarle el estéreo a un ex maestro. Vivía con su madre y siete hermanos en una casilla del barrio La Flecha, a diez cuadras de la casa de Rodrigo.


Intenso operativo para buscar el arma homicida, con peritos forenses y personal de investigaciones de la Policía Bonaerense. La presencia estatal, onerosa para todos en este tipo de pesquisas, sólo existe cuando la tragedia se ha desencadenado. Foto: www.diarioperfil.com.ar


El Estado se replegó, abandonó a los pobres, desprotegió a la gente honesta, que trabaja y estudia, en beneficio de las lacras sociales, que como caciquejos prepotentes mandan y deciden sobre un conjunto amplio de la población, con base en el miedo y la arbitrariedad. La víctima tenía antecedentes, le había pegado un tiro en la cara a alguien, robaba y extorsionaba abiertamente a otros pobres, se drogaba y todos lo sabían, comandaba una banda peligrosa, y nadie hacía nada. Su final tiene visos de crónica anunciada.

El Derecho penal de menores vuelve a mostrar su fracaso, con su falsa visión humanitarista que pretende justificar todo con la situación social, como excusa para desentenderse del problema. En dos víctimas simultáneas. Un chico que estudiaba y buscaba tener un futuro y que se arruinó la vida, y otro que podría haber sido detenido a tiempo, en beneficio de la comunidad y de su propia existencia.

26 comentarios:

Hegeliano dijo...

caciquejos prepotentes mandan y deciden sobre un conjunto amplio de la población, con base en el miedo y la arbitrariedad

Es la teoría del derrame del ejemplo, si esta definición le cabe al matrimonio presidencial, que se puede esperar de un asocial impune.

Vidas que valen unas zapatillas o un celular y "filosofos" que me quieren cargar a mi, como ser civilizado e integrado, la mochila de culpa por generaciones como esta.

Hace poco volví en tren a la zona sur, - soy nacido en Adrogue - y no me impresiono tanto la decadencia del transporte, sino la "lujuria" de los locales de ventas de zapatillas y celulares, en el subte C y en las estaciones de Lomas y Adrogue.

Como dice Mr.. Groncho, con 5 pesos para la tarjeta del celular, esta todo bien y de esto no me hagan cargo.

José Luis dijo...

Coincido en cada puta palabra que pusiste. Da asco ver cómo no tienen problema en mandar una generación entera por el desagüe, y encima te dan cátedra de moral. Y la reputísima madre que los parió. Como dijo en Groncho en el último post, estas cosas me ponen de culo con todos.
JL

Occam dijo...

Hegeliano: Coincido en el "efecto derrame" de los ejemplos perniciosos. También en la difusa escala de prioridades de cierta gente a la hora de disponer de su dinero. No es nuevo ese último detalle. Viene más o menos de la época de los espejitos de colores.
Lo llamativo es que se llame "antisocial" al pibe que estudiaba y era buen alumno, que no chupaba ni se drogaba. Un concepto extraño de la integración. ¿Estarán cambiando los parámetros de la sociedad de consenso en algunas partes? ¿Tendremos en breve una fragmentación social, a la escala de los valores culturales y jurídicos, masiva?
Mientras que el otro, que era un reverendo hijo de puta, "en el fondo era un chico bueno de corazón puro". Claro que muuuuy, pero muy en el fondo.
Mis cordiales saludos.

José Luis: ¡Qué alegría tenerlo de vuelta por acá! Sea usted nuevamente bienvenido. Y de paso, le diré que ha atisbado claramente el problema, que consiste en mezclar todo y picarlo como en una Moulinex. Precisamente el asunto es que mezclan moral con derecho y moral con política, lo que da por resultado un derecho inútil y ausente en la impunidad y una política ineficiente, corrupta y anormal, es decir, basada en el perjuicio general, en lugar de en su bienestar.
Mis cordiales saludos.

Unknown dijo...

Insisto con mi alocada teoría.
Esto también es un genocidio. Ver la destrucción de toda una generación por el maldito paco.
Pérdida absoluto de la noción del Bien-Mal.
El uso de la manipulación y la violencia para conseguir sus fines.
Cada vez se extiende más.
Esta terrible historia donde víctima-victimario no califican en categorías claras, es síntoma de nuestra sociedad enferma.

