viernes, 9 de septiembre de 2011

Practicamos tiro al pichón


Cuando yo era muy chico mi abuelo me enseñó los consejos del Viejo Vizcacha, gran manantial de la sabiduría popular argentina. Lo recuerdo sentado en su banquito sin respaldo, en la vereda, a la tardecita, después de la siesta, y yo a sus pies. Un caso (luego comprobé que algo inusual) de tradición oral. Al constatar que, unos 35 años después, conservo en la memoria literales aquellos consejos, surge a mis ojos la evidente utilidad de dos herramientas olvidadas: 1) la inmensa capacidad de aprendizaje y memoria de los niños pequeños; 2) la eficacia de la poesía, del ritmo y de la rima, para garantizar la tradición fiel de generación en generación de aquello que es cultura viva. Mi abuelo era un hombre de campo, del que ya hablé acá, que honraba todavía esa forma de cultura viva. Yo me sorprendo de ver tantos ejemplares del Martín Fierro, algunos forrados en cuero de vaca y otras exquisiteces, expuestos en las mesitas ratonas de livings rústicos-a-todo-trapo, frente al hogar y al ventanal que refleja verde, y tan poca gente que los haya leído con un poco de detenimiento, alguito mayor a la hojeada formal y forzada de la escuela secundaria.

El Viejo Vizcacha de la Plaza Varela, en la querida Montevideo.

Para que exista tradición oral, dijimos, tiene que haber cultura viva que transmitir, y para ello, tiene que haber pueblo, es decir, una comunidad de personas con un pasado común, un conjunto de valores compartidos, y un deseo firme de formar parte de esa comunión también en el futuro; de afrontar juntas el mismo destino.

El pueblo es una construcción paciente y sacrificada, que como toda cosa que existe, orilla siempre, con esa fascinación de los abismos, la posibilidad de exinguirse, de ya no ser. De transformarse en vulgo, en masa amorfa de descastados, parias girando como zombies en redondo, sostenidos tan sólo por el afán, ese fuego de la necesidad sin objeto, de la urgencia sin motivo, del egoísmo, del "salvarse" solo.

Pero bueno, pueblo o no pueblo, el Martín Fierro es nuestro libro nacional. Eso no implica, naturalmente, ninguna exclusividad. Tan sólo, supongo que resultará de más difícil comprensión, por cuestiones de contexto, de historia y de idiosincracia, para los lectores de las tantas otras lenguas en que fue traducido. O incluso, de la lengua castellana, pero que no sean argentinos ni uruguayos ni gaúchos.

Recuerdo un consejo del Viejo Vizcacha:

Las armas son necesarias
Pero naides sabe cuándo;
Ansina si andás pasiando,
Y de noche, sobre todo,
Las debés llevar de modo
Que al salir salgan cortando.

"Que al salir salgan cortando". Ello quiere decir, sencillamente, que el hombre que lleva arma, debe llevar un arma idónea y en estado para su uso inmediato. Si no, mejor que no lleve. Ni qué hablar de un cuchillo de madera o de hojalata. Lo mismo puede decirse de una réplica de un arma de fuego.

El delincuente muerto en Chacarita, seguramente no conocía el consejo del Viejo Vizcacha. Seguramente, incluso, no sabía nada acerca de un libro llamado Martín Fierro (al que nuestra gran Maestra Ciruela, suponemos, llamaría "el José Hernández", compañero de estante en la biblioteca del "Cervantes", ese delirante caballero andante fuera de época...).

Aunque la prensa es renuente a abordar el tema de la nacionalidad, sabemos que en Villa Fraga (lo dice el curita villero en el video que pegamos al final) casi toda la población es recién llegada, en el término de 5 años de esplendor kirchnerista. El 50% del Perú; el 30% de Paraguay; y el 20% restante, de un difuso "Noroeste", que comprende argentinos y bolivianos.


Pero detengámonos un minuto para contextualizar, porque si no, no se entiende de qué estamos hablando. Ocurre que dos jóvenes, uno de ellos de 24 años (lo sabemos porque es el que cayó en acción), se movilizaban en bicicleta por la céntrica zona de la tranquila barriada que coexiste de un lado y del otro de los lindes de Chacarita y Colegiales. Zona agradable, propicia para los paseos sabatinos y domingueros (lo digo porque los hago, y los hice acompañado de chicos pequeños, de mujer embarazada, etc.), o para la tentadora visita nocturna, con los muchachos y su apetito de viquingos, al mítico Albamonte.

Desde que está la villa, la gente vive más refugiada, cierto, pero a nadie parece importarle. Importan más las taras ideológicas y el control del comisariato de lo políticamente correcto, que indica que cualquiera puede vivir donde quiera, y hacer de ese lugar elegido el séptimo infierno, si así se le antoja. Apenas atardece, por esas cuadras sombreadas por los árboles añosos, no se anima a caminar ni un alma en pena. Las paradas de colectivo están de adorno, y curiosamente para una Buenos Aires atestada de automóviles, a nadie se le ocurre parar el auto ahí ni siquiera para cambiar de radio.

Hirientes paradojas de un pregón dañino y disolvente. Nueva gran feria del progreso y el optimismo: Delincuentópolis...



Bueno, volvamos a detenernos, que no completamos la escena. La secuencia comienza con los dos jóvenes villeros de raid en bicicleta por la zona comercial, pleno mediodía. Entran con una pistola 9 mm (que luego resultó ser una réplica, aunque de impecable factura) a una tienda de ropa interior masculina. Reducen a las dos empleadas mujeres. Empujón, puteada, la guita guacha de mierda, cachetazo, más gritos, una patada y encerradas en el bañito de 1x1. Salen tranquilos, con una mochila rebosante de medias y calzoncillos, y más o menos una luca de cash. Pueden enfilar para la villa, que está ahisito nomás, a unas 4 cuadras.

Pero cebados como estaban, no tienen mejor idea que atracar, en Concepción Arenal y Lemos, 6 cuadras de la villa, una de Corrientes, a un gilito que volvía del laburo, con bolso en mano. Eran las 13 hs., pero cuando hay impunidad, no es necesaria la nocturnidad (además, como dijimos, en el barrio a partir del atardecer todo el mundo se refugia). El asaltado, que es un policía de civil de 30 años de edad, inicialmente no se resiste, y les da el bolso y la billetera, pero como los chorizos estaban cebados, comienza la franela vejatoria, y pese a la intimidación que genera tener un cañón de 9 mm apuntándole, finalmente saca la suya (habrá pensado que, si lo seguían revisando y le encontraban el arma, lo mataban ahí mismo como un perro por cobani) y le pega un tiro en la mejilla. El otro ladrón se da a la fuga. El que tenía el arma se queda boca abajo tirado en la vereda.

