martes, 24 de noviembre de 2009

Observación de la mayoría silente

Rolando Hanglin: Un hombre de derecha, aparecido en La Nación este Martes 24 de noviembre de 2009.

18 comentarios:

Destouches dijo...

La verdad que el tipo es un observador inapelable. Ha descripto con gran precisión cierto estereotipo. No es extraño que algunas personas que se califican a sí mismas como "de izquierda" encajen en esa descripción, al menos parcialmente.

Todos Gronchos dijo...

Lo peor que le puede pasar a la derecha es que la etiqueta se la ponga esta "izquierda". Es como un insulto.

Occam dijo...

Destouches: Lo que va a terminar pasando (si no pasó) es que la derecha capitalice, sólo por permanecer en silencio, la cualidad del sentido común, y que lo popular, en las categorías de la izquierda trasnochada, sea lo que es de derecha, mientras el discurso "progresista" termine por emparentarse con lo eminentemente impopular (caso claro del garantismo; si no, salga a la calle y pregunte). Como alguien dijo alguna vez, es insólito que los mayores representantes del "campo popular" sean tipos tan impopulares como D'Elia, que genera un rechazo en el 96% de la poblacion.

Mr. Groncho: Pero de tanto etiquetar (la izquierda es por naturaleza sectaria, dogmática y esquemática), es probable que la derecha crezca y crezca, como pasó en Italia o en Alemania o en Francia, y la izquierda medre hasta ser simplemente un bastión de iluminados a los que "el pueblo no comprende".

Un abrazo a cada uno.

PS: Recomiendo a ambos el último artículo de www.desiertodeideas.blogspot.com, en donde se atisba esta percepción. Allí dejé un comentario.

Almafuerte dijo...

Recién leí el post de Luciano en desierto de ideas. Hoy escribí un comentario en la lectora provisoria que muy torpemente intentaba esbozar las mismas ideas.

Me sorprende tanto encontrar estas coincidencias de enfoque respecto de personas con un encuadre ideológico tan distinto... y me alegro de que existan cabezas dispuestas a romper el molde de su propia corrección política, a buscar ideas que conduzcan a soluciones y no a declamaciones.

Un saludo.

Destouches dijo...

El sentido común es algo despreciable para el intelectualismo progre, porque está al alcance de todo el mundo; es esencialmente democrático en cierto sentido. Lógicamente está en las antípodas de las pretensiones de liderazgo intelectual y moral de las vanguardias esclarecidas, que invocan promiscuamente al pueblo, precisamente porque nunca lo comprendieron ni representaron. Además es propio de esta intelligentzia un sentimiento de hostilidad hacia el mundo "que es", el cual debe ser reemplazado por un ilusorio mundo que "debe ser". En el siglo XIX seguramente habrían sido partidarios de Rivadavia.

Occam dijo...

Almafuerte:
Gracias por su comentario. De casualidad lo escuché a Hanglin en una entrevista en un canal de cable, hace ya un tiempo, hablando sobre educación y disciplina, y me quedé tan sorprendido, que empecé a prestarle mayor atención. Así es como me di cuenta que el tipo, hoy por hoy, a más de su innegable capacidad de observación, por experiencia, por estar de vuelta de tantas cosas, es de los pocos que habla sin eufemismos, y que se caga en la corrección política (que es la forma que elegimos para llamar a la mordaza y a la hipocresía).

Mis cordiales saludos.

Occam dijo...