Occam dijo...

Cerriwden: Coincido plenamente con usted, y la figura del genocidio dará pie a que en el futuro se juzgue a esta clase política sin que se pueda aplicar la excusa de la prescripción. La Universidad Madres de Plaza de Mayo y el CELS están trabajando denodadamente para que se haga justicia también respecto de todos estos crímenes, que en lo que va de democracia desde 1984, superaron holgadamente incluso los del período Mitre-Sarmiento.
Mis más cordiales saludos, y muchas gracias por su comentario.

Mensajero dijo...

Los griegos representaban la tragedia con el objetivo de "purificar los corazones mediante la piedad o el horror"
En la actualidad, la tragedia manifiesta tiene el efecto de desatar, precisamente, el horror en unos, y la piedad en otros; y en lugar de reunir, divide.
Aunque supongo que estas especulaciones no sobrevivirían a un análisis profundo.
Saludos.

republica dijo...

Según la Ley 22.278 del Código Penal los menores de 16 años son inimputables. Esta ley fue sancionada en el año 1980; la moral de nuestra sociedad no es la de entonces, los valores no tienen el mismo sentido que en aquella época, y el índice de delincuencia juvenil crece día a día. Todo esto nos demuestra la necesidad de modificar el régimen penal de menores.
¿Está de acuerdo con bajar la edad de imputabilidad?
Esta fue la pregunta central de una encuesta realizada en la ciudad de Olavarría, Pcia. de Bs. As, organizada por el diario local. El tipo de estudio fue del llamado: investigación de opinión pública y se realizó a partir de las 350 encuestas domiciliarias por muestreo, mediante cuestionarios con preguntas abiertas, semiabiertas y cerradas.
El crecimiento brutal de los niveles de violencia criminal en los últimos tiempos han vuelto a poner sobre el tapete la edad en que los chicos pueden ser juzgados y encarcelados. Los olavarrienses,según el muestreo, en su mayoría, quieren que baje.
Frente al delito, según la encuesta realizada por Alberto Hernández, la respuesta es clara y unánime: bajar la edad de imputabilidad de los jóvenes. El 84% de los consultados está de acuerdo con esta idea. Por su parte, el 11% está en contra y un 5% tiene sus dudas.
Estas posturas también responden a un discurso oficial que apunta a las consecuencias y no a las causas del drama. Las últimas mediciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos desnudan que más del 70% de los chicos argentinos son pobres. Muchos de ellos desertan del sistema educativo. A su vez, las salidas laborales no existen para la adolescencia, lo que deja a un gran porcentaje de chicos y jóvenes sin escuela ni ocupación.
La carencia de espacios y de contención dejan librada al azar la vida de millones de chicos que, en demasiados casos, toman el camino de la delincuencia.
Cuando se dice que un menor es inimputable se quiere afirmar que carece de madurez y que, por lo tanto, su actitud no es igualmente reprochable que la de una persona adulta.
La madurez o inmadurez está dada como una convención social que, como presunción jurídica, asigna a una determinada edad consecuencias que bien pueden no coincidir con la realidad.
La Ley que establece que el menor de 16 años es inimputable fue sancionada en el año 1980, época en la cual los menores no cometían los delitos que cometen hoy en día, llenos de violencia, con toma de rehenes, sin respetar ni valorar sus vidas, ni las de sus víctimas. Quizás, en aquellos tiempos, que aunque no lo son, parecen tan lejanos debido a los grandes cambios que ha sufrido la sociedad, los menores no manejaban un arma con la simplicidad y familiaridad con que lo hacen hoy, ni aspiraban pegamento, ni consumían alcohol hasta llegar a un estado de inconsciencia total.
Nuestra sociedad no es la misma, los valores cambiaron, y se podría decir que algunos hasta se perdieron.
Los niños sufren cada vez más desprotección, se suman los problemas de desarrollo y de educación y la adolescencia cada vez más precoz, responsabiliza en muchos casos a los jóvenes a participar en actos indeseables para la sociedad. Si la realidad nos demuestra que todo ha cambiado, ¿Por qué la Ley que regula el Régimen Penal de Menores no?
