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sábado, 29 de septiembre de 2012

Tucumán x 2



Curiosos paralelismos sucedidos en el mismo lugar con 162 años y 8 meses de diferencia. Sobre todo, cuando los mismos residen en curiosas casualidades que otorgan la victoria a las tropas que se hallan en absoluta desventaja, tanto numérica como de armamento y pertrechos. Victorias providenciales que representan un punto de inflexión en la guerra que se libra, que permiten obtener arsenal de calidad y en cantidad, que elevan la moral propia y llenan al enemigo de dudas y vacilaciones, que devuelven la iniciativa y permiten avanzar y asegurar territorio.

“El triunfo de Tucumán permitió a los rioplatenses o argentinos confirmar los límites de la región bajo su control”, leemos en Wikipedia.


Días atrás gozamos de un nuevo y excepcional fin de semana turístico con la excusa del bicentenario de la batalla de Tucumán (24 de septiembre de 1812), la más importante y decisiva de las que, en el marco de la guerra de independencia, se libraron en el territorio argentino.

Esa conmemoración nos recuerda otra contienda más reciente: la que se librara hace 37 años en el monte tucumano entre el Ejército Argentino (enviado allí por el gobierno nacional democráticamente elegido 2 años antes por la abrumadora mayoría del pueblo argentino) y un ejército internacional que unilateralmente lo había señalado y erigido como su enemigo.
En 1974 el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), brazo político del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) había elaborado un Informe Político Militar de Tucumán en el que consideraba: El enemigo (Ejército Argentino) cuenta en todo el país con 4 cuerpos de ejército, compuestos por 2 ó 3 brigadas con un promedio de 15.000 cada cuerpo. Del total de las 10 brigadas que tienen, 2 son blindadas, una mixta, las otras 7 son de infantería (una de monte, otra de montaña, una aerotransportada y 4 de infantería de llanura), que no pueden emplear en su totalidad por ser en su mayoría guarniciones que defienden ciudades” [Revista El Combatiente, Ediciones del PRT, 1974].


Ya durante los primeros meses de ese mismo año el ERP había enviado en forma escalonada 150 combatientes graduados y perfeccionados en Cuba y en numerosas operaciones especiales y entrenamientos en campo, hacia las localidades de Famaillá y Monteros, cuya población era mayoritariamente campesina y obrera. Allí la empresa Textil Grafonor y los ingenios azucareros Nuñorco, Providencia, Santa Rosa y Fronterita daban trabajo a 3.800 obreros permanentes y dotaban a las poblaciones de escuelas, centros asistenciales y un equipo de fútbol. Era lo que quedaba luego de que, en 1967, su hubieran cerrado 11 ingenios azucareros que dejaron sin trabajo a 15.000 personas.
Siete años antes, esa circunstancia, junto con la de que el país se hallaba gobernado por un régimen de facto, podría haber propiciado las famosas “condiciones prerrevolucionarias” que se afanaban en perseguir los grupos guerrilleros. Pero en 1974 la escala de actividad y poblacional se había adaptado a la realidad acotada luego de los cierres de la década anterior, e intentaba salir adelante perseverando en la producción azucarera nacional, en el marco de un régimen democrático masivamente elegido y apoyado por el pueblo tucumano.
La ruta 38 divide a la provincia de Tucumán (por ese entonces, gobernada por el peronismo, que había accedido al poder con casi el 75% de los votos) en dos regiones: al Este, los altos cañaverales que son como un techo plano e interminable; al Oeste, el monte, muy cerrado, recorrido por senderos angostos y sinuosos, quebradas frías (el sol allí es un privilegio y la tierra se mantiene siempre húmeda, pegajosa y negra) sobre los faldeos de las estribaciones del Aconquija, riachos y arroyos. Una escenografía muy propicia para recrear las fantasías revolucionarias en las sierras boscosas caribeñas. Pero una cosa es una escenografía, en la cual los actores representan sus papeles durante algunas horas, y otra cosa es un ambiente que envuelve, domina, impone y prevalece duramente.
Una cosa es Cuba y otra Tucumán. Una cosa era el Sargento Fulgencio Batista y otra muy distinta era Perón y el peronismo. Santucho, en su entusiasmo y su premura por reproducir como un calco la experiencia cubana, entendió que, confluyendo en un territorio tres factores: caña de azúcar, sierra boscosa y campesinado, alcanzaba para operar un injerto, similar a una franquicia.
Para entrar en el monte, es bien sabido, es imprescindible contar con la asistencia de baquianos, para no perderse en la espesa vegetación donde los senderos se vuelven a cerrar en breve plazo y los huellones se borran enseguida.

