Mostrando entradas con la etiqueta Aerolíneas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aerolíneas. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de octubre de 2011

Volando al Guinness




Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas
Atahualpa Yupanqui


Así como en el Libro Guinness de los Récords de 1987 figuraba la empresa estatal argentina Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) como la empresa que más dinero perdía por año en todo el mundo, este proceso de reestatización de gigantes de pies de barro etiquetado bajo el mote de "modelo", no tardará en volver a colocarnos en la incómoda posición en que nos encontrábamos al terminar la década de 1980.

Sólo hace falta para ello que se agote la bonanza internacional sobre productos primarios (el único sostén real para tanto verso), y entonces experimentaremos cómo se derrumba sobre nuestras cabezas tanta ficción, tanta prebenda, tanta deuda social. Si en los '90 el ajuste de la fiesta de las empresas públicas -como siempre- se efectuó en las prestaciones sociales del Estado, o sea, sobre unos 4 millones de jubilados que se limitaron a ir a tirar los miércoles huevos podridos al Anexo Diputados, el próximo derrumbre implicará que se le corte la canilla a unos 13 millones de beneficiarios de planes, plancitos, asistencias varias, generosas ayudas, gráciles limosnas... Y entonces, a agarrarse, porque cualquiera puede inferir, prescindiendo de la calculadora, que la correlación de fuerzas se ha distorsionado considerablemente, tanto respecto de 1989 como de 2001, y que la anarquía y la devastación puede alcanzar ribetes de guerra abierta. Tal vez pueda verse materializado el sueño de aquel materialismo que postula a la guerra civil como el vehículo mesiánico hacia un nuevo sistema de dominación diferente del actual, quién sabe...


Sin embargo, el orden de dominación diferente, nos lo ha demostrado la experiencia, sitúa en la cúspide de la pirámide del poder político y económico a una Nomenklatura de funcionarios que maneja la caja de un Estado omnipotente, asociada a un grupo de empresarios privilegiados, dueños de todos los contratos, provisiones, obras y concesiones que emergen de esa omnipotente caja estatal. O sea, que no es necesario llegar a ninguna guerra abierta para encontrarnos con el panorama en el que ya estamos. Lo que pasa es que a las guerras no siempre se llega voluntariamente. Si no, revísese la etiología de las grandes tragedias humanas, y se verá qué opinable es el papel de la voluntad humana en el desencadenamiento y desarrollo de los procesos. Nadie niega su fuerza protagónica. Sí en cambio el control de su dirección, la correlación entre objetivos y resultados.

De la fiesta desenfrenada en Aerolíneas y Austral, llevada adelante por la nueva juventud maravillosa, ya han dado cuenta los diversos medios periodísticos la semana pasada, al consignar, por ejemplo, que los ejecutivos de la empresa estatizada (gerentes y subgerentes) ganan salarios de $ 82.000, o tienen cláusulas contra el despido, que obligan a la empleadora (a todos los contribuyentes argentinos) a indemnizarlos con un equivalente a 10 años de servicios, y otras lindezas semejantes. (Link)

Lo que nos debe enorgullecer, como país de la desmesura, es la posibilidad que año a año se acrecienta, de recuperar un sitial en el Libro Guinness, capítulo "Estatismo ridículo-ineficiencia obscena". Por lo pronto, ya en 2010, el déficit de AA se posicionó tercero a nivel mundial, detrás de Air India y muy cerquita de Kuwait Airways. De hecho, con el déficit de US$ 700 millones proyectado para fin de este año, AA "sigue ganando altura" y se situaría para la Navidad en el vertiginoso segundo lugar.

