martes, 1 de diciembre de 2009

Sigan Participando

Reformulando la utilidad de la Democracia.

La Presidenta de la Nación, haciéndose eco de esta tendencia a solazarnos en una orgía de buenas intenciones y lugares comunes, pero destilando, para quien quiera entenderlo, también un hilo de íntima sinceridad, ha dicho, sin mucha originalidad, para variar, que “lo más clave de una democracia no es sólo el poder votar sino que dé igualdad de oportunidades a todos sus miembros de modo tal que el hijo de un trabajador pueda llegar tal vez a la más alta magistratura de un país”. La alocución, claro, como nos tiene acostumbrados, esconde un guiño autorreferencial.

Ella misma, hija de un colectivero radical de Tolosa, luego de atravesar gran parte de la carrera de Abogacía en La Plata, de haber participado de algunas asambleas de la JUP, y seguramente, haber adherido entusiasta a casi todas las mociones de anhelo planteadas por sus compañeros (para que los yanquis se retiraran de inmediato de Vietnam, para que cesara el bloqueo a Cuba, etc.), de haber sido legisladora provincial en Santa Cruz y haber participado protagónicamente en la destitución del gobernador Del Val (PJ), de haber sido senadora nacional por Santa Cruz por un montón de años, y luego senadora nacional por Buenos Aires por dos años más, llegó al sillón de Urquiza (unitariamente, llamado de Rivadavia, pero qué se le va a hacer…), o sea, a “la más alta magistratura de un país”.

La primera mandataria de nuestro país nació el 19 de febrero de 1953, es decir, durante el segundo gobierno peronista. Es decir, nació en Democracia. Empero, cuando tenía dos años de vida, un feroz golpe militar instaló un gobierno de facto, primero en cabeza de Lonardi, luego de Aramburu. Cuatro días después de que la pequeña Cristina había cumplido los 5 años de edad, las elecciones nacionales convocadas por el gobierno de facto, con la proscripción del Justicialismo, le dieron el triunfo a la UCRI de Arturo Frondizi, que asumió el 1º de mayo de 1958. Cuando la pequeña platense cumplía 9 años, un mes y 10 días, Frondizi fue depuesto por un golpe militar y encarcelado en la Isla Martín García, luego de otro inaceptado triunfo del peronismo en las elecciones, en 10 de 14 provincias, incluida la de Buenos Aires. Asumió el gobierno de facto un civil, José María Guido, que ejerció las funciones ejecutiva y legislativa de la Nación hasta el 12 de octubre de 1963, momento en que asumió Arturo Illia, luego de unas elecciones limitadas, en las cuales obtuvo el 25% de los votos. Por ese entonces Cristina tenía 10 años y 8 meses, casi. Levantada la proscripción del peronismo para las legislativas de 1965, ese sector político ganó ampliamente, lo que derivó en que, el 28 de junio de 1966, fuera derrocado el gobierno por un nuevo golpe militar. Cristina tenía entonces 13 años y 4 meses, y estaba en primer año del colegio secundario. Toda su educación media la pasó en el contexto de gobiernos de facto (“dictaduras”, como luego se los bautizó): Onganía (1966-70), Levingston (1970-71) y Lanusse (1971-73). Al momento de las elecciones de marzo de 1973, la joven Cristina tenía 20 años recién cumplidos, y suponemos entonces que desde hacía dos que estaba en la Universidad Nacional de La Plata. El golpe del 24 de marzo de 1976, en consecuencia, la encontraba con 23 años, 1 mes y 5 días de edad, aún cursando sus estudios universitarios, y casada desde hacía casi un año. Por ese entonces (no queda claro si antes o después, pero por ahí), se radicaba en Río Gallegos, y comenzaba a conocer e internalizar la dura y fría vida en los territorios del “salvaje Sur” argentino, zona de fronteras, de inmigraciones recientes y hombres solos, duros y taciturnos, que llegaban tentados por los buenos sueldos del mercado petrolero y carbonífero, y cuyas únicas distracciones pasaban por el juego, el whisky y las compañías femeninas rentadas, y donde la presencia militar, como toda zona de frontera en situación de inminente conflicto (recordar las tensiones diplomáticas con Chile de esa época), era realmente muy importante, por no decir, absolutamente determinante de la vida social y política. Por esa época, la futura presidenta, aparentemente, se dedicó a la actividad doméstica, y ello continuó así hasta mediados de la década del ’80.