Si un menor, sin importar su edad, pudo tomar un arma y salir a delinquir, si fue capaz de planear un delito y exteriorizarlo, si comprendió la criminalidad de su actuar y sus respectivas consecuencias, ¿Por qué no puede recibir la pena correspondiente al delito consumado, pena que castigue, pero que a la vez eduque?
Para dar solución a ésta crisis social que crece día a día, habría que implementar un régimen en el cual no haya una edad de inimputabilidad, si un menor actuó comprendiendo y dirigiendo sus acciones, si fue capaz de cometer un delito, debe ser sancionado de la misma manera que un mayor. A delito de mayor, pena de mayor.
Para lograr una mayor eficacia, este régimen debería ir acompañado de planes de prevención en delincuencia, de educación y de acción social; esta mirada global permitiría que el uso adecuado del régimen lo convierta en un régimen preventivo. En la medida que la sociedad preserve de la delincuencia a sus menores y de que ellos mismos tomen conciencia ante la normativa del régimen citado se presume que el número de delincuencia juvenil irá disminuyendo.
Durante mucho tiempo se ha sostenido que los menores de cierta edad son inimputables, esto es, que carecen de la facultad de comprender la norma y dirigir sus acciones conforma a esa comprensión.
Este criterio permite desvalorizar los actos de los niños y los jóvenes, al punto de convertirlos jurídicamente en incapaces.
El criterio de inimputabilidad jurídico – penal por minoría de edad trajo como consecuencia la aplicación de medidas de seguridad, bajo la consideración de que el régimen penal de menores es esencialmente proteccional - tuitivo, y sólo de modo eventual se presenta como represivo.
No existe en la ley penal una definición de inimputable. La referencia del título V del Código Penal dice: “imputabilidad”, bastante claro por su contenido que se trata de la posibilidad de imputar una pena a alguien. Hacer una imputación es en este sentido decidir una consecuencia jurídica respecto de la acción del sujeto.
La culpabilidad constituye el conjunto de condiciones que determinan que el autor de una acción típica, antijurídica y atribuible, sea jurídicamente responsable de la misma, es decir culpable.
La Ley consagra un sistema claramente sustentado en medidas de seguridad, tutelares y reeducativas. La aplicación de estas medidas ha dado lugar a un sistema normativo especial, cuya evolución ha originado la existencia de un derecho tutelar que tiende a modificar la personalidad del joven delincuente, poniendo mayor énfasis en sus características personales que en la naturaleza y gravedad del hecho cometido.
Régimen Penal de Menores en Canadá:
El Sistema que regula la situación de los menores que delinquen en Canadá es el llamado “Sistema de Justicia Reparativa”. En este Sistema, desde los 12 hasta los 17 años tienen responsabilidad penal.
El Sistema está organizado en 2 niveles: el 1º nivel está regido por la Ley de Protección de Juventud, administrada por un organismo público no judicial: “La Dirección de Protección de la Juventud”. Aquí tratan a los adolescentes con necesidad de asistencia social, y a los que tiene problemas de comportamiento que pueden empujarlos a cometer delitos. Este nivel funciona como una red preventiva que permite que sean muy pocos los menores que terminen cometiendo delitos. El 2º nivel es el “Régimen de Menores Infractores”. Este régimen trata de evitar la reclusión de los jóvenes. La mayoría de los adolescentes imputados por un delito vuelve con sus familias, otros van a una casa donde conviven en grupos de 6 o 7 chicos, al cuidado de una pareja de educadores. Solo los acusados por delitos más graves, como homicidio, son enviados a un instituto con vigilancia policial y pocas rejas. La pena máxima para los menores es de 10 años, y 4 de ellos son en libertad condicional.
Con este Régimen Judicial, en los últimos 4 años, se logró bajar un 32 por ciento la cantidad de menores sometidos a procesos judiciales.
Un ejemplo a seguir.

OliverX dijo...