En el siguiente cuadro, se grafica la performance empresaria de los muchachos de La Cámpora, que han demostrado a esta Argentina cavernícola y neoliberal (link) los beneficios comparativos de la militancia como herramienta para generar talentosos, honestos, creativos y exitosos empresarios:


Debe aclararse que el déficit de 2008 es menor a los $ 1.000 millones, porque la gestión estatal abarcó solamente los últimos 5 meses. A mediados de julio de 2008 nosotros apuntábamos que el déficit operativo de la empresa rondaría los US$ 200 millones por semestre. Ya por entonces, los entusiastas jóvenes prestos a hacer de la "patriada" de Ricardo Jaime una lección de eficacia de la administración estatal de las empresas comerciales, nos tildaban de agoreros, de tremendistas, de animosos, mientras llenaban las notebooks con coloridos power points de planes de negocios, de eficiencias teóricas y proyecciones optimistas, que más o menos indicaban que en 2 años el déficit iba a ser una palabra desconocida en la aeronavegación argentina. En cambio, a 3 años y monedas de ese trascendente cambio de manos, del millón de dólares diarios que perdía la aerolínea, hemos pasado a los dos millones de dólares diarios. Otro ejemplo del crecimiento sostenido, que demuestra que, en este país generoso, sólo es ciego el que no quiere ver.

"Vuela un jet
hacia el sur
la cósmica cintura hacia el folklórico ataúd de un DC-10
que se hace estrellas contra el suelo
Hoy estoy como un jet
perdido entre las nubes
sin señales para ver adónde voy..."

martes, 22 de julio de 2008

RELANZAMIENTO

[Gracias, Isáurico]


Tal parece que a los ánimos crispados, las denuncias destituyentes y las indignaciones ante las culturales traiciones que ahora se vuelven contra el propio instigador de la gorda billetera, le sustituyó, pendularmente, como suele acontecer por estas Pampas, la más apacible siesta general. Entre tantos plácidos ronquidos, se asiste entonces, al relanzamiento gestionario, manifestado, sin mayor imaginación, nada más que en la construcción del relato.

Así, hemos visto cómo la Argentina no sólo se vuelve a poner de pie, sino que desarrolla querubínicas alas para alzar soberano vuelo hacia los cielos complacidos. Azul un ala del color del cielo, azul un ala del color del mar. Y en esta aurora del relanzamiento (que más propiamente habría que conceptuar como un lanzamiento liso y llano, en su doble acepción: la de ensartar también), hay lugar para todo tipo de medidas, aunque la palabra no sea justamente la adecuada, puesto que la desmesura condimenta cada una de las proverbiales acciones del nuevo gobierno, el que como recién nacido, luego de la penosa gestación empañada de cruel incomprensión, emite sus primeros vagidos.

Como todo vagido, es una mezcla monocorde y confusa, de voluntarismo e interés. Dentro de lo primero, la portada de Clarín del día de la fecha es suficientemente ejemplificativa: “Cristina pidió buen servicio”. Una interesante manera de gobernar, que también nos abre un camino de esperanza en el arduo combate contra la inseguridad. Ahora sólo hay que esperar que pida a los delincuentes “buenas maneras”. Un tiempo atrás, en una inauguración de un proyecto ferroviario en Santa Cruz (lo que más se “inauguran” son las cosas que aún no se hicieron; o sea, se trata del dedicarse a augurar en lugar de inaugurar), la presidenta deseó que todo se realizara rápida y eficientemente. Ahora sí que podemos quedarnos tranquilos.

Sobre la cuestión del interés que subyace a la “nacionalización” de Aerolíneas y Austral, su inflada deuda y su abrumador déficit, ya nos hemos referido en el post anterior. Tan sólo cabe al respecto enmendar un error: No se trata de 6.000 empleados sino de 9.000, o sea que no son 500 por avión, sino 750 por avión, en lugar de los 60 que indica la ecuación de eficiencia…

En esta siesta tan parsimoniosa, mientras esperamos los grandes anuncios de reformas estructurales y la presentación de un verdadero plan de gobierno que pretenda encarar frontalmente los numerosos y preocupantes problemas que nos agobian, el gobierno no tiene otra cosa planeada que darnos más de lo mismo, y no en dosis homeopáticas, precisamente.