A partir de allí, la Democracia posibilitó el cumplimiento de esa deslumbrante promoción social, que la llevó a ocupar todos los cargos públicos ya rememorados, y finalmente, a partir de 2003, a potenciar la natural capacidad comercial y administrativa del matrimonio, y expandir su patrimonio, de algo menos de 2 millones de pesos a algo así como 48.

Tenemos entonces que, de sus primeros 30 años de vida, Cristina pasó 19 en el marco de gobiernos de facto, que incluyó tercer y cuarto años de la primaria, toda la secundaria y parte de la universidad; 6 en el marco de gobiernos de apariencia democrática pero con mayorías proscriptas, que comprendieron el resto de su educación primaria, y 2 y pico en el marco de un gobierno democrático pleno, pero flanqueado por un nivel de conflictividad y violencia inéditos, que se manifestó particularmente en el ámbito universitario, con tomas de facultades, estados deliberativos permanentes, etc., al punto que poco después en los avisos clasificados se advertía que no se considerarían a los postulantes que hubieran cursado estudios profesionales en esos años perdidos.

¿Qué significa entonces ese consejo autorreferencial, disfrazado de máxima universal? Si leemos rectamente, al hacer alusión a la “igualdad de oportunidades”, es decir, en el punto de partida, y a lo del “hijo de un trabajador”, parecería que alude a su formación educativa. Sin embargo, como vimos, la misma se desarrolló en el ámbito de gobiernos no democráticos o poco democráticos, situación que repercutía, lógicamente, en la vida educativa (más allá de que la Democracia y la Educación sean ámbitos no necesariamente vinculados, a no ser, en el empleo de la segunda como reafirmadora de la primera; y que la democratización educativa sigue generando polémicas en términos de resultados y éxitos, cuando no, en un aspecto meramente ontológico).

Entonces, está claro que la Democracia genera oportunidades “a favor de cualquier hijo de vecino” cuando se proyecta en función de su propio ámbito, o sea, el de la representación política. Así puede encajar la teleología final de todo el axioma: “llegar a la primera magistratura del país”.

Sin ponernos a profundizar en la álgida cuestión que determina que no sólo la Democracia sea vehículo de semejante promoción, es claro que del consejo autorreferencial con pretensiones de universalismo, se desprende, desde el orden práctico, la necesidad de hacer política, en lo posible, ejercer cargos, o sea, hacer política desde los partidos y estructuras con capacidad de ganar elecciones, y siguiendo con semejante ejercicio de reducción, en la estructura del partido que gobierna. No deja de ser cierto que la única forma de llegar a lo que uno apetece sea, primeramente, involucrarse. Como en el chiste del rabino que le pedía insistentemente a Dios que le hiciera ganar alguna vez la lotería, al que Dios finalmente le respondió “para ello, en vez de pedirme tanto a mí, primero andá a comprar un billete”.

Tampoco debe dejar de señalarse que no puede, a lo obtenido de la casualidad o de ciertas contingencias casuales, atribuírsele un carácter metodológico, tal como si se le otorgara una secuencia de sucesos plenamente planificados al decurso de una vida, que siempre es aleatorio (salvo en algunas biografías de manuales para escolares).

De modo tal, que queda acreditado: el único vehículo de ascenso social que proporciona la Democracia (por lo menos, ésta que tenemos) es en el marco de la política partidaria, del ejercicio de cargos, de la administración de recursos estatales. No se trata de un fallido (podría mejor haber dicho “…de modo tal que el hijo de un trabajador pueda llegar tal vez a ser un gran científico, o un gran artista, o un exitoso empresario”), sino de una convicción nacida de una experiencia exitosa, y que se propaga y prolonga.

