Sí, nos durmieron otra vez. Y para variar, cuando estábamos bien despiertos, en una vigilia tensa, ante el gran acontecimiento histórico donde se jugaba el destino colectivo. Mientras Cobos se tomaba unos tiempos exasperantes entre frase y frase, toqueteaba el microfonito y tragaba saliva, consumiendo 46 minutos en sus reflexiones autorreferenciales que en realidad a nadie importaban.
Era el chico de la película, y llevó el suspenso con maestría, como bien dijera Osiris Alonso D’Amomio, el colega de Elisa Carrió, la otra gran egiptóloga que chatea con Dios y que nos recuerda que “hemos cruzado el Mar Rojo, pero no debemos caer en la tentación de los falsos ídolos”. Ojo al piojo, hay que saber distinguir, entre tanto becerro de oro, a la verdadera profetisa de la verdad revelada. La profetisa que se cree Judit, o así por lo menos se lo hizo saber a Rosín. La Judit del piadoso Gran Libro. Del Gran Libro revelado que pondera la traición, el engaño, la artimaña y la astucia como ciencias nobles.
“Ozías, por su parte, dijo a Judit: «Hija mía, que Dios Altísimo te bendiga más que a todas las mujeres de la tierra. ¡Y bendito sea el Señor Dios, Creador del cielo y de la tierra, que te condujo para que cortaras la cabeza del jefe de nuestros enemigos!” (Judit: 13: 18).
Obviamente, para cumplir con la faena, Judit primero lo sedujo, lo convenció de que la llevara con él, y lo decapitó aprovechando la nocturnidad y la confianza.
Artemisia Gentileschi nos muestra esta escena de bíblica virtud.Pero, digresiones aparte, lo cierto es que estaba todo el mundo plantado frente al televisor. No volaba una mosca. Se definía por penales y pateaba el capitán del equipo contrario. “Erralo”, “erralo, por favor”… Y lo erró. Algarabía general, porque se sabía que la tiró afuera a propósito. En ese momento obró Dios con su infinita piedad y sabiduría, como lo hizo con el brazo vengativo de Judit.
Todos tranquilos, a descansar un par de horas antes de salir para el laburo. Medio dormidos y legañosos, los argentinos nos encontramos con un mejor humor general. El nuestro y el de los demás, y debemos haber atisbado que en realidad no somos tan jodidos. Que si estamos felices incluso podemos parecer seres civilizados. Ni una puteada, ni una encerrona. Dormidos pero felices, en un ensueño agradable y reconfortante. Ni los jefes presionaban por rendimiento, todos solidarios por el esfuerzo de no cabecear la noche anterior.
Así como estábamos de felices, hundidos en un puf mullido de autocomplacencia, porque en las difíciles siempre sale lo mejor de nosotros, en la usina de las sólidas convicciones, de las convicciones contantes y sonantes, nos dormían otra vez.
Porque lo único que funciona en la administración pública es la industria del curro. Ésa anda fenómeno, y no descansa. Es más: acelera cuando nadie se da cuenta. Cuando todo el mundo está entretenido mirando para otro lado o haciendo otra cosa. La mayor parte de las resoluciones pesadas, ésas que llevan por lo menos ocho ceros presupuestarios, salen entre Navidad y Año Nuevo.
Y esta era una nueva ocasión propicia. Mientras nos enfrascábamos en multitudinarias convocatorias o frente a la pantalla del televisor, dividida entre dos actos demasiado desparejos, los funcionarios de la Patria distributiva consolidaban un nuevo hito singular.
Se trataba de la recuperación de una de las más preciadas joyas de la abuela, a la que por tan preciada el nieto debió pagar una fortuna a la casa de empeños.
La nueva Aerolíneas ya es un hecho.Y se anunció con bombos y platillos como otro triunfo del gobierno popular, aunque, cierto es decirlo, la presidenta tuvo la prudencia de decir que hubiera preferido que la empresa siguiera en manos privadas. Es que se trata de una mera compra de una empresa aérea que está en manos distintas de aquéllas a favor de las cuales fue privatizada. O sea, ni siquiera es una “recompra”. Y en el medio, ha corrido mucha agua bajo el puente. Agua que determina que lo que se compra sean 12 aeronaves, la friolera de 6.000 empleados y la espeluznante deuda de U$ 900 millones.
"Con los aviones no se jode". Éste es a fricción, pero tenemos también algunos a pilas.Pero no sólo eso. También se compra un déficit operativo estructural de U$ 200 millones por semestre, o sea, más de U$ 33 millones por mes, más de U$ 1 millón diarios.
¿Es necesario todo ese gasto, que ya se transforma (se ha transformado: el Estado ya desembolsó $ 50 millones para sueldos e insumos este mes) en crónico, para decir que se tiene una línea de bandera? Absurdo. Las líneas de bandera están en decadencia en el mundo, al ritmo del incremento de las comunicaciones a distancia, que permiten las teleconferencias, trabajo en equipo a distancia, y todo tipo de negociaciones prescindiendo de la movilidad física.
Control aéreo. Otra actividad para la que el Estado se demostró muy idóneo. Todavía esperamos los radares.Los países más grandes, y con utilización más intensiva de la modalidad, como los EE.UU. y el Brasil, no tienen líneas estatales. Todos los servicios aéreos son prestados por privados, y en general el mercado ha salido fortalecido de la competencia entre ellos.