Contendientes:
 1. Ejército Argentino                                   









2. Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez
(Ramón Rosa Jiménez era uno de los escasísimos miembros del ERP que tenía origen campesino, por lo que se lo cuidaba y consentía especialmente: fue unos de los primeros seleccionados para viajar a Cuba, donde recibió instrucción militar especializada; cuando fue capturado, en 1971, el ERP facilitó su fuga de la cárcel de Villa Urquiza. Finalmente, fue muerto por la policía tucumana en 1972, y se transformó entonces en el mártir guerrillero-proletario ideal para la propaganda).  

Nacionalidad:

 1. Argentina  
1.200 efectivos (100 oficiales, 300 suboficiales y 800 soldados) que rotaban en la montaña, provenientes del Ejército, Gendarmería y la policía provincial [Se emplearon en total 3.600 hombres, a lo largo de un año de operaciones]. En general, las tropas eran de extracción social baja, y provenían casi en su totalidad de Tucumán, Salta, Santiago, Jujuy y Catamarca, a diferencia de sus oponentes, que eran casi en su totalidad universitarios de clase media y media alta y (los que eran argentinos) provenían en su mayoría de la Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Neuquén y Mendoza.                                           

2. Internacional
Escribe el periodista tucumano Eugenio Méndez en su libro Santucho. Entre la inteligencia y las armas, Ediciones de La Toma, 2001, página 113: «Esto determinó que cuando la instrucción erpiana tocaba su fin y se preparaba un operativo, algunos pobladores reconocieran la presencia de elementos foráneos, extraños en su forma de hablar, que se delataban cuando pedían “libras de azúcar” en los almacenes rurales. Dicha situación determinó que dieran aviso de inmediato a la policía, que inició una investigación».
El pelotón que bajó del monte a la ciudad de San Miguel de Tucumán y asesinó, el 1 de diciembre de 1974, al capitán Hugo Viola, a su hija María Cristina de 3 años, y le voló el parietal derecho a su otra hija María Fernanda de 4 años, estaba integrado por 3 guerrilleros tucumanos, uno boliviano (N.G. “Lyn”) y uno sueco, llamado Svante Graende (V. op. cit., pág. 126).
«Con el militar secuestrado (el mayor Julio Larrabure) tuvieron problemas y contradicciones, que arrancaron desde el primer día cuando se enteraron cuál era su segundo nombre: Argentino. Por él lo sometieron a ironías, golpes y bromas tétricas, como la de intentar hacerlo cantar “La Internacional”» (loc. cit., pág. 135).
«A pesar de su trabajo político, el ERP no logró adhesiones a la causa, ni en la clase media ni en el sector estudiantil universitario, por lo que la mayoría de los combatientes llegaron de otras provincias o países» (cit., pág. 140).
«Una información fue tenida en cuenta: jóvenes que no eran de Tucumán, no hacían negocios allí y tampoco eran viajantes de comercio, aparecían cada 15 días en lugares de diversión nocturna. Tenían ciertas características: provenían de diferentes provincias (por las tonadas), o de otros países, por los modismos como “oye chico”, “polola” (por novia), “los billetes” (por el dinero), la utilización frecuente del “tú”, y manejaban dólares» (pp. 145-6).

«El contingente original de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez” estuvo integrado por cuadros directivos de la organización, muchos de ellos entrenados en Cuba, y por elementos extranjeros (chilenos, uruguayos, bolivianos y cubanos) enviados por la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR)” [Vicente Massot, Matar y Morir. La violencia política en la Argentina (1806-1980), Emecé, Buenos Aires, 2003, p. 233]   


                                                                        
Efectivos:

1. Ejército Argentino: Sus enemigos los apodaban “perros guardianes del imperialismo” (Rev. El Combatiente, en casi todos sus números. También Estrella Roja empleaba esa terminología tan hollywoodense).
Eran en su mayor parte de baja extracción social, y provenientes de la Región del Noroeste Argentino (NOA). En casi ningún caso, dentro de la soldadesca, tenían más que nivel educativo primario. El contingente se componía exclusivamente de solteros sin hijos, y se destacaban los “voluntarios” (aquellos que se conchababan por techo y comida y los que canjeaban alguna sanción disciplinaria por el combate). El ERP intentó, a veces mediante fórmulas de discurso clasista alambicadas y muy académicas y abstractas, convencer a los conscriptos de desobedecer a los suboficiales (exactamente de la misma extracción social que sus soldados), para finalmente traicionarlos y cambiarse de bando. Obviamente, no tuvieron ningún éxito en ese intento. De hecho, tanto en Azul como en Formosa o en Monte Chingolo, la más eficaz y encarnizada defensa de las instalaciones militares fue realizada por conscriptos, y también son los que en mayor medida dieron la vida en los enfrentamientos con la guerrilla.  