En minutos el policía es detenido y llevado a la comisaría de la Federal. Luego es trasladado a Gendarmería Nacional, que es la nueva fuerza de control de las policías, mientras Garré y el CELS, al unísono, claman por venganza. "Nos preocupa siempre todo lo que puede ser un exceso policial", proclama la ministra, y se olvida del adverbio que pide pista en todos los lectores: "exclusivamente".

El muerto "tenía numerosos antecedentes por hechos delictivos, en su mayoría por robo con armas. En una causa había sido condenado a la pena de tres años de prisión" (La Nación).

Concurrieron al caso dos cuestiones ya advertidas por el Viejo Vizcacha: la ya mentada de las armas, y la comprendida en estas otras reflexiones:

El primer cuidao del hombre
Es defender el pellejo.

No dejes que hombre ninguno
Te gane el lao del cuchillo.

Lo que los yanquis, más burdamente, pero sin menor eficacia, designan con su célebre You fucked with the wrong bull.

Sin embargo, en la tierra de la desmesura, en el realismo mágico desbordado, un descerebrado maltrazado que se encontró con su destino casi como con una moraleja, termina por acreer también al cada vez más dudoso hábito del martirologio, y estando tan jodidos como estamos, pagaremos todos, calladitos y sin protestar, los desmanes ocasionados por 50 okupas que, reconociendo que el muerto era ladrón, que estaba "trabajando", que utilizó su arma de imitación, argüían algún nivel de exceso de parte del asaltado que se defendió.



Yo creo que es eso lo que da genuina e infinita bronca. La diferencia injusta marcada incluso en la asunción de las pérdidas. Si un pibe pasa a buscar a la novia por Devoto, toca bocina y se queda esperando en su auto, llama la atención a dos malvivientes que andaban al boleo, que le pegan un tiro en la cabeza, y la familia debe resignarse, la novia debe llorar en silencio, todos debemos aceptar que Devoto está muy cerca de la Gral. Paz, y entonces de Fuerte Apache, y bueh...

Ahora, si un chorro que anda de gira, dejando un tendal aquí y allá, absolutamente pasado de rosca como un hurón en un gallinero, se encuentra con una bala, debemos también resignadamente asistir a que la comunidad delincuente que vive del delincuente, que lo ayuda a ser delincuente, que lo oculta y lucra de sus delitos, salga a romper y quemar todo, como advirtiendo a la comunidad no delincuente para que no se le ocurra repetir la osadía de intentar pararlos. El famoso "tenemos derecho", que se ha pegado como una muletilla "neutralizadora" (diría Edwin Sutherland), sin detenerse, claro, en el derecho de los demás.

***

Encontré este mensaje en una botella en el ciberocéano, que ya tiene algún tiempo, y por supuesto, ninguna solución. Argentina es un país cinematográfico, sí, pero no sólo porque sus avatares parecen guionados por una mente muy imaginativa, sino sobre todo porque sus habitantes parecemos condenados al lugar de espectadores de las desdichas, sin que nada que hagamos o digamos pueda jamás influir en el decurso de la trama.

Insert de Facebook: No al crecimiento de la villa de fraga entre chacarita y colegiales

El asentamiento de la calle Fraga al 900 del barrio de Chacarita crece día a día y no es noticia.

El predio pertenece al Estado Nacional y está ubicado detrás del paredón de la Estación Federico Lacroze del Ferrocarril Urquiza.

Los que conocemos la zona vimos cómo en los últimos años casas de madera y chapa se fueron transformando en delicados edificios de cemento de más de 10 metros de altura
... que no paran de crecer.

Los vecinos de Chacarita y Colegiales estamos alertados a raíz del incremento de robos en la zona y esto no es coincidencia.

Colegiales, según un estudio del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata (CEDLAS), es el barrio con mejor calidad de vida.

No queremos que a raíz de esto se pierda la armonía en la que se vive, mucho menos que el valor de las propiedades decaiga como está ocurriendo.

Qué paradoja, si notan que alguien tiene medio centímetro modificado dentro del plano de su vivienda tiene que pagar la diferencia de ABL retroactivo. No obstante tiene que ver cómo los habitantes de la villa día tras día edifican más alto, tienen conexiones clandestinas de electricidad y no pagan sus impuestos.

Este grupo no es para generar conflicto alguno; todo lo contrario, se apunta a la no urbanización del terreno y sí a la reubicación de los habitantes. No queremos que ocurra como en la villa 31 y que se tenga que llegar a lo peor.




martes, 6 de septiembre de 2011

Banderas con rojo, provincias en rojo






El colorado es el color del federalismo en la Argentina, "para la mayor perspectiva, lucimiento, e inclinación al gusto común de los paisanos", según la célebre observación que formulara el caudillo Estanislao López en su mensaje a la Honorable Junta de Representantes del 10 de abril de 1821, explicando el proyecto de bandera antecesora en un año, de la que hoy día es la oficial de la Provincia Invencible de Santa Fe (también de su inspiración).

Precisa Federico Cervera, en el artículo "Escudo de la Provincia de Santa Fe" (en Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe, Santa Fe de la Vera Cruz, 1970) que "Una larga tradición rioplatense acompaña el color colorado y sus matices rojos, punzó o escarlata... en la Reconquista de Buenos Aires y en la defensa de Montevideo portaron las tropas locales estandartes encarnados, azul turquí y blancos... rojos fueron los distintivos de los soldados patriotas antes de la adopción de la escarapela blanquiceleste; rojos, los detalles de las banderas provinciales conocidas, y rojo el rasgo dominantes de los uniformes de las tropas de Güemes".

Estandarte Real enarbolado en la Reconquista de Buenos Aires (1806). Lo llevaba el Alférez Real. Museo del Cabildo de Buenos Aires.

Armas del Conde de Buenos Aires (título nobiliario otorgado a Santiago de Liniers en 1809, en reconocimiento a su papel en la Reconquista), luego Conde de la Lealtad.

Las banderas provinciales federales cayeron definitivamente en desuso con la consolidación del Partido Liberal (ex Partido unitario) triunfante en Pavón por la defección de Urquiza, y luego de la sangrienta masacre de la población gaucha que llevaron adelante los coroneles de Mitre, bajo la Dirección de Guerra del entonces gobernador de San Juan, Faustino Sarmiento.