A prepararse...

Tal parece que la intención ahora se centre en exagerar el “No me dolió”, mostrando que en los torpes sablazos fiscalistas anteriores no había ánimo recaudatorio. Entonces el “No me dolió” se complementa con el “Si a mí me sobra”, muy en concierto con el personal estilo dispendioso de La Indemne. Entonces, como si se tratara de toallitas de algodón egipcio a € 6.000, ahora nos damos el lujo de gastarnos en una semana las retenciones frustradas que se podrían haber recaudado en los próximos 2 años.

Nuevamente entonces, la frenética actividad distributiva proviene del área de los transportes. Mientras nos llevamos el negoción de Aerolíneas por una ganga y con mucha racionalidad y sensatez, y mientras se paralizó definitivamente el Tren Bala porque el riesgo país subió más allá de lo admitido por el financiamiento francés (http://www.clarin.com/diario/2008/07/16/elpais/p-01715987.htm), nos anuncian ahora con toda pompa la electrificación del Ferrocarril Roca, de Constitución a La Plata.

Tal parece que los funcionarios de la racionalidad, la austeridad y la mesura han tomado nota de las múltiples objeciones formuladas en contra del Tren Bala, entre las que contaba una (por cierto, discutible) que sostenía que era afrentoso implementar un tren “para unos pocos” cuando millones viajaban en vergonzosas condiciones en el Conurbano. En verdad, no es discutible que millones viajen peor que el ganado en el área metropolitana de Buenos Aires. Lo que es discutible es que ello sea producto del abandono de parte del Estado. Antes bien, parece ser fruto del descontrol y la prodigalidad del Estado. De tanto “pedir buen servicio”, de onda, pónganse las pilas, y nunca garantizarlo.

Muy por el contrario, el Estado –que somos todos los que componemos la mayoría silenciosa de los contribuyentes, de Misiones a Jujuy y Catamarca; de Entre Ríos a Tierra del Fuego- se ha ocupado de subsidiar fuertemente los ferrocarriles metropolitanos, a niveles que exceden cualquier explicación lógica. La pregunta del caso, resultaría entonces: cómo puede ser que con tantísimos millones derramados gratuitamente en el ferrocarril, sin ningún tipo de control o rendición de cuentas, se pueda viajar tan pero tan mal.

Para no salirnos del tema, veamos sucintamente, según información oficial emanada de la Secretaría de Transporte, la progresión de subsidios pagados al FC Roca:

Año

Promedio mensual (millones de $)

$/pasajero

% de incremento

Subsidio necesario por inflación

2003

1,9

0,21

-

2,1

2004

1,9

0,19

-

2,2

2005

3,9

0,40

105%

2,5

2006

5,8

0,59

205%

2,8

2007

13,5

1,60

610%

3,3

2008

20,3

2,28

968%

4,3

Conste que se ha proyectado de acuerdo con las estimaciones extraoficiales de inflación, desde que el INDEC fue intervenido, o sea aquéllas que, según el Secretario de Comercio Interior, obedecen a consultoras que calculan de acuerdo a quién les paga, a razón de 18,5% en 2007 y 30% en 2008). Sin embargo, como se ve, estamos muy lejos de la proyección de subsidios efectivamente liquidados, que indicaría un panorama francamente hiperinflacionario, similar a la peor época alfonsinista. En efecto, mientras los precios desde la devaluación se fueron empardando con el dólar multiplicándose por tres, los subsidios a los trenes metropolitanos crecieron en diez (10) veces.

Evolución de los subsidios para el Roca (en rojo) desde 2003 a mayo de 2008. En azul, el ingreso total de explotación, que como puede verse, cada vez depende más de los aportes estatales. En verde, la inflación real, sincera; no la del INDEC.