2. ERP: Los apodaban “fules” (que es como en el Norte se les dice a los que hacen trampa) y “monos” (porque habían encontrado a comienzos de 1975 documentación del ERP abandonada, redactada de puño y letra por Santucho, en la que sostenía: “El hombre desciende del mono, comenzó la lucha de clases en la época de la cavernas, enfrentando al jefe de la tribu que lo oprimía”. (V. Nota 2, p. 140, loc. cit.).

 
Finalidad:

1. Ejército Argentino: Recuperar para la soberanía argentina el territorio que el adversario pretendía liberar-emancipar. Acabar con el foco guerrillero.

2. ERP: Ser reconocido como “Ejército Beligerante” y su “zona liberada” (ver descripción abajo) en territorio soberano, libre de la intromisión argentina. A tal efecto, siguiendo la propuesta cubana, la intención del PRT-ERP conducía a imprimir su propia moneda de cambio, ponerla en circulación entre la población correspondiente a los territorios dominados, imponer peajes a los automovilistas en las rutas que atravesaran la zona liberada, editar un diario en el “territorio propio” y las revistas de costumbre (Estrella Roja y El Combatiente), y designar un representante ante la ONU en Ginebra.
A mediano plazo: Derrocar al gobierno constitucional argentino, derogar la democracia como forma de gobierno, establecer la dictadura del proletariado (o sea, del partido único), eliminar a la burguesía en cuanto clase opresora, derogar la propiedad privada, instaurar un sistema centralizado y dirigista de administración económica y social.



Zona de combate:

“La zona liberada en Tucumán estaría limitada por la ciudad de Lules al Norte; al Sur, el Río Seco; el Este, la ruta 38, y al Oeste, el Monte y la Cordillera del Aconquija, constituyendo un territorio rectangular de 6.000 km2(Méndez, op. cit., p. 136). En el área se incluían 5 ciudades con unos 300.000 habitantes.



Inicio de las operaciones:
1. Ejército Argentino: Febrero de 1975
2. ERP: Principios de 1974.

Debilidades con las que contaba el adversario:
1. Del Ejército Argentino: “Santucho cifraba sus esperanzas de victoria en dos factores humanos: la supuesta incapacidad de los oficiales del Ejército y la pronosticada deserción de la tropa de conscriptos cuando le tocase combatir en la selva; creyó que el talón de Aquiles serían los soldados, quienes, carentes de toda preparación, no iban a resistir el embate de los subversivos largamente entrenados para matar”. [Massot, ibídem].

Nada de eso ocurrió. El Ejército tuvo la iniciativa en todo momento, corrió a los guerrilleros hacia el monte, alejándolos del llano en donde estaban las poblaciones donde se abastecían, y no dándoles cuartel, obligándolos a moverse permanentemente.

2. Del ERP: La estrategia del ERP residía en verdad en alejarse del monte y refugiarse en las ciudades. Cada dos semanas se reemplazaba a un pelotón de 30 hombres que permanecía en la selva, haciendo pintadas y reforzando con su presencia la sensación general de que el territorio estaba efectivamente ocupado. Cuando el Ejército Argentino obligó al ERP a internarse definitivamente en el monte, el frío, el hambre, el sueño y las condiciones sanitarias causaron estragos en los guerrilleros, que además perdieron en todos los combates y escaramuzas que se libraron. La colaboración del pueblo tucumano con las fuerzas nacionales, que así gozaban de la ayuda de los baquianos para moverse en el monte, fue también fundamental para el triunfo del gobierno constitucional. Casi todas las operaciones iniciadas por la guerrilla fueron enervadas por denuncias de los obreros y campesinos locales, que veían movimientos y/o personas extrañas. 


Combate decisivo:
 Manchalá, 28 de mayo de 1975.
 
«Es cierto que cuando un ejército regular debe enfrentar a una guerrilla no hay batallas decisivas. No lo es menos que el resultado de todas las contiendas decide la guerra. En tal sentido, la idea que se había extendido acerca de la capacidad de ERP se hizo pedazos tras enfrentar a la 5ª Brigada de Infantería. En Manchalá, el 28 de mayo de 1975, unos 100 hombres de la Compañía de Monte marchaban en columna hacia Famaillá. Su objetivo consistía en copar el comando táctico, fusilar en la plaza pública a los oficiales que tomaran prisioneros y proclamar una zona liberada en parte del territorio tucumano. Ni la mitad del camino habían recorrido cuando se toparon con un contingente menor de soldados y dos suboficiales que pintaban una escuela. Tras varias horas de lucha, el ERP debió abandonar camiones, municiones, armas y muertos. Desde entonces, perdió definitivamente toda iniciativa y no hizo más que retroceder» (Massot, op. cit., p. 234).   