A partir de los años '80 se restableció la sana tendencia a la identidad simbólica provincial, en un proceso que encabezaron Corrientes, La Rioja y Santiago del Estero en 1986, seguidas por Entre Ríos (Bandera de Artigas) en 1987, por San Luis (1988) y por Neuquén en 1989. En la década de los '90 comenzaron a flamear, junto a la bandera nacional, las enseñas de Formosa (1991), Mendoza y Misiones (1992), La Pampa (1993), Buenos Aires, Salta y San Juan (1997), y Tierra del Fuego (1999). La provincia de Tucumán aprobó su bandera en 1995, pero a fines de la década comenzó a sufrir objeciones de parte de minorías religiosas no cristianas, por la utilización de la cruz, y fue derogada en 2008 por el actual gobernador Alperovich, y reemplazada por la histórica bandera belgraniana de Macha (tres franjas horizontales, blanca-celeste-blanca).


Asimismo, Jujuy adoptó su bandera en 1960, pero ésta no es otra que la réplica de aquella que Belgrano obsequiara al cabildo de San Salvador de Jujuy en reconocimiento por el sacrificio del pueblo en el éxodo, que consiste sólo en un paño blanco con el escudo nacional bordado en el medio.

En 2000 vería la luz la bandera de Santa Cruz, y las más demoradas en ese proceso de autoafirmación fueron las provincias históricamente radicales: Chubut (2005), Chaco (2007), Río Negro (2009) y Córdoba (2010). A propósito del reciente auge del verde en las enseñas provinciales, hemos tenido la oportunidad de explayarnos dos años atrás. Sólo agregaríamos, para resaltar una particularidad curiosa, que la bandera de Río Negro reproduce fielmente (salvo por el cantón negro sobre la franja azul) el pabellón del "Reino de la Araucania y de la Patagonia", para algunos, un intento colonialista de apropiarse de esa dilatada región, disfrazado de excentricidad y delirio individuales. Dice al respecto Pacho O'Donnell (Historias Argentinas. De la Conquista al Proceso, Sudamericana, Bs. As., 2006, pág. 175): "También Francia puso sus ojos en nuestra región austral y su ejecutor fue el imaginativo 'Rey de la Patagonia', Orélie Antoine de Tounens, cuyas andanzas en 1869 con el apoyo de Napoleón III son habitualmente tomadas en solfa a pesar de que llegó a estar acantonado con su ejército de indígenas sublevados contra la autoridad de Buenos Aires esperando, a orillas del mar, el desembarco de tropas francesas".

El pasado 25 de agosto, con motivo de la celebración de los 190 años de la Provincia de Catamarca, su gobierno presentó en sociedad la bandera que faltaba. El diario La Unión Digital la ha descripto así: "En los bordes cuenta con un fileteado teñido de color oro, que representa la riqueza cultural hereditaria que posee la provincia. En tanto, el lateral superior es celeste y blanco, que representa el cielo, la enseña nacional y el manto de la Virgen. En la parte inferior, posee una franja rojo sangre, que representa, 'la mixtura de nuestra sangre'. En el centro, en la unión de los colores fue diseñado un sol, inspirado en el sol de los incas. En los laterales del mismo, se diseñó una corona de olivos, formada por 16 hojas, que representan a todos los departamentos de la provincia".

Descontamos que la mención al manto de la Virgen se trata de un "desliz desafortunado", que no ha tenido en miras a las minorías ya no sólo no-cristianas, sino incluso no-católicas, como podemos ejemplificar con la obra del "Maestro Amor", por caso.


También deberemos considerar que la justificación del rojo en la "mixtura de la sangre" está vinculado con atendibles pruritos respecto de la defensa del federalismo. No son tiempos propicios para esas patriadas, ciertamente. Y menos en Catamarca.

También soslayaremos la similitud con la bandera de Chile, incluso en lo relativo a llevar el celeste al asta. Ese tipo de similitudes es comprensible, tratándose de banderas bien hechas (como es el presente caso), ya que la síntesis y las líneas rectas, así como la austeridad en el empleo de los colores, puede conducir casi siempre a remotas e insospechadas coincidencias. La flamante bandera de la paradisíaca Sint Maarten (Estado en el Commonwealth Neerlandés creado el 10 de octubre de 2010) viene a replicar la disposición y los colores de la de Filipinas. Aunque sólo la ubicación tropical y la característica insular tienen ambos países en común. En cambio, siendo Catamarca provincia limítrofe con la República de Chile, hubiera sido aconsejable poner el acento en la necesidad de distinguirse respecto de esa bandera.

Ilustraciones: Vexilla-Mundi. (Click para ampliar)


En fin, lo cierto es que Catamarca se integra con su decisión al círculo de provincias con banderas federales, compuesto por:

Ilustraciones: Vexilla-Mundi. (Click para ampliar)

Excluyendo a Misiones y Neuquén, que hasta mediados del siglo pasado fueron territorios nacionales, es interesante señalar la pérdida de peso relativo que sobre el total de la población argentina han tenido esas provincias (un tema en el que no abundaremos, porque desarrollaremos más adelante):

Provincia

% sobre Total País - 1869

% sobre Total País – 2010

Catamarca

4,26

0,92

Córdoba

11,21

8,24

Entre Ríos

7,15

3,08

La Rioja

2,60

0,83

Salta

4,74

3,03

Santa Fe

4,75

7,98

Santiago del Estero

7,08

2,24

Total

41,79

26,32


Se ha tomado como punto de partida el Censo de 1869, que además de ser el primero, puede reflejar con mayor fidelidad (olvidándonos de las sangrías mitristas) la distribución histórica de la población en la Argentina, y también, por qué no, el sustento popular y el peso específico de cada provincia en el contexto político argentino de la primera mitad del siglo XIX. Apreciando ese orden de importancia, puede ser mejor comprendida la gravitación efectiva de caudillos como Artigas (que, controlando la Liga de los Pueblos Libres, integrada por la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Córdoba y La Rioja, se opuso al Directorio unitario de Buenos Aires), que compendiaba en su liderazgo al 40% de la población argentina; o como Facundo Quiroga, que siendo la principal espada de la Liga Federal, agrupaba bajo su liderazgo a todo Cuyo y La Rioja, es decir, más de un 12% de la masa humana (comparar con el 10% de la ciudad de Buenos Aires, el 11,2% de la provincia de Córdoba o el 5,8% de la provincia de Tucumán, de esa misma época). Si en un ejercicio especulativo, y al mero efecto gráfico, trasladáramos esa relevancia demográfica a la actualidad, Artigas lideraría a un 28% de la población y Facundo a menos del 8%. Ambos habrían perdido un tercio de su poder geodemográfico.