A efectos gráficos, diremos que el habitante de Tilcara y el de Esquel le están pagando a cada viajero de la zona sur del Conurbano $ 2,30 cada vez que se sube al tren para viajar hacinado, en pésimas condiciones de confort y seguridad, con ventanillas que no cierran en invierno, sin luces en el interior de los vagones, y con riesgo cierto de arrebato, cuando no, de que la cosa se ponga más violenta y lo tiren directamente a las vías. Eso claro, refiriéndonos al pasajero del Conurbano. El pastor de cabras de Tilcara, y el comerciante de Esquel que se está sacudiendo las cenizas del volcán chileno, directamente ni viajan.

Lucha contra la obesidad.

Otro ejemplo de redistribución federalista. Cada contribuyente de la república paga más de seis pesos ($ 6) al mes para que tengamos los trenes del Gran Buenos Aires/Capital como los tenemos. Piénselo cada vez que vea esos fierros vetustos transportando a multitudes amontonadas y angustiadas, colgadas de las puertas, subidas a los techos, tratando de respirar un poco. Aunque parece mejor que lo piense cada vez que se para frente a un inodoro, porque lo mismo sería arrojar los tres billetes con la cara de Alberdi al excusado. Claro, después de todo, qué son sei’ pesito’ al mes, vieja. Interesante forma de apreciar, diluido en una masa inconsciente de ciudadanos, el despropósito más descomunal e injustificado.

Debe aclararse que el cuadro recién expuesto no considera los “refuerzos” extraordinarios asignados a más subsidios por la Jefatura de Gabinete de Ministros en ejercicio de los superpoderes, que para el año 2007, y sólo para el Roca, significaron alrededor de $ 300 millones ($ 1,50 al mes) más.

En definitiva, un ejemplo más de estatización de servicios públicos. De los tantos que componen la Argentina trucha. Estatización del riesgo empresario, de los costos y de las pérdidas. Si no me cree, fíjese la progresión del porcentaje que han pasado a representar los aportes del Estado respecto del ingreso cobrado por boletería:

En 2004, los subsidios representaban el 24% de los ingresos de la concesión.

En 2005, los subsidios representaban el 39% de los ingresos de la concesión.

En 2006, los subsidios representaban el 47% de los ingresos de la concesión.

En 2007, los subsidios representaban el 68% de los ingresos de la concesión.

En 2008, los subsidios representaban el 76% de los ingresos de la concesión.

Quiere decir que en la actualidad, por cada peso que gana la empresa concesionaria, el Estado le paga otros tres pesos adicionales. ¿Cuánto pueden interesarle los usuarios a una empresa cuyas tres cuartas partes de sus ingresos provienen, no de su actividad comercial, sino de los pagos que le hace una oficina del Estado? ¿Y cuánto puede interesarle a dicha oficina del Estado que esto funcione así? Interesante pregunta.

Lo cierto es que el 19 de junio de 2008, mientras se mandaba el mamarracho de las retenciones al Congreso de la Nación, furtivamente, sin hacer ruido, sin perturbar la siesta, la Secretaría de Transportes dictaba la Resolución 401/08, por la cual llamaba a licitación para electrificar el Roca en su ramal a La Plata.

Encima ya lo habían anunciado... Un auténtico "relanzamiento".

El presupuesto “preliminar” asignado a la obra asciende a $ 4.344.159.370, y expresamente él se halla “condicionado” a la propuesta de financiamiento que cada oferente en definitiva formule (artículo 5º).

Ahora bien, la cifra consignada representa, en dólares, U$ 1.425 millones. Como el monto no resulta despreciable, y tan sólo a efectos de utilizar algún parámetro reciente y público, nos permitiremos compararlo con el polémico Tren Bala.