 En la batalla de Tucumán de 1812, los patriotas tenían todo para perder, y en la confusión del combate, en ningún momento estuvo claro el triunfo argentino. Sin embargo, la providencial aparición de una enorme manga de langostas que se abatió sobre los pajonales, confundió a los soldados y oscureció la visión, acabando de descomponer el frente. Podemos leer en Wikipedia: “Las versiones tradicionales refieren que fue tal la confusión sembrada por aquel enjambre de langostas que hizo parecer a los ojos de las fuerzas españoles, un número muy superior de tropas patriotas, lo que habría provocado su retirada en la confusión”.


Eugenio Méndez nos cuenta así el desenlace de la batalla de Machalá: “Después de 3 horas de combate y cuando la resistencia de los soldados del Ejército decaía por las bajas y la falta de municiones, se escuchó un intenso ruido, parecido a un tanque de guerra, que provenía de la ruta. Esto motivó gritos de alegría de los defensores y la huida desesperada de los erpianos y del propio Santucho, a través de los cañaverales, ya que creían que llegaban nuevas tropas acompañadas de tanques. En realidad, era un camión Unimog al que se le había roto el caño de escape, con varios soldados que traían la merienda”.

martes, 6 de septiembre de 2011

Banderas con rojo, provincias en rojo






El colorado es el color del federalismo en la Argentina, "para la mayor perspectiva, lucimiento, e inclinación al gusto común de los paisanos", según la célebre observación que formulara el caudillo Estanislao López en su mensaje a la Honorable Junta de Representantes del 10 de abril de 1821, explicando el proyecto de bandera antecesora en un año, de la que hoy día es la oficial de la Provincia Invencible de Santa Fe (también de su inspiración).

Precisa Federico Cervera, en el artículo "Escudo de la Provincia de Santa Fe" (en Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe, Santa Fe de la Vera Cruz, 1970) que "Una larga tradición rioplatense acompaña el color colorado y sus matices rojos, punzó o escarlata... en la Reconquista de Buenos Aires y en la defensa de Montevideo portaron las tropas locales estandartes encarnados, azul turquí y blancos... rojos fueron los distintivos de los soldados patriotas antes de la adopción de la escarapela blanquiceleste; rojos, los detalles de las banderas provinciales conocidas, y rojo el rasgo dominantes de los uniformes de las tropas de Güemes".

Estandarte Real enarbolado en la Reconquista de Buenos Aires (1806). Lo llevaba el Alférez Real. Museo del Cabildo de Buenos Aires.

Armas del Conde de Buenos Aires (título nobiliario otorgado a Santiago de Liniers en 1809, en reconocimiento a su papel en la Reconquista), luego Conde de la Lealtad.

Las banderas provinciales federales cayeron definitivamente en desuso con la consolidación del Partido Liberal (ex Partido unitario) triunfante en Pavón por la defección de Urquiza, y luego de la sangrienta masacre de la población gaucha que llevaron adelante los coroneles de Mitre, bajo la Dirección de Guerra del entonces gobernador de San Juan, Faustino Sarmiento.

A partir de los años '80 se restableció la sana tendencia a la identidad simbólica provincial, en un proceso que encabezaron Corrientes, La Rioja y Santiago del Estero en 1986, seguidas por Entre Ríos (Bandera de Artigas) en 1987, por San Luis (1988) y por Neuquén en 1989. En la década de los '90 comenzaron a flamear, junto a la bandera nacional, las enseñas de Formosa (1991), Mendoza y Misiones (1992), La Pampa (1993), Buenos Aires, Salta y San Juan (1997), y Tierra del Fuego (1999). La provincia de Tucumán aprobó su bandera en 1995, pero a fines de la década comenzó a sufrir objeciones de parte de minorías religiosas no cristianas, por la utilización de la cruz, y fue derogada en 2008 por el actual gobernador Alperovich, y reemplazada por la histórica bandera belgraniana de Macha (tres franjas horizontales, blanca-celeste-blanca).


Asimismo, Jujuy adoptó su bandera en 1960, pero ésta no es otra que la réplica de aquella que Belgrano obsequiara al cabildo de San Salvador de Jujuy en reconocimiento por el sacrificio del pueblo en el éxodo, que consiste sólo en un paño blanco con el escudo nacional bordado en el medio.