Bien es cierto, que corresponde mencionar que esa declinación en el peso relativo de las provincias frente al centralismo porteño incumbe también a las demás que no tienen banderas federales en la actualidad (Buenos Aires, pese al empleo del rojo, y como ya se manifestó en una anterior oportunidad, tiene una bandera de corte "productivista" y churrigueresca amalgama; y Corrientes, otra de las provincias originales del Pacto Federal, tiene una bandera muy asimilada desde lo simbólico a la nacional, como ocurre con Mendoza, San Juan, Tucumán, La Pampa, etc.), principiando, curiosamente, por la mismísima Provincia de Buenos Aires, siempre que se considere que el conurbano de la ciudad federalizada compone un conjunto con características propias, diferenciadas de las de la provincia y asimilables al ideal y objetivos centralistas que concibieron y llevaron a cabo esa segregación. Así, si Buenos Aires pasó de un 16,4% en 1869 (20,4% en 1914, luego de la inmigración euroasiática) al 10,1% actual, Corrientes cayó de un 6,9% a un 2,5%; Jujuy de un 2,6% a un 1,7%; y Cuyo de un 9,5% a un 7,1% en 2010.

En tanto, Santa Fe, que consolidó su actual territorio recién en 1887, representaba en 1914, con el aporte de los colonos inmigrantes, el 11,4% de la población total del país, con lo que, respecto de esa referencia, perdió un 30% de su peso demográfico relativo.

Comparación territorial de Santa Fe entre los años 1858 y 1914 (sombreado enla segunda figura, el territorio preexistente).

¿El espacio geopolítico beneficiado? El puerto, naturalmente, y su área de influencia y continuidad urbanas (que coincide plenamente con el primer proyecto de capitalización en el marco de la Constitución Unitaria de 1826, presentado por Rivadavia el mismo día de su asunción como Presidente y aprobado por el Congreso por 24 votos a 15 menos de un mes después, con Norte en el Tigre, Sur en Ensenada, Este en el Río de la Plata y Oeste en Puente de Márquez, actual partido de Moreno). En ese mínimo espacio, densamente poblado, se desarrolla el proyecto político unitario para la dominación y el sojuzgamiento de las provincias, finalmente convertidas en meras delegaciones del poder central, que puede prescindir mayormente de ellas para acceder al gobierno general. En ese área, el hoy día conocido como Región Metropolitana de Buenos Aires, el peso poblacional relativo pasó del 9,98% en 1869 al 36,01% en 2010 (equivalente a la suma de toda la Región Pampeana más las provincias de Cuyo).

Proyecto (aprobado) de segregación territorial de la Provincia de Buenos Aires para la creación del territorio de dominio del Estado Unitario, Bernardino Rivadavia, 1826. (Click para ampliar).



viernes, 2 de septiembre de 2011

Tricolore

الحرية ، المساواة ، الإخاء


“Libertad, igualdad, fraternidad (o la muerte)” fue el lema de los revolucionarios franceses de 1789, y luego pasó a un discreto olvido, por su marcada reminiscencia al Terror. Volvió a cundir con las revoluciones liberales de 1830 y 1848, y actualmente es el lema oficial de la República Francesa. Alguien lo asoció a los colores de la bandera francesa, que casualmente son 3, como los principios abstractos invocados en el lema. ¿La libertad es azul, como el océano, que evoca con su amplitud ese afán de irrestricción e incondicionalidad? ¿La igualdad es blanca, como la muerte, del no color que todo lo comprende y asimila, de la luz cegadora que elimina en su ímpetu los detalles y difumina las identidades? ¿La fraternidad es roja, porque roja es la sangre de toda una humanidad a la que se pretende hermanar a partir de su común pertenencia biológica? Sin embargo, la bandera revolucionaria de Francia tenía el rojo al asta, como las actuales banderas de las provincias de Santa Fe y de Córdoba. Fue recién en 1794 que el triunfo interno, en el seno de los revolucionarios, de la Derecha sobre la Izquierda determinó que el azul fuera a ocupar el distinguido sitial junto al asta. Simbológicamente, ésa era la forma de distinguirse entre la Droit (feuillants y girondinos) y la Gauche (jacobinos y cordeliers), las dos facciones demoliberales de la Asamblea.



Entonces, genéticamente, cabe reformular: ¿La libertad es roja, por la sangre derramada para conseguirla, sustrayéndose de “las cadenas de la monarquía”? ¿Y la fraternidad es azul, color de la lealtad y de la franqueza, los dos atributos de la amistad?

En verdad, la bandera francesa es una amalgama entre la bandera de París (dividida verticalmente en dos campos iguales, uno azul y otro rojo) y la bandera tradicional francesa (blanca con flores de lis doradas; el blanco, color de la virginidad de María y color de Juana de Arco, es adoptado como el color del Reino de Francia desde el siglo XVII). De modo tal, que el azul y el rojo simbolizan al centralismo unitario (que es una característica organizativa típicamente burguesa, por sus principios de administración y de dominación territorial; y típicamente jacobina, por sus principios igualitarios de corte racionalista y nacionalista, que niegan cualquier identidad regional), y el blanco simboliza a la tradición, o si se quiere, al principio de continuidad del Estado más allá de las características políticas de los regímenes de gobierno. Su creación se atribuye al Marqués de Lafayette, héroe de la Independencia de los EE.UU. y general del ejército revolucionario francés y –cómo no- jefe de la Guardia Nacional de París.

Curiosamente, el lema “libertad, igualdad, fraternidad” es también el oficial en la República de Haití (una ex colonia francesa bajo el régimen del esclavismo, que se emancipó en un tortuoso proceso que fue de 1791 a 1804); y los colores del Estado insular americano coinciden con la conformación de la bandera de Francia: el paño dividido horizontalmente en dos campos iguales, el superior azul, el inferior rojo, y un cuadrado en el medio de color blanco, con escudo a la moda (de una palmera coronada con gorro frigio salen banderas rojiazules para los costados, y delante de ellas, dos cañones y sus balas, hachas, anclas, trompetas y cadenas, y por detrás de las banderas, bayonetas). Difícil es ciertamente, asegurar la consecución de conceptos abstractos. Más difícil es asegurar la consecución simultánea de esos conceptos, cuando en alguna medida resultan contrapuestos. Demasiado se ha hablado de la tensión insoluble entre igualdad y libertad. Lo cierto es que en Haití, país flagelado por la guerra civil entre bandas armadas, por el hambre y la depredación ecológica, falta tanto de lo uno como de los otros, aunque ciertamente si algo se ha conseguido en mayor medida, es la igualdad: la igualdad en la miseria y la igualdad de los sepulcros.