Destouches: Sabias palabras, con las que coincido absolutamente. Mitre, necesitado de entronizar a los nuevos "apóstoles" del panteón patrio (en reemplazo de los federales vencidos), y no sabiendo qué cosa buena decir de un personaje tan gris y nefasto como Rivadavia, lo calificó como "el hombre que se adelantó a su tiempo". El calificativo tiene que ver, en realidad, con un acto de corruptela vulgar, crapuloso si se contempla el contexto temporal: Argentina empeñada en un enorme esfuerzo bélico contra el Brasil, a don Bernardino González se le ocurre una noche de creatividad y desvelo idear un canal entre Mendoza y Buenos Aires (ignorando que entre ambas ciudades, además de sierras y otros accidentes geográficos, había indios bien aguerridos, que de hecho hicieron falta más de 50 años desde entonces para correr de allí). Entonces trazó una línea recta entre dos puntos, con un lápiz y una escuadra, y presentó el "proyecto" en la legislatura de Buenos Aires, en donde la "mayoría automática" -que casualmente ya por entonces existía- le aprobó, y ordenó detraer del presupuesto de guerra una importantísima suma, como adelanto para la realización del estudio de factibilidad.
Pese a ello, Argentina obtuvo un triunfo militar aplastante en Ituzaingó (del que los brasileros recién podrían tomar revancha el 3 de febrero de 1852 en Caseros), pero Rivadavia, insólitamente, ordenó la retirada y el abandono del territorio conseguido, transformando con su "magia creadora", una victoria total en una derrota absoluta (la pérdida definitiva del Uruguay).
Rivadavia, un progresista adelantado a su tiempo, tuvo que irse del gobierno con la cola entre las patas, junto a su pérfido ministro García. Pero el daño a la patria, en esos latrocinios y en los abandonos de los territorios del Uruguay, Tarija y Antofagasta, ya estaba hecho. Es curioso, porque en su progresismo foráneo, Rivadavia miraba a las potencias de su tiempo, y no tuvo el ojo anticipatorio que le adjudicó Mitre para darse cuenta, por ejemplo, que las potencias del mundo que se avecinaba no eran las pequeñas repúblicas europeas como Francia, sino los grandes espacios territoriales, como EE.UU., Rusia, y más tarde también China, Brasil, la India... al punto que Europa tuvo que hacerse Europa para seguir en el cartel.
Progresía tramposa que se "anticipa a su tiempo" para no dar solución a los problemas. A la inseguridad se la combate con redistribución revolucionaria del ingreso, trabajo para todos, bien remunerado, en blanco, y calificado, educación de petitero inglés, etc. Absolutamente incomprobable, como el canal de Rivadavia (que dicho sea de paso, sigue sin hacerse... por algo será). Progresía miope, que nunca pudo o nunca quiso ver con realismo y buena fe los problemas y aplicar las soluciones. Claro, de lo que hablamos es de "acción", y ése es un concepto que repugna a tan finos espíritus "críticos".

Mis cordiales saludos.

Mensajero dijo...

Estamos empalagados de corrección política. Entonces, inevitablemente, ying se convierte en yang.
Rolando tiene calle.

Occam dijo...

Empalagados es una palabra afortunada para describir lo que pasa. Ahítos, hartos, también. Y para los que ostentan tantos lugares comunes y trivialidades, sería "satisfechos". Por eso, para unos y para otros, la situación no podría ser más negativa. Para los unos, porque ya no quieren seguir escuchando proclamas vacías que son casi tomadas de pelo, si no, canciones monocordes, como letanías. Para otros, porque no hay peligro mayor para el pensamiento que la autosatisfacción.

Mis cordiales saludos.

Mensajero dijo...

Occam
Noto en mi ambiente politicamente correcto, que muy pocos están informados o interesados en política.
La mayoría está muy a gusto con sus convicciones y no tiene ninguna necesidad de involucrarse.
Ultimamente, cuando me sumo al grupo, ya no saludo con mi tradicional y vintage "salud, la barra", sino con un "¿qué tal la aristocracia progresista?"

Me parece que por error borré un comentario suyo en mi blog.
Le pido disculpas y también, si tiene oportunidad, que intente reproducirlo.
Un abrazo

Almafuerte dijo...

Occam, la verdad es que nunca escuché a Hanglin, solo lo ubico por su etapa de nudista, a decir verdad un poquito ridícula.

Me refería más bien a los puntos de coincidencia entre sectores con identificaciones partidarias o ideológicas diferentes... va a ser interesante ver que alineamientos se producen luego del tsunami de estupidez berreta del kirchnerismo.

Siempre creí que uno de los peores delitos de estos tipos es el de bastardear el progresismo y empujar los valores del sentido común, la eficiencia y el pragmatismo hacia una derecha que ni siquiera está a la altura, y que comparte unos cuantos defectos con el gobierno.

Occam dijo...