En 2000 vería la luz la bandera de Santa Cruz, y las más demoradas en ese proceso de autoafirmación fueron las provincias históricamente radicales: Chubut (2005), Chaco (2007), Río Negro (2009) y Córdoba (2010). A propósito del reciente auge del verde en las enseñas provinciales, hemos tenido la oportunidad de explayarnos dos años atrás. Sólo agregaríamos, para resaltar una particularidad curiosa, que la bandera de Río Negro reproduce fielmente (salvo por el cantón negro sobre la franja azul) el pabellón del "Reino de la Araucania y de la Patagonia", para algunos, un intento colonialista de apropiarse de esa dilatada región, disfrazado de excentricidad y delirio individuales. Dice al respecto Pacho O'Donnell (Historias Argentinas. De la Conquista al Proceso, Sudamericana, Bs. As., 2006, pág. 175): "También Francia puso sus ojos en nuestra región austral y su ejecutor fue el imaginativo 'Rey de la Patagonia', Orélie Antoine de Tounens, cuyas andanzas en 1869 con el apoyo de Napoleón III son habitualmente tomadas en solfa a pesar de que llegó a estar acantonado con su ejército de indígenas sublevados contra la autoridad de Buenos Aires esperando, a orillas del mar, el desembarco de tropas francesas".

El pasado 25 de agosto, con motivo de la celebración de los 190 años de la Provincia de Catamarca, su gobierno presentó en sociedad la bandera que faltaba. El diario La Unión Digital la ha descripto así: "En los bordes cuenta con un fileteado teñido de color oro, que representa la riqueza cultural hereditaria que posee la provincia. En tanto, el lateral superior es celeste y blanco, que representa el cielo, la enseña nacional y el manto de la Virgen. En la parte inferior, posee una franja rojo sangre, que representa, 'la mixtura de nuestra sangre'. En el centro, en la unión de los colores fue diseñado un sol, inspirado en el sol de los incas. En los laterales del mismo, se diseñó una corona de olivos, formada por 16 hojas, que representan a todos los departamentos de la provincia".

Descontamos que la mención al manto de la Virgen se trata de un "desliz desafortunado", que no ha tenido en miras a las minorías ya no sólo no-cristianas, sino incluso no-católicas, como podemos ejemplificar con la obra del "Maestro Amor", por caso.


También deberemos considerar que la justificación del rojo en la "mixtura de la sangre" está vinculado con atendibles pruritos respecto de la defensa del federalismo. No son tiempos propicios para esas patriadas, ciertamente. Y menos en Catamarca.

También soslayaremos la similitud con la bandera de Chile, incluso en lo relativo a llevar el celeste al asta. Ese tipo de similitudes es comprensible, tratándose de banderas bien hechas (como es el presente caso), ya que la síntesis y las líneas rectas, así como la austeridad en el empleo de los colores, puede conducir casi siempre a remotas e insospechadas coincidencias. La flamante bandera de la paradisíaca Sint Maarten (Estado en el Commonwealth Neerlandés creado el 10 de octubre de 2010) viene a replicar la disposición y los colores de la de Filipinas. Aunque sólo la ubicación tropical y la característica insular tienen ambos países en común. En cambio, siendo Catamarca provincia limítrofe con la República de Chile, hubiera sido aconsejable poner el acento en la necesidad de distinguirse respecto de esa bandera.

Ilustraciones: Vexilla-Mundi. (Click para ampliar)


En fin, lo cierto es que Catamarca se integra con su decisión al círculo de provincias con banderas federales, compuesto por:

Ilustraciones: Vexilla-Mundi. (Click para ampliar)

Excluyendo a Misiones y Neuquén, que hasta mediados del siglo pasado fueron territorios nacionales, es interesante señalar la pérdida de peso relativo que sobre el total de la población argentina han tenido esas provincias (un tema en el que no abundaremos, porque desarrollaremos más adelante):