En tanto, en la bandera francesa la igualdad progresivamente deja de reflejarse en la disposición de los colores. La bandera naval tiene una proporción 30:33:37, azul-blanco-rojo respectivamente. Ello así, porque a la distancia todo lo que está colocado junto al mástil tiene mayor visibilidad que el batiente. De tal forma, la disposición asimétrica y progresiva tiende a equilibrar el efecto visual. Por lo mismo, el sol de la bandera argentina estuvo situado en varios períodos del siglo XIX, y en numerosos diseños, más cerca del asta, y no al centro como en la actualidad. Asimismo, hay una nueva bandera, en la cual la franja central blanca se ha reducido considerablemente, acercando mucho el rojo al azul, y que se emplea en los mensajes oficiales televisivos. Su argumento reside en que, como bandera de ceremonia que descansa sin ondear, el único color que se ve de la cintura para arriba del orador, es el azul, y ello conduce a confusión con la bandera supranacional de la Unión Europea, también de uso obligatorio en esos eventos televisados.



El 28 de agosto pasado apareció publicado un artículo, que se ha difundido por diversas redes de información, que da cuenta de que ya, a estas tempranas alturas (los cálculos que en su momento fueron tachados de “alarmistas” advertían sobre la certeza de esta ocurrencia recién para 2025), el Islam es la religión más practicada en Francia. Reproducimos a continuación la nota:

El arzobispo emérito de Smirne, Giuseppe Germano Bernardini, narra la conversación que tuvo con un líder islámico: “Gracias a vuestras leyes democráticas, os invadiremos. Gracias a nuestras leyes religiosas, os dominaremos”.

El Hudson Institute publica un informe en el que asegura que el Islam es la religión que más se practica en Francia. En el país galo se construyen más y con más frecuencia mezquitas islámicas que iglesias católicas, y hay más practicantes musulmanes que católicos.



Actualmente, están en construcción alrededor de 150 nuevas mezquitas en Francia, que acoge a la mayor comunidad islámica de Europa. Los proyectos se encuentran en diferentes estadios de ejecución, según Mohamed Moussaoui, presidente del Consejo Musulmán francés, que proporcionó estos datos en una entrevista con la Radio RTL el 2 de agosto pasado.

La cantidad total de mezquitas en Francia ya se ha duplicado, superando las dos mil en los últimos diez años, según una investigación titulada: Construir mezquitas: El gobierno del islam en Francia y en Holanda. El líder islámico francés más conocido, Dalil Boubakeur, rector de la Gran Mezquita de París, recientemente hipotetizaba que, para satisfacer la creciente demanda, la cantidad total de mezquitas deberá (nuevamente) duplicarse hasta llegar a cuatro mil.

Por el contrario, la Iglesia católica ha construido en Francia sólo veinte nuevas iglesias en los últimos diez años, y ha cerrado formalmente más de sesenta, muchas de las cuales podrían convertirse en mezquitas, según una investigación llevada a cabo por el periódico católico francés La Croix.

Si bien el 64% de la población francesa (41,6 millones de personas sobre 65 millones de habitantes) se define católica, sólo el 4,5 % (aproximadamente 1.900.000 personas) es católica practicante, según el Instituto Francés de la Opinión Pública (IFOP).

Siempre en el campo de las comparaciones, el 75% (4,5 millones) de los alrededor de 6 millones de musulmanes norteafricanos y subsaharianos en Francia se identifica como “creyente”, y el 41% (aproximadamente 2,5 millones) sostiene ser “practicante”, según un informe sobre el islam en Francia publicado por el IFOP el 1 de agosto pasado. La investigación afirma que más del 70% de los musulmanes franceses dice cumplir con el Ramadán en el 2011.

Reuniendo estos elementos, estos datos proporcionan una evidencia empírica de la tesis según la cual el islam se encuentra en vías de superar al catolicismo como religión dominante en Francia. Desde el momento en que los números crecen, los musulmanes en Francia se están volviendo más audaces que antes. Un caso a modo de ejemplo: grupos musulmanes en Francia están pidiendo a la Iglesia católica el permiso para utilizar sus iglesias vacías como instrumento para resolver los problemas de tránsito provocados por los miles de musulmanes que rezan en las calles.



En un comunicado del 11 de marzo pasado, dirigido a la Iglesia de Francia, la Federación Nacional de la Gran Mezquita de París, el Consejo de Musulmanes Democráticos de Francia y un grupo islámico llamado Collectif Banlieues Respect pidieron a la Iglesia católica, con espíritu de solidaridad interreligiosa, que permitiera que las iglesias vacías fueran utilizadas por los musulmanes para la oración del viernes, de modo que “no se vean obligados a rezar en la calle” o “sean tenidos como rehenes por los políticos”.

Cada viernes, miles de musulmanes en París y en otras ciudades francesas bloquean calles y aceras (y, como consecuencia, bloquean el comercio local y dejan atrapados a los residentes no islámicos en las casas y en las oficinas) para ubicar a los fieles que no logran entrar en la mezquita para la oración del viernes.



Algunas mezquitas han comenzado a transmitir sermones y cantos de Allahu Akbar en las calles. Estos inconvenientes han provocado ira y reacciones contrarias, pero a pesar de muchas quejas oficiales, las autoridades no han intervenido hasta ahora, por temor a generar incidentes. La cuestión de las oraciones callejeras alcanzó el lugar de prioridad de la agenda política francesa cuando, en diciembre del 2010, Marine Le Pen, la nueva líder carismática del Frente Nacional, las denunció como “una ocupación sin soldados ni tanques de guerra”.

Durante una reunión en la ciudad de Lyon, Le Pen comparó las oraciones islámicas callejeras con la ocupación nazi. Dijo: “Para aquellos que aman hablar tanto de la Segunda Guerra Mundial, podemos también hablar de este problema [las oraciones islámicas callejeras], porque se trata de una ocupación de territorio. Es una ocupación de secciones de territorio, de distritos en los cuales la ley religiosa entra en vigor. Es una ocupación. Naturalmente, no hay tanques de guerra ni soldados, pero no por eso deja de ser una ocupación que pesa fuertemente sobre los residentes”.



La cuestión de las oraciones islámicas callejeras, publica La Stampa, —y la cuestión más amplia del rol del islam en la sociedad francesa— se ha convertido en un problema de primer orden, en vista de las elecciones presidenciales del 2012. Según un sondeo del IFOP, el 40% de los franceses está de acuerdo con Le Pen en el hecho de que las oraciones callejeras parecen una ocupación. Otro sondeo publicado por Le Parisien demuestra que los votantes ven a Le Pen, que sostiene que Francia ha sido invadida por los musulmanes y traicionada por sus élites, como la mejor candidata para enfrentarse al problema de la inmigración musulmana.

El presidente francés Nicolas Sarkozy, cuya popularidad era en julio del 25% —la cifra más baja registrada para un presidente saliente un año antes de las elecciones presidenciales—, parece, según TNS-Sofres, decidido a no dejarse superar por Le Pen en esta batalla. Recientemente, declaró que las oraciones callejeras son “inaceptables”, y que las calles no pueden convertirse en “una extensión de la mezquita”. Y advirtió que este fenómeno puede minar la tradición laica de Francia de separación entre Estado y religión.