Es más. Desembarazarse de semejante clavo fue una idea de Terragno a finales de los '80. En ese momento los candidatos eran Scandinavian Airlines Systems (SAS), suecos ellos, y por ello afines a la idea del Estado de Bienestar que ahora vuelve a instalarse, aunque de una manera infinitamente más trucha. Es claro: los suecos tienen su Wellfare State -aunque cada vez lo acotan más ellos también- con una población de altísimo nivel de vida, sólo 9 millones de habitantes, y monstruos industriales como Volvo, Scania o Saab. Sin embargo, a esos suecos tan prósperos su prometedora SAS también se les fundió...
¿Quién se beneficia?, nos preguntamos. En una situación de crisis general del mercado aeronáutico, con un incremento galopante en los precios del petróleo (y los aviones utilizan JP1, que no es la JP Cámpora, sino un querosén muy pesado, a un precio muy alto), con las tarifas del cabotaje nacional detenidas y atrasadas, con conflictos sindicales permanentes por presiones inflacionarias, con un déficit consolidado y que tenderá a crecer, con un promedio de antigüedad de flota de 20 años, al límite de la amortización, con algunas aeronaves con 30 ó 35 años de vida, al límite de seguridad, y con el aumento constante de los repuestos y revisiones, seguramente al que está a cargo de semejante lastre le interesará vender.
Pero, ¿a quién, en sus cabales, se le ocurrirá comprar? Seguramente a algún Estado bananero y cleptocrático, en el cual sus funcionarios especulan con las “oportunidades” que se abren cada vez que uno le ofrece a un privado socializar su deuda, repartirla entre el cúmulo de cabezas silenciosas que es Juan Pueblo. El auténtico modelo redistributivo.
Un vuelo hacia la Argentina de la pacificación, evitando las confrontaciones.
Con los U$ 900 millones de deuda que se absorbe se compran tranquilamente 22 aeronaves nuevas. Con el déficit operativo de los próximos 5 años, otras 50. O sea, que si se quiere una línea de bandera, por la misma plata se crea una empresa nueva, que contrate a razón de 60 empleados por avión, lo que se estila en el mercado, es decir, un total de 4.320 para 72 aviones, lo que a su vez permite absorber a gran parte del personal actual de Aerolíneas (que ahora está en la difícil ecuación de 500 por cada avión que funciona).
Lo único valioso que tiene Aerolíneas para ofrecer son las rutas, y las rutas las concede el Estado, con lo que en realidad se está comprando aire, o mejor dicho, aire con mucha deuda y negras perspectivas de viabilidad.
La Fuerza Aérea Argentina, de la mano de su ministra, también acompaña este resurgir aeronáutico. El encargado de esta “histórica” gestión es el capo de transportes Richard James, un personaje literario que nada tiene que ver con las obscenidades de su homónimo puesto en diminutivo en los chistes con la maestra. Que ahora, fiel a los nuevos tiempos del cambio dentro del cambio, se ha dejado crecer una barbita progresista, para disimular su candado putañero que desde siempre lo caracterizó. Se trata de un funcionario con experiencia en el tema de la especialidad: manejo público de la crisis de compañías aéreas. Factotum de Líneas Aéreas Federales (LAFSA), la entelequia más indefendible que ha existido en la historia de la aeronavegación, consistente en un cúmulo de 96 ex trabajadores de la actividad, a los que el Estado les paga el sueldo para que no protesten (el pregonado descenso del desempleo), cobró notoriedad con la alianza comercial que hizo con SW (una empresa muy atractiva que explotaba la línea Colombia-Lima-Santa Cruz de la Sierra-Salta-Buenos Aires-Madrid), a la que le subsidiaba el combustible a razón de más de $ 10 millones por mes, y que desembocó en el engorroso caso de las valijas cargadas de cocaína girando en la cinta transportadora del Aeropuerto de Barajas. Por esa causa están procesados Juan Carlos Perejil, Roberto Rabanito Picante y Esteban Orégano.
Otra forma de "volar".Al caerse –no literalmente, por suerte- SW, James salió a buscar un nuevo operador que hiciera una nueva empresa, para conjurar el monopolio de los españoles en nuestro cielo. Cultor convencido de la burguesía nacional, intentó tentar a algún empresario muy cercano que tiene colectivos y trenes, y que en su gestión ha crecido en más de 10 veces. Un auténtico emprendedor exitoso, y el número uno en todas las nóminas de subsidios.
Tan buen emprendedor, que se supuso apto para dar el salto cualitativo desde contar monedas de las boleteras electrónicas a administrar una aerolínea.
Después de todo, no era descabellado pensar que con una línea aérea tendría mejor suerte, en materia de seguridad, que con las dos líneas ferroviarias que explota, en las que detenta el récord de colisiones, descarrilamientos e incendios.

En fin, versiones descabelladas, sin ningún asidero, insinúan que puede haber también un interés físico concreto en hacerse del control inmediato, a cualquier costo, de un servicio de transporte aéreo. Un interés vinculado con el transporte físico de grandes paquetes. Que pese a algunos inconvenientes del pasado, como alguna valija que se quedó en Aduana por la irresponsabilidad de su portador, al que se le ocurrió ir a evacuar al baño y se separó de la comitiva, y así terminó por iniciar un malintencionado incidente judicial fogoneado por el imperialismo, sigue resultando un sistema más directo y confiable que las transferencias electrónicas. Sobre todo, cuando de pactos de caballeros se trata.