Provincia

% sobre Total País - 1869

% sobre Total País – 2010

Catamarca

4,26

0,92

Córdoba

11,21

8,24

Entre Ríos

7,15

3,08

La Rioja

2,60

0,83

Salta

4,74

3,03

Santa Fe

4,75

7,98

Santiago del Estero

7,08

2,24

Total

41,79

26,32


Se ha tomado como punto de partida el Censo de 1869, que además de ser el primero, puede reflejar con mayor fidelidad (olvidándonos de las sangrías mitristas) la distribución histórica de la población en la Argentina, y también, por qué no, el sustento popular y el peso específico de cada provincia en el contexto político argentino de la primera mitad del siglo XIX. Apreciando ese orden de importancia, puede ser mejor comprendida la gravitación efectiva de caudillos como Artigas (que, controlando la Liga de los Pueblos Libres, integrada por la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Córdoba y La Rioja, se opuso al Directorio unitario de Buenos Aires), que compendiaba en su liderazgo al 40% de la población argentina; o como Facundo Quiroga, que siendo la principal espada de la Liga Federal, agrupaba bajo su liderazgo a todo Cuyo y La Rioja, es decir, más de un 12% de la masa humana (comparar con el 10% de la ciudad de Buenos Aires, el 11,2% de la provincia de Córdoba o el 5,8% de la provincia de Tucumán, de esa misma época). Si en un ejercicio especulativo, y al mero efecto gráfico, trasladáramos esa relevancia demográfica a la actualidad, Artigas lideraría a un 28% de la población y Facundo a menos del 8%. Ambos habrían perdido un tercio de su poder geodemográfico.

Bien es cierto, que corresponde mencionar que esa declinación en el peso relativo de las provincias frente al centralismo porteño incumbe también a las demás que no tienen banderas federales en la actualidad (Buenos Aires, pese al empleo del rojo, y como ya se manifestó en una anterior oportunidad, tiene una bandera de corte "productivista" y churrigueresca amalgama; y Corrientes, otra de las provincias originales del Pacto Federal, tiene una bandera muy asimilada desde lo simbólico a la nacional, como ocurre con Mendoza, San Juan, Tucumán, La Pampa, etc.), principiando, curiosamente, por la mismísima Provincia de Buenos Aires, siempre que se considere que el conurbano de la ciudad federalizada compone un conjunto con características propias, diferenciadas de las de la provincia y asimilables al ideal y objetivos centralistas que concibieron y llevaron a cabo esa segregación. Así, si Buenos Aires pasó de un 16,4% en 1869 (20,4% en 1914, luego de la inmigración euroasiática) al 10,1% actual, Corrientes cayó de un 6,9% a un 2,5%; Jujuy de un 2,6% a un 1,7%; y Cuyo de un 9,5% a un 7,1% en 2010.

En tanto, Santa Fe, que consolidó su actual territorio recién en 1887, representaba en 1914, con el aporte de los colonos inmigrantes, el 11,4% de la población total del país, con lo que, respecto de esa referencia, perdió un 30% de su peso demográfico relativo.

Comparación territorial de Santa Fe entre los años 1858 y 1914 (sombreado enla segunda figura, el territorio preexistente).

¿El espacio geopolítico beneficiado? El puerto, naturalmente, y su área de influencia y continuidad urbanas (que coincide plenamente con el primer proyecto de capitalización en el marco de la Constitución Unitaria de 1826, presentado por Rivadavia el mismo día de su asunción como Presidente y aprobado por el Congreso por 24 votos a 15 menos de un mes después, con Norte en el Tigre, Sur en Ensenada, Este en el Río de la Plata y Oeste en Puente de Márquez, actual partido de Moreno). En ese mínimo espacio, densamente poblado, se desarrolla el proyecto político unitario para la dominación y el sojuzgamiento de las provincias, finalmente convertidas en meras delegaciones del poder central, que puede prescindir mayormente de ellas para acceder al gobierno general. En ese área, el hoy día conocido como Región Metropolitana de Buenos Aires, el peso poblacional relativo pasó del 9,98% en 1869 al 36,01% en 2010 (equivalente a la suma de toda la Región Pampeana más las provincias de Cuyo).

Proyecto (aprobado) de segregación territorial de la Provincia de Buenos Aires para la creación del territorio de dominio del Estado Unitario, Bernardino Rivadavia, 1826. (Click para ampliar).



martes, 7 de abril de 2009

Verde un ala...

De la ópera patria llamada Aurora, se conserva en la memoria colectiva el aria Canción a la Bandera, sobre todo gracias a las imposiciones de la educación pública. Dicha aria, que por comodidad es conocida por el nombre de toda la ópera, ha sufrido una traducción forzada del italiano al castellano, repleta de soluciones jocosas. Algunos ejemplos nos los provee Juan Sasturain, en estos términos:

"En el original italiano, no hay “aurora irradial” (no existe en castellano) sino “aureola irradiale”, es decir: la aureola de rayos del amanecer que, como la que ilumina la cabeza de los santos, ilumina al águila (...) se traduce el verso “il rostro d’or punta de freccia appare” como “punta de flecha el áureo rostro imita”, cuando “rostro” es “pico” en italiano: es decir que el pico del águila, iluminado, parece una punta de flecha, el extremo metálico del asta. (...) el verso “Y forma estela al purpurado cuello” [...] por “porpora il teso collo e forma stello”, que quiere decir (...) que enrojecen (los rayos del sol) el tenso, alargado cuello (del águila) y forman el tallo (“stelo”, no es “estela”), el asta de la bandera".