El ministro del Interior, Claude Guéant, dijo a los musulmanes de París, el 8 de agosto, que en lugar de orar en las calles pueden utilizar un cuartel en desuso. “El orar en las calles no es algo aceptable, debe terminar”.

Algunas declaraciones de líderes musulmanes no parecen destinadas a adormecer las preocupaciones de los franceses (y no sólo de los franceses). El primer ministro turco, Tayyp Erdogan, por ejemplo, dio a entender que la construcción de las mezquitas y la inmigración forman parte de una estrategia de islamización de Europa. Y repitió públicamente las palabras de una poesía turca, escrita en 1912, por el poeta nacionalista turco Ziya Gökalp: “Las mezquitas son nuestros cuarteles, los alminares, nuestras bayonetas, y los fieles, nuestros soldados”.



Propicia es para epilogar esta entrega la reflexión que el gran pensador rumano con larga residencia en Francia, E.M. Cioran, hiciera hace ya 32 años en Desgarradura (Gallimard, 1979; en español, Tercer Mundo en coed. Montesinos, 1989, pp. 12-15):



Una noche en el metro miré atentamente a mi alrededor: todos procedíamos de otro lugar… Entre nosotros, dos o tres figuras de aquí, siluetas azoradas que daban la impresión de pedir perdón por su presencia. El mismo espectáculo en Londres.

Las migraciones no se realizan ya por desplazamientos compactos sino por infiltraciones sucesivas entre los “indígenas”, demasiado exangües y distinguidos para rebajarse a la idea de un “territorio”. Tras mil años de vigilancia, las puertas se abren… Si se piensa en la larga rivalidad que existió entre franceses e ingleses, y franceses y alemanes después, se diría que todos ellos, debilitándose recíprocamente, no tenían más objetivo que precipitar la hora de su hundimiento común para que otros especímenes de humanidad tomaran el relevo. La nueva Völkerwanderung, al igual que la antigua, suscitará una confusión étnica cuyas fases no pueden preverse con claridad. Ante cataduras tan dispares, la idea de una comunidad mínimamente homogénea resulta inconcebible. La posibilidad misma de una multitud tan heteróclita sugiere que en el espacio que ésta ocupe, no existía ya entre los autóctonos, el deseo de salvaguardar ni siquiera una sombra de identidad. Del millón de habitantes que tenía Roma en el siglo III de nuestra era, sólo sesenta mil eran latinos de origen. Cuando un pueblo realiza la idea histórica que tenía la misión de encarnar, se queda sin motivos para preservar sus diferencias, para cuidar su singularidad, para salvaguardar sus rasgos en medio de un caos de rostros.

Después de haber dominado los dos hemisferios, los occidentales se están convirtiendo en el hazmerreír del mundo: espectros sutiles y ultrarrefinados, condenados a una condición de parias, de esclavos claudicantes y lábiles, a la que quizás escapen los rusos, esos últimos blancos. Ellos poseen aún orgullo, el motor, la causa de la historia. Cuando una nación deja de poseerlo y de creerse la razón o la excusa del universo sae excluye a sí misma del porvenir: ha comprendido al fin –por suerte o por desgracia, según la óptica de cada uno. Y si esto desespera al ambicioso, fascina en cambio al meditativo ligeramente depravado. Sólo las naciones peligrosamente avanzadas merecen hoy nuestro interés, sobre todo cuando mantenemos relaciones poco claras con el Tiempo y giramos en torno a Clío por necesidad de castigo, de flagelación. Todos trabajamos contra nuestros propios intereses: no somos conscientes de ello mientras actuamos, pero si analizamos cualquier época advertiremos que nos agitamos y nos sacrificamos siempre por un enemigo virtual o declarado: los protagonistas de la Revolución por Bonaparte, Bonaparte por los Borbones, los Borbones por los Orleáns… Tal vez la historia sólo debiera inspirarnos sarcasmo, quizás no posea objeto… Aunque sí, lo posee, y más de uno incluso, lo que sucede es que los alcanza al revés. El fenómeno es universalmente verificable. Realizamos lo contrario de lo que perseguimos, avanzamos en contra de la hermosa mentira que nos propusimos; de ahí el interés de las biografías, el menos molesto de los géneros dudosos. La voluntad nunca ha servido a nadie: lo más discutible de cuanto producimos es lo que más apreciamos y aquello por lo que nos infligimos mayores privaciones; esto es tan cierto de un escritor como de un conquistador, de cualquiera en realidad. El final de un individuo invita a tantas reflexiones como el final de un imperio o del propio ser humano, tan orgulloso de haber accedido a la posición vertical y tan temeroso de perderla, de volver a su apariencia primitiva y de terminar su carrera como la había empezado: encorvado y velludo. Sobre cada ser pesa la amenaza de un retroceso hacia su punto de partida (como para ilustrar la inutilidad de su recorrido, de todo recorrido) y quien consigue librarse de ella da la impresión de escamotear un deber, de negarse a jugar el juego inventándose un modo de degradarse demasiado paradójico.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Lo lingüísticamente correcto


Me llegó por segunda vez por correo-e una presentación .pps que aborda claramente taras lingüísticas reiteradas, y sobre todo, reiteradas desde el poder y el monopolio del "decir bien" en nuestra sociedad, es decir, imposiciones tan prepotentes cuanto arbitrarias, que con su repetición martilleante, han terminado por lastimar mi susceptibilidad, fraguada por la lectura, la escritura y la plática, y por qué no, por el aprecio genético y visceral por nuestro rico idioma. Un "decir bien" que es "decir mal", y por tanto, si seguimos a Unamuno y aceptamos que sólo se piensa en palabras, un "decir bien" que no conduce a un "pensar mal", sino a un "pensar menos" (aunque, o tal vez por ello mismo, ocupando más espacio en el disco rígido).

Como se trata de un documento cuya finalidad es la difusión de mano en mano, o de correo en correo, creo que al agregarle este medio de publicidad contribuyo con su objeto, tal vez más que tomándome la molestia de reenviarlo a todos mis contactos. Aquí van algunas de las diapositivas entonces (click sobre cada imagen para ampliarla):










lunes, 29 de agosto de 2011

Telegrama



Aclaración previa. Este post es un puzzle de remisiones a otras páginas, a las que se reenvía con un click sobre el texto subrayado (links). No viene mal mirar un poco. Se trata de botones de muestra, solamente.





"Lombrosiana", de José María Cao. Análisis criminológico a la moda de la época. Aparecido originalmente en Caras y Caretas Nº 421, 27 octubre 1906. Publicado en La Argentina sin careta. Ilustraciones 1893-1918 por la Fundación OSDE.