Claro está, como toda corporación endogámica (casi incestuosa, al decir de Luis en El Parte del Torrero), progresivamente va generando cierres sociales por exclusión —en el concepto weberiano, luego retomado por Frank Parkin— que impiden un acceso irrestricto y plural, y reservan los espacios para los propios. De forma tal, que ya para estas épocas de Democracia evolucionada-distorsionada en sus formas oligárquicas, probablemente, el mensaje debiera ser el que sigue:

“Lo más clave de una democracia no es sólo el poder votar sino que dé igualdad de oportunidades a todos sus miembros de modo tal que el hijo de un político pueda llegar tal vez a la más alta magistratura de un país”.

El 15 de octubre de 2009 el diario digital Urgente 24 publicó, con la firma de Ricardo Mangano, una serie de ejemplos de “La política como bien de familia”. Aquí reproduzco algunos:

Nombre

Cargo/Función

Parentesco

Cargo

Miguel Pichetto

Jefe FPV Senadores

Hijo

Director por el Estado en ALUAR

Julio De Vido

Ministro de Planificación

Esposa

Síndica General Adjunta SiGEN

Diego Bossio

Titular ANSES

Esposa

Síndica General Adjunta SiGEN (renunció)

Eduardo Fellner

Pte. Cám. Diputados

Esposa

Senadora Nac.

José Luis Gioja

Gobernador de San Juan

Hermano

Senador Nac.

José Luis Gioja

Gobernador de San Juan

Hermano

Diputado Nac.

Hugo Perié

Diputado Nac.

Hermana

Diputada Nac.

Agustín Rossi

Jefe FPV Diputados

Hermano

Diputado Nac.

Dante Camaño

Diputado Nac.

Hermana

Diputada Nac.

Sergio Massa

Intendente Tigre ¿Diputado Nac.?

Esposa

Concejal Tigre

Héctor Recalde

Diputado Nac.

Hijo

Director Aerolíneas

Remo Carlotto

Diputado Nac.

Madre

Pta. Abuelas Plaza de Mayo

Carlos Kunkel

Diputado Nac.

Esposa

Senadora Pcia. Bs. As.

Alfredo Atanasof

Diputado Nac.

Hijo

Diputado Pcia. Bs. As.

Hilda G. de Duhalde

Senadora Nac.

Yerno

Diputado Pcia. Bs. As.

Mauricio Macri

Jefe de Gob. CABA

Ex Cuñado

Legislador CABA

Ricardo Ivoskus

Intendente San Martín

Hijo

Concejal San Martín

Juan C. Bartoletti

Intendente Los Toldos

Esposa

Senadora Pcia. Bs. As.

Ariel Basteiro

Diputado Nac.

Hermano

Legislador CABA

José Alperovich

Gobernador Tucumán

Esposa

Diputada Nac.

Mario Das Neves

Gobernador Chubut

Hijo

Subsecretario Chubut

Antonio Cafiero

Senador Nac. (MC)

Hijo

Embajador ante El Vaticano

A esta lista se le suman otros Cafiero haciendo política por todos lados, los Vaca Narvaja, los Abal Medina, los Iribarne, los Posse, los Balbín, los Alfonsín, un Nosiglia (hijo) presidiendo la Juventud Radical, los ya acostumbrados hijos sindicales, los Kirchner por supuesto, y un largo etcétera que ya parece configurar, claramente, un cerrado círculo de pertenencia/exclusión, que signará los años venideros de esta Democracia-igualadora de oportunidades.

13 comentarios:

Todos Gronchos dijo...

Impecable. La autoreferencia que bien señalás la venía pensando cuando manejaba y escuché por radio su discurso, pero claro, si yo pudiera escribir como vos...

Saludos!

Occam dijo...

Groncho: No se me haga el modesto, que usted escribe maravillosamente, y le pone a cada plato la pimienta y el ají putaparió tan necesarios en la dieta poderosa que necesitamos para sacarnos de tanta abulia hipocalórica.

Un abrazo.

Occam dijo...

Groncho, otra cosita. Ahora que me dice que maneja, le aconsejaré que tenga cuidado con el modelo de auto en que se moviliza. Espero que sea con capota y modelo 94 para atrás (exceptuando coches de colección). No sea cosa que se lo cruce por allí Violeta Urtizberea o alguno de sus protegidos, y tengamos que lamentar una desgracia.