En fin, más allá de esos disparates de adaptación libre, lo cierto es que en la parte descriptiva de la enseña patria, Aurora nos dice: Azul un ala, del color del cielo; azul un ala, del color del mar.
Si bien es cierto que el cielo aparece omnipresente en nuestra simbología, tanto por el color como por el sol, y que todos recordamos esa imagen bucólica de Belgrano mirando al cielo para inspirarse, y aplicando una gran imaginación para estampar un sol sobre una nube, etc., no es tan cierto que el mar haya tenido una importancia semejante.

Claro que vexilológicamente, por el inequívoco origen de la bandera argentina en el escudo de la Muy Noble y Leal Ciudad de la Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires que ideara el Maestre de Campo don Jacinto de Láriz, Caballero del Hábito de Santiago y Gobernador y Capitán General de la Provincia del Río de la Plata en 1646, la franja azul inferior de nuestro emblema corresponde, justamente, al Río de la Plata. Pero no podemos negar que, más allá de las hazañas de corsarios y marinos en la guerra contra el Brasil o en los bloqueos ingleses y franceses, los argentinos no somos precisamente un pueblo marino. Es más, salvo en el próximo Viernes Santo, ni siquiera somos demasiado afines al pescado.



Así las cosas, la actual vexilología argentina, de la mano de algunas imaginativas banderas provinciales, ha comenzado a establecer como el "tercer color" argentino, ya no el rojo del federalismo (que sin embargo está presente en banderas históricas como las de Entre Ríos, Santa Fe y Misiones, o modernas creaciones también fieles a esa tradición, como las de La Rioja y Santiago del Estero), ni siquiera el amarillo ya presente en el pabellón nacional en el sol; sino antes bien, y en marcada paridad jerárquica, el verde.

Este dato constituye sin dudas toda una innovación en nuestra simbología, que puede indicar un rumbo inexorable hacia una nueva identidad. Si el siglo XIX fue mitad rojo punzó, mitad celeste, y el siglo XX fue celeste por completo, el siglo XXI quizás termine por ser verde... esperanza, que es lo único que nos queda.

Quedará entonces para futuros exegetas, de los prácticos o de los poéticos, el atribuir a ese verde que se eleva decidido e impertinente en las astas provinciales más recientes, el cariz romántico de la llanura pampeana o el cariz más práctico de la denostada soja.

De hecho, la productivista, algo bantustanesca, bandera de Buenos Aires La Provincia, ha hecho consideración expresa a ese factor paisajístico (me refiero a la llanura, no a la soja) para justificar que la mitad inferior del paño fuera de color verde. Pero esa lectura no resulta tan aplicable al Chaco, a no ser por la introducción, justamente, del elemento soja, y mucho menos tiene que ver con el paisaje rionegrino, cuya bandera provincial se acaba de estrenar. En todo caso, lo más verde que puede verse en Río Negro, son las manzanas.

En realidad, esta introducción novedosa y cada vez más difundida obedece al tenaz criterio del hombre fuerte de La Provincia por ese entonces, luego hombre fuerte de la Nación toda. A La Provincia, la ha cubierto de verde esperanza, y a la Nación toda, del "viento fresco del Sur".

Los objetivos planteados por el gobierno bonaerense el 29 de diciembre de 1995, a través de la Resolución Nº 6592 de la Dirección General de Cultura y Educación, fueron:
  1. El diseño de la bandera bonaerense será el símbolo identificatorio de la provincia.
  2. Será síntesis de lo historico, lo estetico y lo comunicacional.
  3. Operará como soporte físico y tangible para valorizar y profundizar el sentimiento de identidad.
  4. Contribuirá a afianzar el orgullo de ser bonaerenses.
  5. El nuevo símbolo apuntará a ser distintivo y unificador.
Asimismo, las indicaciones que los alumnos secundarios nacidos entre 1978 y 1984 (los únicos habilitados a presentar propuestas) debían respetar eran:
  1. La bandera bonaerense compartirá en muchas oportunidades el lugar con la bandera nacional, aspecto que obliga a su clara diferenciación.
  2. La bandera de la provincia no deberá parecerse a la nacional. La provincia es una parcialidad de la nación y por ello se recomienda evitar la combinación celeste y blanca.
  3. Se busca que los participantes logren una síntesis formal en sus imágenes, trazos y colores.
  4. Los colores rojo, amarillo, azul, verde y blanco son recomendados como de uso preferente y fundamental por su vinculación con la historia de la provincia.
  5. Franjas verticales y horizontales, en diagonal, cruzadas, círculos, triángulos, rectángulos y la unión de estas figuras son sugeridos como módelos a tener a cuenta en el momento de crear el nuevo símbolo.
  6. Sobre la base de fondo de las franjas se recomienda fortalecer el diseño con imágenes.
  7. Se sugiere que se tenga en cuenta la tendencia moderna en cuanto a la creación de banderas de forma vertical.
Como puede apreciarse, el verde surge prístinamente de la indicación 4ª. Sin embargo, las he transcripto todas, porque me parecen algunas demasiado risueñas. Los alumnos secundarios no son, lógicamente, ni expertos historiadores, ni expertos vexilólogos. Pero yo creo que contra ellos se han cargado injustamente las tintas a la hora de fustigar contra el adefesio que La Provincia tiene como bandera. Como dice el refrán, la culpa no es del chancho sino del que le da de comer...