"La exclusión lisa y llana de la oposición mediante el uso de los instrumentos del estado hizo que muy pronto se denunciara a este sistema como un verdadero régimen oligárquico".

La política según Roca. Control electoral y exclusión de opositores
; en op. cit. infra, p. 32.



Allá lejos y hace tiempo, pero siempre es bueno rememorarlo, por aquellos mismos argumentos con que nos taladran también hoy para justificar privilegios, indemnizaciones, contrataciones directas y "anticipos" de obra que son casi totales, a saber: que olvidar los hechos garantiza que éstos se repitan en el presente... Allá lejos y hace tiempo, decíamos, existía la oligarquía (ahora no), que sustentaba su poder en el fraude electoral (ahora no) y digitaba directamente desde la Presidencia de la Nación al sucesor (ahora no), en connivencia con un esquema de gobernadores lábiles y cómplices (ahora no), sustentada en la morosidad y desidia de un pueblo adormecido por la bonanza económica (ahora no) sostenida en los aranceles aduaneros que se cobraban a las exportaciones agroganaderas, por entonces muy apreciadas en el mercado internacional (ahora no), todo lo cual que generaba una elite caracterizada por las puertas giratorias entre los distintos ámbitos del poder: sus miembros, en el transcurso de la carrera política, pasaban por los tres órganos de gobierno, eran gobernadores, luego senadores, luego jueces federales, luego diputados, luego ministros, etc.

El caso culminante lo constituye José Figueroa Alcorta, que detentó la máxima autoridad en los tres órganos de la República: fue Presidente de la Corte Suprema, Presidente de la Cámara de Senadores, y Presidente de la República. Además fue, faltaba más, diputado nacional y gobernador de la Provincia de Córdoba (provincia donde fue también diputado, senador, ministro de Gobierno y ministro de Hacienda).

Podemos afirmar que, de esa generación del '80, ninguno de los representantes de la elite tenía tiempo de quedarse en casa, o de dedicarse a la actividad privada. Cuando no había algún carguito dando vueltas, siempre el mundo les ofrecía la oportunidad de viajar, a través del noble ejercicio de la diplomacia.

A un esquema de partido hegemónico, llamado con justicia el "unicato" en donde las elecciones se resolvían entre distintos miembros y "ligas" del mismo Partido Autonomista Nacional (PAN), se le agregaban arteros mecanismos de "elecciones controladas" por el mismo gobierno que las organizaba, que han sido resumidos, por ejemplo, como sigue:

"Indalecio Gómez, ministro de Interior durante la presidencia de Roque Sáenz Peña, se refirió ala dinámica electoral del roquismo: 'Lo odioso no es que se cometan venalidades, que se cometan maniobras fraudulentas por los ciudadanos, sino que sea el gobierno mismo el que provoque esos delitos'. La acusación apuntaba al gobierno como principal promotor del control electoral. Desde 1880, la competencia electoral entre partidos disminuyó o bien se concentró en las disputas entre las ligas del PAN.
"Varios eran los pasos para el desarrollo de una elección controlada. Todo empezaba con la confección del Registro Cívico y la selección de las autoridades de las mesas escrutadoras. Una vez comenzado el comicio, podían ocurrir desde las más conocidas acciones violentas generalizadas de las décadas anteriores hasta los métodos más pacíficos de manipulación del voto. En esta instancia, los caudillos electorales mantuvieron su papel central como en años anteriores. Ofrecían servicios, pactaban acuerdos, movilizaban electores. Solían ocupar puestos de gobierno de poca importancia, pero su lugar en el proceso electoral era clave. "En general, los ciudadanos inscriptos en el Registro Cívico iban a votar en grupo, según su afinidad. Las boletas (si la elección se implementaba mediante boletas) se entregaban a los electores poco antes de ir a votar. Muchas veces el número de votantes excedía la cantidad de inscriptos en el registro, ya que se usaban nombres de ausentes, fallecidos o personas que debían sufragar en otro distrito, pudiendo así votar dos o más veces. Luego, el juez de elección era quien debía otorgar legitimidad al comicio, lo cual ocurría según sus simpatías o lealtades".

[Fuente: Maniobras roquistas. Cómo funcionaba el control electoral, en Historia de las Elecciones Argentinas, Tº 2, "1853-1910. Aprendizaje electoral", AGEA S.A., Bs. As., 2011, ISBN 978-987-07-1389-0; pp. 40-41].




Hace poco leía a un historiador que reflexionaba que uno de los méritos de esa oligarquía decimonónica fue el haber emplazado gran cantidad de postes de telégrafo, para integrar las comunicaciones en un país tan vasto, atribuyendo al telegrama (el mensaje breve que se envía por medio del telégrafo) el carácter de anticipo secular respecto de la Internet. También en los telegramas encontramos afinidades y puntos de contacto entre las oligarquías separadas por más de un siglo.

Aquí, en estos telegramas sugestivamente tachonados, corregidos y con discrepancias numéricas, y otras barrabasadas varias. Aquí también. Y aquí. O este otro caso, en el cual el presidente de mesa tiene DNI comenzado en 40 millones, o sea, una edad de entre 14 y 15 años.

Y este caso, más que sugestivo. Faltó que la autoridad de mesa escribiera: "Va el cheque en blanco. Complétenlo ustedes, que no tengo ganas/tiempo/conocimiento para hacer la cuenta".

Como después de toda bonanza (ciertamente ayudada por el talento, hay que reconocerlo, y lamentar que siquiera un émulo disminuido a un 10% del Gringo Pellegrini esté en condiciones hoy día de afrontar la crisis que se viene; concluía Pacho O'Donnell sobre el gabinete de Don Carlos en Historias Argentinas, Sudamericana, Bs. As., 2006, p. 184: "A nadie escapará el elevado nivel intelectual de dichos hombres, tan ausente en muchos de los gabinetes recientes") viene el declive, que Argentina vivió cuando comenzó la Gran Guerra del 14, y luego la mishiadura, que Argentina vivió a partir de la Gran Depresión del 29, quedará para cada uno analizar si, entre las lamentables diferencias entre una y otra oligarquía, hay alguna que radique en cuestiones infraestructurales, materiales, básicas.