Tren Bala

Electrificación FC Roca

Tipo de obra

Obra civil – vías – electrificación- material rodante – señalamiento - comunicaciones

Obra civil – vías – electrificación- material rodante – señalamiento - comunicaciones

Monto presupuestado (sin financiamiento)

U$ 1.320 millones

U$ 1.425 millones

Km de vías

710

128

Costo por km

U$ 1,86 millones

U$ 11,13 millones

Velocidad comercial

320 km/h

80 km/h

No hay nada que hacerle: cada día el esquema gestionario se perfecciona. Y sobre todo, aprende de sus errores. El problema argumental, o sea, nuevamente, la construcción del relato, ya está resuelto. Para qué esforzarse entonces en un lujoso bólido que tantos problemas ha ocasionado. Mejor entonces concentrar los recursos en un discreto trencito, parecido al que va a Ezeiza, y que involucra a muchos más millones… de personas, claro está.

Si va a servir a más millones de personas, entonces, tiene que costar seis (6) veces más, y sin necesidad de usar gran tecnología. Los pobres no quieren toda esa pompa. Por una mejor redistribución: más millones en menos kilómetros.

Ahora de Constitución a La Plata... Sí, La Plata.

viernes, 18 de julio de 2008

Y nos durmieron de vuelta

Sí, nos durmieron otra vez. Y para variar, cuando estábamos bien despiertos, en una vigilia tensa, ante el gran acontecimiento histórico donde se jugaba el destino colectivo. Mientras Cobos se tomaba unos tiempos exasperantes entre frase y frase, toqueteaba el microfonito y tragaba saliva, consumiendo 46 minutos en sus reflexiones autorreferenciales que en realidad a nadie importaban.

Era el chico de la película, y llevó el suspenso con maestría, como bien dijera Osiris Alonso D’Amomio, el colega de Elisa Carrió, la otra gran egiptóloga que chatea con Dios y que nos recuerda que “hemos cruzado el Mar Rojo, pero no debemos caer en la tentación de los falsos ídolos”. Ojo al piojo, hay que saber distinguir, entre tanto becerro de oro, a la verdadera profetisa de la verdad revelada. La profetisa que se cree Judit, o así por lo menos se lo hizo saber a Rosín. La Judit del piadoso Gran Libro. Del Gran Libro revelado que pondera la traición, el engaño, la artimaña y la astucia como ciencias nobles.

“Ozías, por su parte, dijo a Judit: «Hija mía, que Dios Altísimo te bendiga más que a todas las mujeres de la tierra. ¡Y bendito sea el Señor Dios, Creador del cielo y de la tierra, que te condujo para que cortaras la cabeza del jefe de nuestros enemigos!” (Judit: 13: 18).

Obviamente, para cumplir con la faena, Judit primero lo sedujo, lo convenció de que la llevara con él, y lo decapitó aprovechando la nocturnidad y la confianza.

Artemisia Gentileschi nos muestra esta escena de bíblica virtud.

Pero, digresiones aparte, lo cierto es que estaba todo el mundo plantado frente al televisor. No volaba una mosca. Se definía por penales y pateaba el capitán del equipo contrario. “Erralo”, “erralo, por favor”… Y lo erró. Algarabía general, porque se sabía que la tiró afuera a propósito. En ese momento obró Dios con su infinita piedad y sabiduría, como lo hizo con el brazo vengativo de Judit.

Todos tranquilos, a descansar un par de horas antes de salir para el laburo. Medio dormidos y legañosos, los argentinos nos encontramos con un mejor humor general. El nuestro y el de los demás, y debemos haber atisbado que en realidad no somos tan jodidos. Que si estamos felices incluso podemos parecer seres civilizados. Ni una puteada, ni una encerrona. Dormidos pero felices, en un ensueño agradable y reconfortante. Ni los jefes presionaban por rendimiento, todos solidarios por el esfuerzo de no cabecear la noche anterior.

Así como estábamos de felices, hundidos en un puf mullido de autocomplacencia, porque en las difíciles siempre sale lo mejor de nosotros, en la usina de las sólidas convicciones, de las convicciones contantes y sonantes, nos dormían otra vez.