Lo que no me queda para nada claro es en qué momento el verde formó parte de la historia bonaerense, a no ser que se entienda comprendida en ella cierta línea interna del justicialismo provincial de ese entonces.

En fin, de todo el paquete de instrucciones, incluyendo las que hablan de figuras geométricas, podría haber surgido, cómodamente, la bandera brasilera.

A continuación, constan las reproducciones de algunos de los 32 proyectos finalistas presentados por los educandos, y seleccionados de entre 81.525 -ni imaginarse cómo era el resto- que por suerte no resultaron ganadores:

Lo que decía, el peligro brasilero...


Demasiado oligarca



África mía


Productivismo al palo


Sin comentarios...

Un poco checoeslovaca

Y más oligarquía...

Y ésta puede estar cómodamente en Medio Oriente

[Fuente de todas las reproducciones precedentes: Jaume Ollé]

En 27 de los 32 proyectos finalistas, y en los cuatro (4) finalistas hasta el final, el verde estaba presente como color dominante, lo que demuestra un inequívoco gusto por ese color, de parte de las autoridades evaluantes.

El resultado de toda esa gigantesca operación de selección fue esto:

[Fuente: Francisco Gregoric]

En tanto, la provincia del Chaco ha seguido un derrotero tortuoso para arribar a su actual bandera provincial. En 1995, un diseñador gráfico creó una bandera provincial que, si bien fue legalmente adoptada (Decreto Nº 707/95), primó la sensatez, o bien, nadie tuvo el coraje de enarbolarla:

Un amigo ingenioso la llama "la bandera de la invasión de los platos voladores"

Lo cierto, es que poco de lo que recomienda la FIAV (Federación Internacional de Vexilología) puede apreciarse, ni en éste ni en el de la provincia de Buenos Aires: En lo posible, no más de tres colores, que se deben distinguir bien entre ellos a la distancia (cosa que no ocurre, por ejemplo, ni entre el verde y el azul; ni entre el blanco y el celeste cuando es muy claro); diseño sencillo y de líneas marcadas, que sea capaz de dibujarse por un niño, que pueda memorizarse y dibujarse luego de una sola mirada...

En 2007 el entonces gobernador Roy Nikisch comisionó a un jurado la selección de la nueva bandera chaqueña, que está bastante bien (a la luz de todo lo que hemos visto), aunque peca por exceso de jeroglíficos. O el sol o el arado. Los dos, son demasiados:

[Fuente: Francisco Gregorich]

Si bien, claro está, y en tanto la bandera, antes que las tradiciones, según la tendencia moderna, simbolice la actualidad, está estudiándose su sustitución por esta otra, también excesiva en jeroglíficos:

Puede notarse, más allá de todo, que en el caso del Chaco el verde ya no es igual a los otros colores, sino que resulta preeminente, porque está junto al asta, lo que le da una mayor importancia relativa y una relevancia superior, ya que permanece siempre visible cuando la bandera ondea con el viento y, por un efecto óptico, la franja contigua al asta siempre parece más ancha que las demás, tema que ha abordado la República Francesa, que ha propendido a desigualar las franjas de su bandera, haciendo a la azul más estrecha que la blanca, y a ésta más estrecha que la roja, que se sitúa sobre le batiente, a efectos de que, a la distancia, luzcan las tres iguales.

Finalmente, la recién estrenada (26 de marzo de 2009) bandera de la provincia de Río Negro es, de las tres, la más feliz de todas, aunque, reitero, habría que averiguar qué quiere decir, o qué representa, el verde en este caso.