Mensajero: Es uno de los síntomas del último hombre el de la autocomplacencia, el conformismo por lo logrado (que no es resignación, sino descanso triunfal), y por ende, la apatía. No existe política en el fin de la historia, porque ya no hay nada por hacer. Ahora sólo cabe seguir la inercia, que nos llevará a un futuro aun más veturoso. Atisbar que tal ingenua y preconsciente creencia puede llegar a ser falsa, llenaría a todos de una angustia definitiva, porque están desarmados intelectualmente, y sobre todo, espiritualmente, para encarar cualquier cambio.
Entonces, como ha ocurrido en todo sistema de pensamiento en decadencia, las elites y los adherentes satelitales de ellas gritan cada vez más fuerte, y al mismo tiempo, se tapan los oídos. Es ilustrativo Michel Maffesoli en su último libro, del que prometo hablar próximamente.

En el comentario que borró, seguramente le decía que no tenía que mortificarse por no haber respondido escrupulosa y puntualmente a un programa vital preimpuesto, y que el vagabundeo sólo puede hacerse en juventud, por más que el sistema indique: dedicación y método en la juventud; prolongada vejez en plenitud (estilo propaganda de AFJP), tirando la chancleta.

Un abrazo

Occam dijo...

Almafuerte: Seguramente, esta derecha actual es tan trucha como el progresismo retardatario de las elites gobernantes. Pero igual es importante hacer estas precisiones (no sin antes aclarar que soy natural, espiritual e intelectualmente refractario a esa decimonónica clasificación de "izquierda" y "derecha" que, cuándo no, resultó ser bandera de los arqueopolíticos que proclamaban la necesidad de claras identificaciones al respecto, v.gr., la "transversalidad"): En el ideario colectivo, pragmatismo y eficiencia estuvieron siempre asociados a la derecha, en confrontación (siempre estúpida, como toda simplificación) con idealismo y distribucionismo, que fueron las banderas de la izquierda.

Mis cordiales saludos.

Mickey dijo...

Acuerdo con que Hanglin es piola.
Pero acá, trampea un poquito.

Nadie puede estar en contra de la mitad de las cosas que expone. Y con la otra mitad, en casi todo, los que no están de acuerdo es porque les han quemado la cabeza (por ejemplo, la idea que la educación debe ser "divertida, sin autoridad, relajada").
Solo discreparía, en mi caso, con el tema sexual, familiar, y alguna otra cosa más. Pero tal vez, porque yo también tenga la cabeza quemada...

De hecho, así (como Hanglin lo hace soñar a González) funcionaron todas las sociedades gobernadas por la izquierda.
Podemos discutir los métodos de control social, pero nadie puede decir que en la URSS era todo un descontrol. Igual Europa del este.
Hoy nomás, China ofrece eso al mundo capitalista. Negocios con orden comunista.
Cuba mismo. No es un descontrol. Lo esta empezando a ser. Y esa es una señal del caos que vendrá.

Tengo varios amigos criados en la disciplina del PC.
Todos fueron niños prodigio. No porque la naturaleza los dotó, sino porque los padres los cagaban a trompadas si no estaban limpios, bien vestidos, peinados, con la tarea hecha, sacando 10, siendo buenos deportistas, sin fumar, sin tomar, etc., etc., etc.
Resumiendo: alguén se imagina a Marx (o a Engels, Lenin, Trosky, Stalin, Prestes, Tito, Mao) abrazado con un pibe de sociales con mugre de 3 días, rasta y barba mal cuidada?????

No jodamos.
No hay sociedad sin ese orden básico.
Y lo que se nos presenta como "derecha" es en general, casi solamente el contrato básico de la sociedad.

Occam dijo...

Mickey: Completamente de acuerdo. Lo que nos lleva a la crisis de esa vetusta clasificación decimonónica y burguesa entre derechas e izquierdas. Cualquier progre autoproclamado de izquierda le dirá, empero, que la URSS, o la misma Cuba, han desviado el rumbo. Que el "socialismo real" en realidad no es socialismo (porque los utopistas inmaculados no pueden mancharse con las consecuencias disvaliosas del poder; cuando se vayan los K, van a decir que la delincuencia, la marginalidad, las mafias, etc., son producto de la corrupción "peronista"; y ellos, los grandes sostenedores ideológicos del inmovilismo y el anti-sentido común, van a salir limpios a volver a perorar en las mesas de café, los suplementos de cultura de los diarios y los ateneos).
El socialismo real, como toda aplicación social de una teología, es profundamente moralista, como usted acertadamente apunta. En todos esos regímenes se ha perseguido la homosexualidad, la prostitución, el alcoholismo, la drogadicción, y por supuesto, la delincuencia común, que se consideraba lumpen, o sea, antiproletaria por definición.