La pasta base se instala en los países que cocinan su propia droga. El negocio genera redes de corrupción que lo sustentan. Los caciques policiales y políticos son los que le dan la existencia y marco a la red de distribución de la droga que se vuelve irrestricta para cualquiera que la quiera pagar, sin importar edad, condición, sexo o raza.
Si el paco, o cualquier otra droga, está al alcance de los menores, no hay posibilidad de futuro para ellos. No hay posibilidad de salvataje desde la educación ni de la familia.
La droga es un problema global que debe ser atacado a nivel global. Maneja casi la mitad de la economía mundial. Poniendo gobiernos, administrando zonas, valorizando arte y barrios ricos, pagando la corrupción que desborda sistemas políticos y administrativos policiales.
Si no se le quita el negocio a los narcos, esa inmensa montaña de dinero vuelve invencibles a todos los que participan del mismo negocio.
El Estado no recibe nada al no estar gravado, tiene que atender a los adictos o a las víctimas. No cuenta con dinero para promover campañas de prevención y control.

En definitiva, la droga debe ser legal para mayores de 21 años. Debe tributar lo suficiente para que el valor final, que cae hasta un 90% contenga una carga tributaria similar a la del tabaco.
Con estos fondos el Estado deberá proponer y difundir todas las campañas que muestren la verdadera naturaleza destructiva de la droga.
Deberán controlar a quienes las expenderán legalmente, reprimiendo con cárcel a aquellos que vendan a menores igual que lo que ocurre con los comercios que venden a alcohol a menores en Estados de la Unión Americana.

Si no le provocás competencia a nivel estadual a los narcos no podés desarticular un negocio engordado por los peajes de ilegalidad que genera un negocio prohibido.
De esta manera no vulnerás el principio de autodeterminación que fija el art. 19 de CN.
De esta manera recuperás un volumen de dinero para focalizar en la reducción del consumo y sus consecuencias.
Podés tener planes sanitarios contenidos en los sistemas de salud con dinero proveniente del gravado a los estupefacientes.
Controlás la calidad de origen de las materias primas que intervienen en la fabricación.
En fin, hacés lo que hasta ahora no han podido hacer lo que dicen "combatir" a la droga.

Por supuesto que esto sería viable si se hiciera a escala mayor que la estadual.

republica dijo...