Si todavía viajamos sobre los rieles que se emplazaron en aquella época, y usamos sus telegramas, si Argentina tuvo entonces para tirar medio siglo con el changüí de los excedentes financieros gestionados en la época de bonanza; cabe preguntarnos, ante las inequívocas señales de un nuevo declive, qué nos deja la actual oligarquía para pelechar mañana, más que compromisos económicos en forma de subsidios estructurales para una gigantesca masa humana clientelar sin capacidad para ganarse el pan con sus propias armas, es decir, una deuda social explosiva, nada más. Y nada menos.



viernes, 26 de agosto de 2011

Lo Políticamente Correcto

Recientemente me han llegado muy buenos materiales sobre el tema, redactados por autores que, no sólo tienen evidentemente mayor autoridad que nosotros, sino mejor capacidad expresiva. Es por ello que dejaremos a los mismos hablar sobre tan crucial cuestión.


Cronológicamente entonces, comenzaremos por Alexis de Tocqueville, genial pensador e historiador liberal francés, que en tiempos tan tempranos como 1840 anticipaba con perturbadora precisión (De la Democracia en América, 2ª Parte):

El despotismo me parece pues particularmente de temer en las eras democráticas. Pienso (...) que la especie de opresión que amenaza a los pueblos democráticos no se parecerá a nada de lo que la ha precedido en el mundo; nuestros contemporáneos no la encontrarían registrada en sus recuerdos. Yo mismo busco en vano una expresión que reproduzca exactamente la idea que me formo y robustezco de ella; los antiguos términos despotismo y tiranía no sirven. La cosa es nueva, por lo que hay que ponerse a definirla, ya que no se la puede nombrar.

Cadenas y verdugos son los instrumentos groseros que empleaba antaño la tiranía; pero en nuestros días la civilización ha perfeccionado hasta al despotismo mismo, que sin embargo parecía no tener nada que aprender
(...). El príncipe había, por así decir, materializado la violencia; las repúblicas democráticas actuales la han tornado tan intelectual como la propia voluntad humana que ella intenta constreñir. Bajo el gobierno absoluto de uno solo, el despotismo, para llegar al alma golpeaba groseramente el cuerpo; y el alma, escapando a esos golpes, se elevaba gloriosa. Pero, en las repúblicas democráticas, la tiranía no procede así; deja el cuerpo y va derecho al alma. El amo no dice más: pensaréis como yo o moriréis; dice: sois libre de poder pensar como yo; os quedáis con vuestra vida y vuestros bienes. Pero, desde este día, sois un extraño entre nosotros. Conservaréis vuestros privilegios en la Ciudad, pero os resultarán inútiles porque, si procuráis el cambio de vuestros conciudadanos, no lo aceptarán; y si demandáis sólo su estima, os la rehusarán. Permaneceréis entre los hombres pero perderéis vuestros derechos a la humanidad. Cuando os acerquéis a vuestros semejantes, huirán de vos como de un ser impuro; y hasta los que crean en vuestra inocencia os abandonarán, pues se les escaparía a su turno a ellos también. Id en paz, os dejo la vida, pero os la dejo peor que la muerte.



En 1997 Günther Maschke escribía "Lo Políticamente Correcto", en No a la Censura. De la Policía del Pensamiento a la Nueva Inquisición, GRECE, París, pp. 79-92, de donde extractamos:

La actual imposibilidad de construir una teoría crítica de lo políticamente correcto (PC) explica la tendencia que tenemos a subrayar solamente los aspectos más ridículos. Por ejemplo, la utilización de palabras correctas en el dominio de las diferencias sociales o raciales. Cada uno es consciente, sin duda, de lo ridículo de lo PC, ¡pero todo el mundo habla correctamente! En realidad, la fuerza de lo PC es imperiosa, decide arbitrariamente sobre la carrera de los individuos y condiciona las actitudes deseables en función, no de la opinión pública, sino únicamente de la opinión publicada.

(...)

Lo PC
se caracteriza siempre por una inversión de los conceptos, como en la utilización abusiva de los términos democracia o tolerancia. Sus partidarios reclaman así la tolerancia para los demandantes de asilo, los inmigrados, los musulmanes, los gitanos, los criminales y los terroristas, como para las minorías sexuales. En realidad, el esquema es siempre más o menos el mismo: primeramente se reclama derechos iguales para esos grupos; luego, se los privilegia. Esta situación conduce a que toda crítica respecto de estos grupos sea denunciada como un prejuicio de tipo fascista, autoritario o racista. Al final, se promulga una ley que prohíbe pura y simplemente toda crítica.

A la inversa, las convicciones de la mayoría son frecuentemente menospreciadas. Los fundamentos de la ley cristiana son frecuentemente ridiculizados y tratados con desdén, mientras que un solo comentario irónico sobre un culto africano puede fácilmente transformar a su autor en un cuasi criminal SS. Ya en 1916, Vilfredo Pareto escribía en su Tratado de Sociología General: Las demandas de igualdad ocultan casi siempre pretensiones de privilegios (...) Los inferiores quieren ser iguales a los superiores, y no admiten que éstos sean a su vez sus iguales.


Finalmente, en 2006 Dietrich Schwanitz escribe con una claridad y sutileza encomiables, en el artículo "Lo Políticamente Correcto" de su libro La Cultura. Todo lo que hay que saber (Punto de Lectura, Madrid):

Tras su derrumbe, el socialismo ha sido relevado por un culturalismo que caracteriza en igual medida a la teoría del discurso, a la deconstrucción y al feminismo. El marxismo todavía relativizaba a su rival probando su conciencia falsa de la realidad. Las teorías culturalistas, en cambio, se han convertido en sus propios programas: dado que consideran los sistemas simbólicos como mecanismos de dominación encubiertos, su objetivo es conquistar los discursos apelando a la moralidad. Este objetivo se ve favorecido por el hecho de que, junto con su programa histórico, la vieja izquierda ha perdido también el criterio con el que poder distinguirse de sus rivales: "Nosotros representamos el futuro, somos los progresistas; los demás representan el pasado, son los reaccionarios". En vez de esto, ahora se apela a una diferenciación moral: "Nosotros somos los buenos, los demás son malos", lo que conduce a la moralización del mercado de opiniones mediante luchas y campañas semánticas: una palabra equivocada en público y tendrás que comparecer ante el Comité de Salvación Pública. No hay discurso que no esté acompañado de procesos inquisitoriales y de exhortaciones a la penitencia por parte de sacerdotes, cuya maquinaria incriminatoria les proporciona las víctimas con las que tiñen de rojo los altares de la corrección política.

En otras palabras: el mismo mercado de opiniones se ha convertido en un campo de batalla. Uno puede estar bien o mal situado, por lo que hay que tener precaución. Para orientarse en él existen señales luminosas con inscripciones como "Fascista. Prohibido el paso. ¡Peligro de muerte!"; "Machista. Peligro. Los hijos responden por sus padres"; "¡Atención! Trayecto peligroso. Eurocentrista. Logocentrista. Falocrático"; "¡Cuidado! Elitista"; "Biologismo. Firme deslizante”.