Creo que Hanglin se refiere irónicamente al etiquetamiento de aquéllos que tienen el poder de etiquetar, de censurar, de acallar a los gritos, de anatematizar.
Lo mismo surge del artículo de Desierto de Ideas que reproduje días atrás como Actualización para desactualizados (véase la última oración). El autor, muy vinculado con el complejo bodrio (antiguo guiso que comían los griegos, en el que ponían todo tipo de alimentos y sobras) cultural del kirchnerismo, enseguida aclara que cada cosa que dice estimulado por el sentido común lo hace bajo el riesgo de ser "acusado" de ser de derecha.

Suerte ha tenido usted de encontrar PCs tan prolijitos. Es cierto que el PC tradicional era un tipo conservador y metódico, austero, solemne. Algo de eso le habrá legado a sus hijos, de los que uno conoce, como al pasar, a Filmus, Telerman, Ibarra, Sigal... Pero los hijos de los hijos ya son otra cosa. Caído el muro, ya no hay proyecto, y lo único que queda es el odio al orden, y las ganas de destruirlo, el recelo a la norma, a la autoridad, a la legalidad, y la natural simpatía hacia todo tipo de transgresión, aun las más aberrantes, las cuales enseguida encuentran una justificación "estructural" (otro defecto del pensamiento marxista, tan simplificante, tan reductor). También hay que apuntar que el PC desde siempre fue minoritario en el universo de las izquierdas, quizás justamente por su férrea disciplina, su estricto código de conducta, su resistencia a la diferencia (un partido sumamente expulsador).
Como siempre digo, la izquierda es hoy día solamente una maquinaria de ejercicio de una crítica radical, pero no ofrece soluciones, no es capaz de pensarlas, siquiera, porque el círculo opresivo del criticismo exasperado impide el ejercicio de la creatividad superadora. Por eso, cuando la gente reclama soluciones, la respuesta de estos intelectuales de izquierda, conduce siempre a explicar que el Código Penal es producto de la clase dominante, que la policía es un cuerpo funcional a determinados intereses, etc., etc. Pero no responden a lo que se les pregunta. Sencillamente, porque no pueden. Porque no tienen nada alternativo que proponer. Y todo régimen de izquierdas que no quiso ser devorado por la anarquía terminó por adoptar, finalmente, las mismas instituciones burguesas que denostaba y que combatía (la policía, la cárcel, la burocracia, las jerarquías, la clasificación, etc.).

Mis cordiales saludos.

Mickey dijo...

Es que al final, las ideas políticas (y los sistemas que engendran) chocan con lo escencial al ser humano.

Occam dijo...

Mickey: Las ideas políticas que chocan contra el ser humano son aquéllas que en realidad no comprenden al ser humano ni al mundo, y que pretenden cambiarlo, modificarlo, hacerlo distinto, mejor, "el nuevo hombre", "un mundo mejor", etc.

El "Facho" Martel dijo...

Coincido plenamente con lo expresado por Hanglin. Y coincido con los que opinan que lejos del “correctismo político” el tipo está en una posición, en la que se puede permitir decir absolutamente “lo que se le canta”.
Y me quedo especialmente con este párrafo: “Puede decirse que el país, con sus auges y decadencias, construyó paulatinamente las ideas de González: ahora piensa -incluso- que el derecho de huelga no debería existir para los gremios de estricto servicio público, como los docentes, los transportistas, los médicos, los policías, enfermeras.”
Cuántos piensan como él o como cualquiera de nosotros? No pocos, evidentemente. Lástima que a la hora de votar, terminemos eligiendo por descarte, en lugar de adherir a una opción que sea representativa.
Porque si Macri, Sobisch ó De Narváez representan a la derecha vernácula, voy renovando el pasaporte y me hago ciudadano cubano. Por lo menos Castro es un dictador de derecha de veras, y no un patético maricón neoliberal