Hay un supuesto que dice que si las drogas se legalizan, se acabaría con el narcotráfico y el problema de la adicción sería controlable.
La experiencia desmiente este supuesto. A excepción de Holanda, todos los países o estados que han experimentado esquemas de legalización o de despenalización han regresado a sus anteriores esquemas prohibicionistas. La causa: la epidemia de adicciones que han surgido como resultado de poner al alcance de todos sustancias que modifican ampliamente la conducta humana.
Quienes proponen despenalizar las drogas, a grandes rasgos, son clasificados en:
los que creen que acabaría con el narcotráfico, los que creen que las drogas no son tan malas, los que las han usado sin consecuencias graves, los que confían en soluciones simples para problemas complejos y los que apoyan la irrestricta "libertad individual"; añado a los que se beneficiarían de la legalización.
Legalizar produce la ilusión de que los delitos se acaban. Y en efecto se acaban, pero de nombre. Ya no existiría el delito de narcotráfico, sencillamente porque la droga se hace llegar de manera legal, pero la adicción ahí estaría. Si se legalizara el homicidio, la tasa de homicidio bajaría a cero, porque ya no habría el delito de homicidio. Pero los muertos ahí estarían.
Un gobierno responsable tiene como finalidad principal proteger a sus ciudadanos.Y quizá, para evitar esta sensación de falta de control, distintos grupos que deberían proteger a la población han iniciado campañas que ahora con algo de silencio, y en otras con mayor insistencia, promueven la legalización de las drogas.
Los experimentos de legalizar o despenalizar han terminado por regresar a la prohibición: en 1975 la corte en Alaska aumentó la permisividad para poseer más marihuana. Para 1988, entre los jóvenes de 12 a 17 años, el consumo aumentó hasta alcanzar más del doble que el promedio nacional de Estados Unidos. Finalmente, en 1990, se volvió al antiguo esquema de prohibición y el consumo empezó a disminuir lentamente.
En Inglaterra, entre 1960 y 1970, los adictos a la heroína se multiplicaron por 30 y, durante los 80, el número creció cerca de 40 por ciento anual; ahora, arrepentida, enfrenta el enorme costo de tratar miles de adictos. En comparación, en todo ese tiempo el número de adictos a la heroína en Estados Unidos se mantuvo en cifras de alrededor de 500 mil usuarios.
En Suiza, un parque llamado Platzpitz, se definió como lugar de tolerancia para usar drogas. En 1987 tenía 300 visitantes permanentes. Para 1992, eran 20 mil. En 1992 tuvieron que cerrar el parque, como única forma de acabar con el lastimoso espectáculo de gente inyectándose y drogándose a toda hora.
Holanda es el único país que no ha dado marcha atrás a la despenalización del uso de las llamadas "drogas blandas", que no son tan blandas: cuando se despenalizó el uso de la marihuana, en 1976, su contenido de tetrahidrocanabinol – el ingrediente activo – era de 3 a 5 por ciento; actualmente es de 35 por ciento, cantidad que produce problemas notables de salud – pérdida de memoria, daños cognitivos, y una falta de energía crónica que convierte al usuario en un ser apático y pasivo –. Los resultados de la despenalización: el número de expendios de estas drogas aumentó, en 10 años, de 30 a mil 500 y el uso de marihuana en el grupo de edad de 18 a 25 años creció 200 por ciento. Al grado de que tan sólo en 1997, hubo un incremento de 25 por ciento en el número de adictos a la marihuana en tratamiento, comparado con un incremento de 3 por ciento en los casos de abuso de alcohol. De 1984 a 1996, el uso de drogas en adolescentes holandeses aumentó 200 por ciento, mientras que en Estados Unidos, en ese mismo periodo, la tasa se redujo en más del 50 por ciento. Las mismas autoridades atribuyen el 65 por ciento del aumento en el crimen juvenil al uso de estas drogas, y el uso de "drogas duras" como la heroína se ha triplicado desde la despenalización de la marihuana, pero Holanda no desea cambiar de rumbo. La frase holandesa que se usa para este fenómeno es "alles door de vingers zien": ver a través de los dedos, esto es, ver sólo lo que quieren ver.
Los promotores de la legalización dicen que las drogas legales, alcohol y tabaco, matan mucha más gente que las drogas ilícitas, y es cierto. Pero no mencionan que eso es en un contexto de prohibición. Si se legalizaran, la mortalidad crecería enormemente. Estas sustancias alteran gravemente la conducta. Cerca del 70 por ciento de los presos en 12 áreas metropolitanas de Estados Unidos cometieron su delito bajo influencia de las drogas. Un tercio las había usado inmediatamente antes. El 28 por ciento de los homicidas y el 20 por ciento de los violadores cometieron sus delitos bajo influencia de drogas. En el 80 por ciento de los casos de maltrato infantil en que el niño murió, el agresor se encontraba bajo influencia del crack.
Es ingenuo pensar que un narcotraficante, que se ha dedicado al delito buena parte de su vida, se convertirá en un respetable hombre de negocios o que, al menos, dejará su actividad ilegal. Si todas las drogas no se legalizan absolutamente para todos con el mismo precio, el esquema fracasará. Si no se legalizan para los niños, o no se legalizan las mal llamadas drogas duras, entonces no faltarán delincuentes que se las vendan. Y el esquema, insisto, fracasará en ese caso en su faceta de inhibir al narcotráfico, porque la epidemia de adicciones y toda la mortalidad relacionada con la droga ahí estaría.
Tampoco parece prudente el usar el esquema de la fiscalización: hacer que los consumidores de drogas paguen impuestos en su consumo, como ocurre con el alcohol y el tabaco. Hacer a una economía dependiente de los impuestos generados por el consumo ciudadano de drogas que acaban con la iniciativa individual y alientan el comportamiento violento es francamente macabro.
Las drogas son sustancias que deben permanecer prohibidas, ya que si se aumenta su disponibilidad, más jóvenes y niños pueden caer en la adicción. La facilidad de obtener una droga está íntimamente relacionada con su nivel de uso, como quedó demostrado en el caso de Alaska arriba mencionado y muchos otros. Los programas de combate al narcotráfico y prevención de adicciones deben mejorar, claro está, pero legalizar produce la falsa sensación de control, que no sería sino otro engaño. Uno más, que un gobierno irresponsable podría propiciar.
Mi voto a la despenalización "NO ES POSITIVO"

MM dijo...