Destouches dijo...

Excelente. Pruebas al canto. Creo que ya no se puede discutir que nuestra democracia (que supimos conseguir con tanto esfuerzo y de la que nos vanagloriamos, conforme a la cantilena general) ha adquirido inocultables ribetes oligárquicos. Se trata de una nueva clase parasitaria del resto de la sociedad, que funciona y actúa según una lógica propia de clase. Aun cuando repiquen continuamente con el viejo calificativo de oligarca aplicado a todo aquél que se les opone y sufre sus pésimos gobiernos, está claro que una nueva y verdadera oligarquía se ha enquistado en el poder.

gatorall dijo...

Excelente como siempre Occam.me encantó lo del sillón de Urquiza, que es como debiera ser.también el bicentenario en 2016.Que los porteños gorilas no olviden los "martires de Cabeza de Tigre"CLAMOR.Saludos

Occam dijo...

Destouches: Claramente, nuestra democracia ha degenerado en oligarquía, y la sociedad se ha fragmentado ampliándose la brecha social, entre desposeídos amuchados y al acecho (promovidos, protegidos y mantenidos en la miseria por la oligarquía política, que obtiene luego de ellos el frío apoyo numérico), y ricos muy ricos, viviendo de los nuevos negocios progresistas: el juego, los "medicamentos", el entretenimiento (todos ellos, provistos por la oligarquía política, que participa y luego es financiada), las finanzas, los "mercados cautivos", pertrechados de gruesas custodias, autos blindados o directamente helicópteros, mansiones amuralladas... En el medio, una clase media raquítica, que es la única que todavía cuenta con que la polícía podrá defenderla, que se calza sobre los hombros la mayor presión impositiva, y que es la única que se siente defraudada, porque culturalmente también es la única que cree en "las reglas de juego institucionales". Un panorama demasiado parecido a las pesadillas bananeras que caracterizan a tantos parajes de nuestra Latinoamérica.

Mis cordiales saludos.

Occam dijo...

Gatorall: Muchas gracias por su comentario. Sillón de Urquiza debería llamarse, pues fue el entrerriano el primer presidente de acuerdo con nuestra Constitución Nacional de 1853. Rivadavia lo fue, en virtud de una constitución unitaria de 1826, fuertemente rechazada por casi todas las Provincias Unidas (por lo tanto, stricto sensu, no constitución, sino un mero "cuadernito", una proclama en todo caso). Coincido con que el bicentenario es en 1816. Pero dentro de las contradicciones de nuestra Patria, no hay que olvidar que, aun con el Congreso de Tucumán, se entroniza como institución presidencial primeramente el Directorio Supremo, de corte netamente unitario, y cuyos diversos titulares (Pueyrredón, Rondeau) se hacían llamar "Alteza", y apoyaban la instalación de una monarquía unitaria.
Adhiero al recuerdo de nuestro Conde de Buenos Aires, héroe de las invasiones inglesas.

Mis cordiales saludos.

Mensajero dijo...

¿Existe "lo más clave"?
Para mí la clave es una sola.
Tal vez no esté mal, pero suena feo.
Lo autoreferencial es una tentación que somete al vanidoso.
Yo trato de escaparle (muchas veces sin éxito), es lo más prudente; el papelón está ahí nomás.
¿Usted sabe si el nepotismo post 83 resulta relevante si comparado con nuestra historia? ¿Es una tradición nacional?
¡Saludos!

Mensajero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Occam dijo...

Mensajero: Usted me hace reír. La misma duda me asaltó a mí cuando lo leí por primera vez (y la verdad, cada vez que lo vuelvo a leer). Ciertamente, suena mal. Si nos vamos a poner precisos, siempre la clave es una o muchas, pero ninguna "más" que otras, porque en tal caso, las otras, ya no son claves. Casi diría, es un sucedáneo del inefable "más mejor". Por eso lo dejé así, sin comentarios, e incluso lo repetí un par de veces, a ver si alguno saltaba, y finalmente, fue usted.