Porque lo único que funciona en la administración pública es la industria del curro. Ésa anda fenómeno, y no descansa. Es más: acelera cuando nadie se da cuenta. Cuando todo el mundo está entretenido mirando para otro lado o haciendo otra cosa. La mayor parte de las resoluciones pesadas, ésas que llevan por lo menos ocho ceros presupuestarios, salen entre Navidad y Año Nuevo.

Y esta era una nueva ocasión propicia. Mientras nos enfrascábamos en multitudinarias convocatorias o frente a la pantalla del televisor, dividida entre dos actos demasiado desparejos, los funcionarios de la Patria distributiva consolidaban un nuevo hito singular.

Se trataba de la recuperación de una de las más preciadas joyas de la abuela, a la que por tan preciada el nieto debió pagar una fortuna a la casa de empeños.

La nueva Aerolíneas ya es un hecho.

Y se anunció con bombos y platillos como otro triunfo del gobierno popular, aunque, cierto es decirlo, la presidenta tuvo la prudencia de decir que hubiera preferido que la empresa siguiera en manos privadas. Es que se trata de una mera compra de una empresa aérea que está en manos distintas de aquéllas a favor de las cuales fue privatizada. O sea, ni siquiera es una “recompra”. Y en el medio, ha corrido mucha agua bajo el puente. Agua que determina que lo que se compra sean 12 aeronaves, la friolera de 6.000 empleados y la espeluznante deuda de U$ 900 millones.

"Con los aviones no se jode". Éste es a fricción, pero tenemos también algunos a pilas.

Pero no sólo eso. También se compra un déficit operativo estructural de U$ 200 millones por semestre, o sea, más de U$ 33 millones por mes, más de U$ 1 millón diarios.

¿Es necesario todo ese gasto, que ya se transforma (se ha transformado: el Estado ya desembolsó $ 50 millones para sueldos e insumos este mes) en crónico, para decir que se tiene una línea de bandera? Absurdo. Las líneas de bandera están en decadencia en el mundo, al ritmo del incremento de las comunicaciones a distancia, que permiten las teleconferencias, trabajo en equipo a distancia, y todo tipo de negociaciones prescindiendo de la movilidad física.

Control aéreo. Otra actividad para la que el Estado se demostró muy idóneo. Todavía esperamos los radares.

Los países más grandes, y con utilización más intensiva de la modalidad, como los EE.UU. y el Brasil, no tienen líneas estatales. Todos los servicios aéreos son prestados por privados, y en general el mercado ha salido fortalecido de la competencia entre ellos.

Es más. Desembarazarse de semejante clavo fue una idea de Terragno a finales de los '80. En ese momento los candidatos eran Scandinavian Airlines Systems (SAS), suecos ellos, y por ello afines a la idea del Estado de Bienestar que ahora vuelve a instalarse, aunque de una manera infinitamente más trucha. Es claro: los suecos tienen su Wellfare State -aunque cada vez lo acotan más ellos también- con una población de altísimo nivel de vida, sólo 9 millones de habitantes, y monstruos industriales como Volvo, Scania o Saab. Sin embargo, a esos suecos tan prósperos su prometedora SAS también se les fundió...

¿Quién se beneficia?, nos preguntamos. En una situación de crisis general del mercado aeronáutico, con un incremento galopante en los precios del petróleo (y los aviones utilizan JP1, que no es la JP Cámpora, sino un querosén muy pesado, a un precio muy alto), con las tarifas del cabotaje nacional detenidas y atrasadas, con conflictos sindicales permanentes por presiones inflacionarias, con un déficit consolidado y que tenderá a crecer, con un promedio de antigüedad de flota de 20 años, al límite de la amortización, con algunas aeronaves con 30 ó 35 años de vida, al límite de seguridad, y con el aumento constante de los repuestos y revisiones, seguramente al que está a cargo de semejante lastre le interesará vender.

Pero, ¿a quién, en sus cabales, se le ocurrirá comprar? Seguramente a algún Estado bananero y cleptocrático, en el cual sus funcionarios especulan con las “oportunidades” que se abren cada vez que uno le ofrece a un privado socializar su deuda, repartirla entre el cúmulo de cabezas silenciosas que es Juan Pueblo. El auténtico modelo redistributivo.