Pobre Oscarcito. Con el futuro que tenía...

MM dijo...

Dios se lleva a los buenos.

OliverX dijo...

República,
Estás hablando de Oasis para drogradictos. Por eso no funcionan esas políticas. Sin verdadera acción de educación desde el estado, es imposible revertir la tendencia.
Por otra parte, estás negando la realidad de las cifras que se ocultan. La naturaleza del hombre no es compatible con la prohibición.
La OMS instruyó a todos los países para que atacaran el problema del tabaco. Se están logrando INMENSOS cambios y reduciendo el consumo en la población adulta, a la vez que aumenta en los jóvenes. Quienes toman conciencia son aquellos que ven los efectos negativos o los padecen.
Yo hablo de un problema global, no estatal. Por eso se cae en la hipocresía de creer que se puede dominar un negocio que mueve LA MITAD DE LA ECONOMÍA MUNDIAL.
Negar eso es ser absolutamente naif acerca de la naturaleza de los paraísos fiscales.
Sin educación en lo que sea, estás perdido. Totalmente perdido. Condenado a desaparecer literalmente como sociedad.

Acá preferimos decir que "luchamos" contra el narcotráfico que corta cabezas en México y que crea un Estado paralelo en Brasil.

Si seguimos siendo hipócritas les dejaremos esta discusión a nuestros tataranietos.

PD: Los datos que traés son públicos, no hace falta volcarlos literalmente. Sigo convencido acerca de los oasis para drogadictos creados por estos experimentos fallidos.

@PaloMedrano dijo...

Extraordinario el informe, e inobjetable la conclusión.

Para nuestro Estado, lo normal (lo lógico) es que el pobre salga a robar, pues al fin y al cabo, es una víctima del "modelo de exclusión", y de la "desigualdad" (sin duda la madre de todos los males, que explica y justifica cualquier conducta perversa).

Me alegro que el muerto haya sido el pibe chorro, aunque por desgracia, en general estas historias terminan al revés: Con un titulito en la página 374 de los diarios, que informan que un adolescente fue asesinado cuando intentó resistirse a que le robaran las zapatillas.

Menos mal que lo tenemos a Anibal, que la tiene clara, y ya está haciendo todo lo posible para que la maldita policía deje de criminalizar a los criminales.

Occam dijo...

Mensajero: Porque se ha perdido el efecto simbólico de la tragedia como representación. Entonces no hay advertencia ni conciencia colectiva. En este mundo prosaico se vive muy rápido al pedo, sin reflexión y sin respuestas (sin preguntas). Sólo atados a unos cuantos dogmas religiosos, secularizados sí, pero igualmente pétreos.
Mis cordiales saludos.

Occam dijo...

