Un chico de 15 años asesinó a puñaladas en el cuello a otro de la misma edad, harto de recibir agresiones, insultos y robos de su parte. Lo enterró en el fondo de su casa, entre una higuera y una cucha de perros, y puso dos maderas encima de la tierra removida, en forma de cruz. A los dos días no pudo más con el remordimiento y confesó todo. Ahora está recluido en un instituto de menores de máxima seguridad.
Perfil del asesino:
- No tenía antecedentes.
- Era alumno de la Escuela Media Nº 2 de Ezeiza, donde tenían un muy buen concepto de él y se sorprendieron de la noticia.
- Según una prima, “es un nene tranquilo, estudioso, que no sale de su casa y se saca buenas notas. Sólo iba a jugar al fútbol a media cuadra y volvía. ¿Por qué lo mató? Seguro que se habrá cansado de todas las veces que lo golpeó, le robó y lo extorsionó”.
- Según la novia de la víctima, “un antisocial que no sirve para nada. Ya nos vamos a vengar, porque lo que hizo no tiene explicación. Yo le voy a romper toda la casa, va a tener que pagar”.
- Según un tercero (locador de la familia del homicida): “Es gente muy trabajadora y realmente lo que pasó nos sorprendió a todos”.
La sutil metáfora poética de la cumbia villera. Sólo para entendidos.
Perfil del asesinado:
- Tenía profusos antecedentes policiales. Estaba implicado en seis causas, pero al ser menor era inimputable. Fuentes policiales indicaron que Oscar Villalba habría estado varias veces internado en institutos de menores por robo agravado.
- No estudiaba.
- Lo apodaban “Oscarcito”.
- Según los vecinos de Spegazzini, “era el cabecilla de una bandita de pibes chorros, muy pesada, a la que le dicen Los Gitanitos. Este nene siempre robaba, se peleaba con todos, se agarraba a trompadas y agredía a la gente. La gente le tenía miedo. Para muchos es un alivio que ya no esté más”.
- Según una vecina contigua: “Una vez jugando con un arma le disparó en la cara a una amiga. Fue sin querer y ella se salvó de milagro. Era un chico que un día te saludaba y al otro día te estaba pegando. Muchas veces hablé con él y le dije que cambiara pero nunca me hizo caso y mirá ahora cómo terminó”.
- Según otra vecina (Marta): “Era muy temido en el barrio. Desde que él llegó, hace diez años, todo cambió, se volvió peligroso. Los chicos no podían jugar al fútbol tranquilos, porque él pasaba y los provocaba. Algunos me parece que deben estar festejando que lo hayan matado”.
- Un amigo de la víctima: “Siempre robaba. Te vendía un Rolex a cinco pesos. Vendía de todo y barato. Estaba lleno de PlayStation y DVD”.
Laura, la novia de 20 años de la víctima de 15, en un ataque de nervios al enterarse de la infausta noticia. Foto: www.criticadigital.com.ar.
- Según su novia Laura, de 20 años: “Le decíamos Oscarcito. Nos criamos juntos y hasta nos drogábamos juntos. A él le gustaba la cumbia villera y era bien chorro. Era bajito, petiso, una pulga, más flaco que un alfiler. No iba a la escuela, él salía a robar y a molestar a la gente, a hacer sus cositas. Lo que pasa es que se drogaba, tomaba de todo, mucho paco, y por eso salía a robar. Estaba enfermo, lo hacía por necesidad. Los canas lo identificaron porque lo conocían de memoria. Yo vivía con él en la misma casilla y muchas veces salimos a robar juntos. Después yo me abrí porque tengo dos hijos, pero él y yo éramos uno”.
“Era tremendo. Ya desde chiquito si te veía jugando a las bolitas, te las robaba. Tenía una vida muy turbia. El salía a robar porque estaba consumido por el paco, pero era un re buen pibe, de muy buen corazón. Lo conocí cuando empezó a caminar y andaba en pañales. Siempre fue chiquito de cuerpo, pero te hacía frente, tengas la altura que tengas”.
[Fuente: PERFIL, Sábado 6 de septiembre de 2008, pág. 50 –Cronista: Érica Sánchez]
Paco. El mejor "amigo" de los pibes.
Crítica Digital, en tanto, consignó sobre el asunto:
Sus compañeros de la escuela de educación medía número 2 de Ezeiza definieron a Rodrigo como un chico estudioso y tranquilo. Hasta los informes escolares lo califican con buen concepto. “Era antisocial. Tenía buenas notas. No salía, no tomaba alcohol y hablaba poco”, dijo Mariela, una compañera. La víctima era la antítesis: le gustaba la cumbia y había dejado la escuela hace tres años. Una vez lo detuvieron por robarle el estéreo a un ex maestro. Vivía con su madre y siete hermanos en una casilla del barrio La Flecha, a diez cuadras de la casa de Rodrigo.

Intenso operativo para buscar el arma homicida, con peritos forenses y personal de investigaciones de la Policía Bonaerense. La presencia estatal, onerosa para todos en este tipo de pesquisas, sólo existe cuando la tragedia se ha desencadenado. Foto: www.diarioperfil.com.ar
El Estado se replegó, abandonó a los pobres, desprotegió a la gente honesta, que trabaja y estudia, en beneficio de las lacras sociales, que como caciquejos prepotentes mandan y deciden sobre un conjunto amplio de la población, con base en el miedo y la arbitrariedad. La víctima tenía antecedentes, le había pegado un tiro en la cara a alguien, robaba y extorsionaba abiertamente a otros pobres, se drogaba y todos lo sabían, comandaba una banda peligrosa, y nadie hacía nada. Su final tiene visos de crónica anunciada.
El Derecho penal de menores vuelve a mostrar su fracaso, con su falsa visión humanitarista que pretende justificar todo con la situación social, como excusa para desentenderse del problema. En dos víctimas simultáneas. Un chico que estudiaba y buscaba tener un futuro y que se arruinó la vida, y otro que podría haber sido detenido a tiempo, en beneficio de la comunidad y de su propia existencia.