El nepotismo es una distorsión tan antigua como el poder y la familia, supongo. De hecho, no sé si está mal confiar en los hermanos o parientes cercanos más que en los desconocidos. Es más: la mayor parte de los conchabos se consiguen por recomendaciones, y no por pruebas o concurso de antecedentes.
Sin embargo, esto que se exterioriza es otra cosa. Se trata de las familias de políticos concertadas corporativamente para sostener un sistema cerrado de poder. Las generaciones que viven de la teta del Estado, ocupando cargos, electivos o funcionariatos, pero siempre siempre encontrando un hueco estatal donde aposentar sus nalgas. No importa partido, color, convicción o principio. Tan sólo seguir aferrado, como se pueda, a la cornucopia que sostenemos los contribuyentes.
Por ello también la corporación política termina arribando a un núcleo de coincidencias sustanciales realmente llamativo. Ésa es una de las claves del kirchnerismo. Todo lo que plantea es recibido fragmentariamente por la oposición, que expresamente, en todos los casos, está de acuerdo con la mayor parte de las cosas, y critica tres o cuatro pavadas (en las que encima, disienten entre ellos). Gran parte estuvo de acuerdo con la estatización de Aerolíneas, con la contratación directa del gasoducto de Techint, con la quita del 75% de la deuda soberana, con la creación de Enarsa, con la estatización de la ANSeS (porque todos quedaron más o menos cautivos del discurso opositor anti privatizaciones de los '90). Ahora todos estaban de acuerdo con la ley de medios, y disentían en algunos puntos nada más. O con la reforma política lo mismo. Si se trabó lo de la 125 fue por la pueblada, por el repudio generalizado de la sociedad civil, que entonces obligó a los opositores a sobreactuar su apoyo al campo. Si no, salía también.
En una situación en la que la corporación política se mueve con increíble labilidad cuando se trata de cuestiones nacionales, y con unánime espíritu de cuerpo cuando lo que se toca es su propio "medio de vida" (Cobos en realidad los salvó a todos del incendio; lo hizo más por espíritu de supervivencia que por elección personal), no se entiende por qué sorprende la borocotización. Es más: resulta lo más natural del mundo. Colombi fue antikirchnerista para ganar las elecciones, o sea, para engrupir al electorado, y ahora es kirchnerista para tener plata para gobernar. Les dice a los correntinos que lo hizo por el bien de ellos. Y hay que creerle. No le conviene a los correntinos oponerse a la oligarquía centralista, porque van a pasar penurias. Entonces la clase oligárquica de los políticos ofrece todas las alternativas del espectro (elegir entre primos, por ejemplo), acapara todas las opciones, y termina haciendo "lo que mejor le hace al pueblo". Sin el pueblo, o defraudando o engañando al pueblo. Aun contra el pueblo. Curiosa forma de democracia que hemos obtenido. A esa degeneración los griegos la llamaban oligarquía. Y el término está más adecuadamente aplicado a este caso que a su "metáfora" social referida a los ricos.

Mis cordiales saludos.

El "Facho" Martel dijo...

Ahora me pregunto: Dónde entra en esta cronología la militancia de la Sra. Fernández de Kirchner en la agrupación Montoneros? En que época exactamente y cuales fueron los atentados en los que participó junto a su esposo? O tengo que empezar a desconfiar en los cientos de mails redactados por los “bien nacidos” oligarcas representantes de la “Agrocracia”?

PD: Si al General Perón lo llamaban el “Tirano” en épocas de la infame “Revolución Libertadora”, ningún presidente de facto, y mucho menos sus seguidores tendrían que ofenderse porque a sus gobiernos los tilden de “Dictaduras”.

Occam dijo...

Martel: Los que nos ofendemos somos nosotros, no los militares. Por lo menos, los que apreciamos cierta rigurosidad en el uso de los términos políticos y valoramos algunos logros significativos de esa institución romana de excepción, por ejemplo, en cabeza de Camilo o de César, y en nuestra patria, del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas.

Mis cordiales saludos.

Claude dijo...

¿Qué podemos esperar de gente que, en promedio, ha pasado décadas viviendo del Estado, es decir, del resto? El que tiene un oficio lega ese oficio a sus hijos o tiende a sumar a él a sus “seres queridos”.