República: Muchas gracias por su extenso y meduloso comentario. Sin desperdicio. Empero, se impone que vayamos por partes.
En primer lugar, la crisis del sistema penal liberal decimonónico radica en la concepción del individuo como un ser aislado de su entorno que obra de acuerdo con su interés racional, es decir, previendo las consecuencias de sus actos. Ese individuo aséptico y de laboratorio puede delinquir, por x circunstancias, y en tal caso se le aplicará la pena. Pero como sigue siendo un ser racional y fríamente matemático, al salir recupera plenamente su situación de partida. Por eso el derecho penal liberal es renuente a la figura de la reincidencia, por considerarla un instituto propio del derecho penal de autor y no del derecho penal de acto.
Claro que semejante extremismo fue luego mesurado por teorías criminológicas que ponían el acento justamente en las circunstancias del individuo (positivismo criminológico) y luego en las circunstancias de su entorno (estructuralismo). De esas correcciones nacen los institutos penológicos de la resocialización y el tratamiento carcelario, las atenuaciones por buena conducta, etc. Mientras que a nivel del derecho positivo, implican la inclusión en los tipos penales de los eximentes, atenuantes y agravantes (emoción violenta, estado de necesidad, legítima defensa, parentesco, etc.).
Pero el sustrato ideológico del sistema sigue siendo el liberal individualista de fines del siglo XVIII. Entonces se sigue considerando la libertad en el obrar como causal de imputabilidad penal, y se tasa arbitrariamente (como todo sesgo etario) ese discernimiento en una cantidad arbitraria de años. Ese mismo criterio se extiende para las figuras de delitos contra la integridad sexual (menos de 12 años: carencia absoluta de capacidad para consentir; menos de 16 años en la mujer: carencia relativa - estupro). Y también para el derecho electoral (18 años para tener discernimiento para ejercer el derecho político de elegir, sin importar ninguna otra circunstancia, tal como por ejemplo algún retraso mental, analfabetismo, etc.; 25 años para diputado, 35 para presidente, etc., para ejercer el derecho de ser elegido, lamentablemente sin importar ninguna otra circunstancia aparte de la ciudadanía). Lo mismo para la capacidad civil, y así sucesivamente.
Los romanos, que eran más pragmáticos, y atribuían al pretor, e incluso al iudex, la capacidad de formar derecho, se basaban en características materiales y comprobables: se era ciudadano una vez probada la capacidad de adquirir determinadas obligaciones, sólo se podía ejercer una magistratura luego de 10 años de servicio militar en las legiones, se podía ser testigo si se acreditaba la pubertad (testigo proviene de testiculum, y el susodicho debía levantarse los lienzos y mostrar al iudex los datos empíricos de esa madurez), etc.
Ese pragmatismo en la consideración de las circunstancias reales que rodean cada caso no es heredado justamente por los países latinos, que quedaron empantanados en la codificación napoleónica, terriblemente reglada, ritualista y rígida; y sí es retomado por el derecho anglosajón. Un caso emblemático fue el de la condena en Inglaterra de esos dos hermanos de 10 y 8 años que mataron con sadismo a una nena de 2, luego de secuestrarla de un shopping. Acá en Argentina hubo un caso parecido hace poco tiempo, que se resolvió a nuestra manera: los chicos no podían discernir, luego son inimputables, luego devueltos a la familia que los formó así de lindos y divinos...
Con lo que el tema de la imputabilidad, para concluir, debe ser devuelto a las arenas de la racionalidad, y regido por el pragmatismo y la observación realista de cada caso. Que los jueces se pongan la toga de una vez, y dejen de ser funcionarios burocráticos de cuarta para ser lo que deben ser.
Pero más allá de esa circunstancia legal, lo cierto es que el Estado hace abandono de su función reguladora de la sociedad. Sea imputable o no, lo cierto es que el menor que delinque está demostrando alguna falencia marcada en el ámbito en el que desarrolló su socialización, y entonces debe ser separado de ese ámbito incompetente y/o pernicioso, y llevado a otro más adecuado.
En cuanto al caso canadiense que usted menciona, también pueden citarse casos piloto en Holanda, Noruega, Dinamarca y la famosa Mediación Penal Juvenil de Cataluña. Sin embargo, por las condiciones socioculturales sustancialmente distintas de esos países, no debemos caer en la tentación de replicar sin beneficio de inventario. Sí es muy válida la referencia a la responsabilización del menor.
Aunque en el caso de los menores drogadictos, entiendo que el problema es el inverso. Más allá de la cuestión etaria, está claro que están en un estado de necesidad permanente que no pueden mitigar ni la familia ni un eventual trabajo. Entonces necesariamente el Estado debe intervenir, por lo menos para darle un poco más de viso de realidad a la ficción de la responsabilidad individual liberal, a futuro.
Mis cordiales saludos, y perdón por la extensión de este comentario.

Occam dijo...

Mr. Groncho: Entiendo que el futuro que tenía es el que encontró. Si no era en esta, hubiera sido en la siguiente, contra los cobani' o alguna otra bandita rival.
Mis cordiales saludos, y gracias por pasar.