Un vuelo hacia la Argentina de la pacificación, evitando las confrontaciones.

Con los U$ 900 millones de deuda que se absorbe se compran tranquilamente 22 aeronaves nuevas. Con el déficit operativo de los próximos 5 años, otras 50. O sea, que si se quiere una línea de bandera, por la misma plata se crea una empresa nueva, que contrate a razón de 60 empleados por avión, lo que se estila en el mercado, es decir, un total de 4.320 para 72 aviones, lo que a su vez permite absorber a gran parte del personal actual de Aerolíneas (que ahora está en la difícil ecuación de 500 por cada avión que funciona).

Lo único valioso que tiene Aerolíneas para ofrecer son las rutas, y las rutas las concede el Estado, con lo que en realidad se está comprando aire, o mejor dicho, aire con mucha deuda y negras perspectivas de viabilidad.

La Fuerza Aérea Argentina, de la mano de su ministra, también acompaña este resurgir aeronáutico.

El encargado de esta “histórica” gestión es el capo de transportes Richard James, un personaje literario que nada tiene que ver con las obscenidades de su homónimo puesto en diminutivo en los chistes con la maestra. Que ahora, fiel a los nuevos tiempos del cambio dentro del cambio, se ha dejado crecer una barbita progresista, para disimular su candado putañero que desde siempre lo caracterizó. Se trata de un funcionario con experiencia en el tema de la especialidad: manejo público de la crisis de compañías aéreas. Factotum de Líneas Aéreas Federales (LAFSA), la entelequia más indefendible que ha existido en la historia de la aeronavegación, consistente en un cúmulo de 96 ex trabajadores de la actividad, a los que el Estado les paga el sueldo para que no protesten (el pregonado descenso del desempleo), cobró notoriedad con la alianza comercial que hizo con SW (una empresa muy atractiva que explotaba la línea Colombia-Lima-Santa Cruz de la Sierra-Salta-Buenos Aires-Madrid), a la que le subsidiaba el combustible a razón de más de $ 10 millones por mes, y que desembocó en el engorroso caso de las valijas cargadas de cocaína girando en la cinta transportadora del Aeropuerto de Barajas. Por esa causa están procesados Juan Carlos Perejil, Roberto Rabanito Picante y Esteban Orégano.

Otra forma de "volar".

Al caerse –no literalmente, por suerte- SW, James salió a buscar un nuevo operador que hiciera una nueva empresa, para conjurar el monopolio de los españoles en nuestro cielo. Cultor convencido de la burguesía nacional, intentó tentar a algún empresario muy cercano que tiene colectivos y trenes, y que en su gestión ha crecido en más de 10 veces. Un auténtico emprendedor exitoso, y el número uno en todas las nóminas de subsidios.

Tan buen emprendedor, que se supuso apto para dar el salto cualitativo desde contar monedas de las boleteras electrónicas a administrar una aerolínea.

Después de todo, no era descabellado pensar que con una línea aérea tendría mejor suerte, en materia de seguridad, que con las dos líneas ferroviarias que explota, en las que detenta el récord de colisiones, descarrilamientos e incendios.

En fin, versiones descabelladas, sin ningún asidero, insinúan que puede haber también un interés físico concreto en hacerse del control inmediato, a cualquier costo, de un servicio de transporte aéreo. Un interés vinculado con el transporte físico de grandes paquetes. Que pese a algunos inconvenientes del pasado, como alguna valija que se quedó en Aduana por la irresponsabilidad de su portador, al que se le ocurrió ir a evacuar al baño y se separó de la comitiva, y así terminó por iniciar un malintencionado incidente judicial fogoneado por el imperialismo, sigue resultando un sistema más directo y confiable que las transferencias electrónicas. Sobre todo, cuando de pactos de caballeros se trata.