Occam dijo...

OliverX: Muy bueno su comentario. Deja mucha tela para cortar. Empero, el art. 19 está también escrito desde una lógica liberal del individuo absolutamente libre y racional, que puede elegir cada uno de sus actos y direccionar sus acciones sin condicionamiento de ningún tipo. Y ocurre que la droga tiene dos características (más allá de que, como todo bien económico, reproduce características de mercado) sobresalientes: genera adicción incontrolable y es psicoactiva al punto de distorsionar la personalidad y obnubilar el entendimiento o las inhibiciones.
Mis cordiales saludos.

Occam dijo...

Juan de los Palotes Medrano: Muchas gracias por su comentario, con el que no puedo más que estar plenamente de acuerdo.
Mis cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Dice un viejo refran..."cuidado con las aguas de tanque..."

RELATO DEL PRESENTE dijo...

Vos propones políticas criminales para los menores de edad?

Vivimos en Argentina, donde nunca queremos salir de la eterna inocencia.

Occam dijo...

Relato: Es cierto lo que decís. Quizás debiéramos subir (en vez de pensar en bajarla) la edad de imputabilidad, digamos, a 70 años. Después ya lo cubre la prisión domiciliaria, que es otra joda.
Un abrazo.

El Isáurico dijo...

Cuidado Occam, que en tren de controlar mediante su penalización el consumo de subproductos vegetales que generen adicción incontrolable y sean psicoactivos al punto de distorsionar la personalidad y obnubilar el entendimiento o las inhibiciones corremos el riesgo de terminar purgando cárcel por la posesión de cualquier bebida alcohólica o por fumar tabaco en pipa.
No sería una medida extravagante. Sin ponernos puntillosos acerca de la efectividad de la medida, a través de la 18va. enmienda, USA ensayó esta precaución entre 1920 y 1933, y aún hoy día la Sharia rige para gran parte de los musulmanes del mundo.
Podríamos penar también, con fines tuitivos, a cualquiera que sea sorprendido en posesión de un medicamento sin su correspondiente prescripción profesional.
El argumento de la "disponibilidad" que pregona República es un tanto endeble. Hoy por hoy, el que quiere tener acceso a un estupefaciente del nomenclador vernáculo (basicamente: marihuana, cocaína y subproductos, MDMA y LSD) lo puede hacer sin mayores dificultades. Algunos demorarán 15 minutos en lograrlo, otros un par de días, pero esta disponibilidad (que se verifica a nivel mundial)
A todo esto República, ¿tiene idea de donde puedo conseguir Cannabis Sativa con un contenido de 35% de THC?. Hasta donde conozco, los híbridos mas potentes (White Widow, Jack Herer, etc.)que se comercializan en Europa y USA a duras penas alcanzan un contenido de THC de entre el 15 y el 20% (y esto según apologetas y publicistas, con lo que es probable que la cifra real sea bastante menor).
Respecto a su ejemplo de "reversión de política permisionista" en Alaska, la ley prohibicionista cuya sanción propugnó el gobernador "corrputus in extremis" que rigió dicho estado hasta hace dos años atrás, fue fulminada por la justicia de Alaska. Por eso Palin puede decir, sin mayores repercusiones políticas y sin la necesidad de recurrir a los circunloquios clintonianos, que se fumó unos porros.

Saludotes!

El Isáurico dijo...

ERRATA: donde decía "corrputus" debía decir "corruptus"; lamento si Francis Hughes Murkowski se consideró ofendido en su hombría.

Occam dijo...

Isáurico: No sabía que fumar tabaco en pipa tuviera algún efecto psicoactivo o distorsivo de la personalidad. Mejor no hago el intento.
Respecto del resto de su erudito comentario, sólo puedo decir: ¡A la vejez viruela!
Un abrazo.

Almafuerte dijo...

Esquivé todo lo posible éste caso en los medios, y lo encontré aquí en su blog.
No puedo más que suscribir las palabras de José Luis, con la misma cuota de bronca y rabia.

Occam dijo...

Almafuerte: Muchas gracias por pasar y por su comentario.
Mis más cordiales saludos.