viernes, 16 de enero de 2009

Los que llegaron, los que ya estaban...

...una disputa absurda.

Con el recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio, y a raíz de recientes charlas de sobremesa, se me ha dado por profundizar sobre algunas cuestiones subyacentes a la disputa que parece no tener fin, y que posicionan a la mayor parte de los observadores externos en un polo u otro del espectro de opinión: que los palestinos son un pueblo invadido que merece tener su propio país, que Israel es una avanzada de la civilización occidental en una zona copada por terroristas, que se acercan las elecciones en Israel y hay necesidades electorales que se reflejan en la escalada bélica, etc., etc. Ante semejante maremagno de posiciones, he dado con el artículo que en el presente post reproduzco, que me pareció curioso y a la vez interesante. Por su tenor, conviene introducirnos previamente en las características del autor.

Durante 2001-2002, Israel Adan Shamir (Adam Ermash) escribía una serie de artículos que luego fueron compilados en el libro La lluvia verde de Yasuf (Ed. Ojeda, Barcelona, 2004, ISBN: 84-932851-7-X), del cual el texto que a continuación se transcribe resulta ser el primero de la reseña. I. A. Shamir se presenta como "ruso e israelí", nacido en Novosibirsk, Siberia, biznieto de un rabino de Tiberíades (Palestina), naturalizado ciudadano sueco desde 1992.

En 1969 se radicó en Israel, donde sirvió en el ejército y participó de la guerra de 1973. Posteriormente retomó estudios de leyes en la Universidad Hebrea de Jerusalén, hasta que se decidió por el periodismo. Como corresponsal de la BBC, presenció las guerras en Vietnam, Camboya y Laos, y a partir de 1977 colaboró con los periódicos israelíes Maariv, Haaretz (para el que cubrió los sucesos en Rusia de 1989-1993) y el izquierdista Al HaMishmar, vinculado a los partidos socialistas Hashomer Hatzair y Mapam (antecesor del actual Meretz-Yachad), que dejó de imprimirse en 1995. En representación del Mapan, también según su biografía oficial, fue miembro del Kneset (Parlamento israelí); y como traductor posibilitó la difusión en ruso de las obras de Sy Agnon, el único premio Nobel israelí de literatura, y se le publicaron en Londres traducciones de Las guerras árabe israelíes, de Jaim Herzog (sexto presidente de Israel, 1983-1993). También colaboró en el diario ruso Pravda y en el semanario ruso Zavtra.



Enfrentado al exclusivismo israelí en Palestina (lo que le ha valido el mote de "controvertido", polémica que excede nuestra capacidad de conocimiento y nuestra autoridad de opinión), junto a Edward Said, un árabe cristiano nativo de Jerusalén, que ha sido considerado "uno de los académicos más influyentes del mundo" y "una de las mentes más brillantes del siglo XX" (Universidad de Columbia, NY, en donde fue profesor desde 1963, al igual que en Harvard y Yale), postulan, en contra de la partición del territorio en dos Estados confesionales, la idea de la comunidad pacífica de ambos pueblos bajo el paraguas de una república democrática, resumido en el lema "un hombre, un voto, un Estado" (http://www.israelshamir.net/).

A continuación se transcribe el texto mencionado, porque expresa una original posición de concordia respecto del álgido (y cruento) conflicto que enfrenta desde la Década de 1930 a palestinos y judíos.



Oda a Fares o el regreso del caballero

Marzo de 2001

Nadie tiene derecho a entrar o salir de la franja de Gaza. Está rodeada de alambres de púas, sus puertas están con cerrojos y aunque tenga todos los papeles necesarios, tampoco podrá entrar en la mayor cárcel de alta seguridad del mundo, que aloja de todos modos a más de un millón de palestinos. El ejército israelí, famoso antaño por su poder de fuego, está reducido al papel de guardia-cárcel. La formulación de la táctica de las fuerzas de defensa israelí se remonta a los años 30: “No hace falta abatir a un millón de personas. Maten a los mejores y los otros quedarán aterrorizados”. Son los británicos con la ayuda de sus aliados judíos durante la sublevación palestina de 1936, los que emplearon esta táctica por primera vez. Desde entonces, miles de hijos e hijas, de entre los más brillantes de este país, la elite palestina potencial, han sido exterminados. Una vez más, el ejército israelí es utilizado para llevar a cabo el mismo plan: “Calmar la agitación de los indígenas” abatiendo sistemáticamente a los rebeldes en potencia.

Su tarea no es difícil: es el ejército más grande y más poderoso de Cercano-Oriente, el de un país que dispone de potencia nuclear y que dispone de todos los armamentos posibles cuando los palestinos cautivos no tienen más que piedras y armas livianas. Recientemente, los israelíes interceptaron un cargamento de armas con destino a Gaza. Este ejército proclamó una gran victoria pero también su “preocupación”. Hay de qué. Desde 1973, el ejército israelí raramente tuvo la ocasión de encarar el hacer fuego como respuesta. Los soldados judíos se acostumbraron a un trabajo fácil, como por ejemplo, liquidar a pibes indefensos.

Gaza parece pertenecer a un mundo de ciencia ficción que nos recuerda a El prisionero o alguna otra de la serie B. Sus cerramientos con alambrada ocultan un secreto; la voluntad de un pueblo que permanece intacta. Sí, se parece a una puesta en escena de película de serie B pero los actores, hombres y mujeres, merecen varios Oscars.

Este mensaje secreto nos viene de Palestina en la persona de Fares Ouda, un muchacho de trece años. Él es el pequeño David palestino que vimos enfrentar al Goliat judío en los suburbios de Gaza y que fue inmortalizado por el fotógrafo de Associated Press, Laurent Rebours. Fares el temerario, el que tiró piedras contra el monstruo blindado con la gracia de san Jorge, el santo venerado en Palestina. Afrontó al enemigo con los modos de un pequeño aldeano cazando un perro rabioso. Esa foto fue tomada el 29 de octubre y, algunos días después, el 8 de noviembre, el chico fue abatido a sangre fría por un tirador israelí aislado.



Deja detrás suyo la imagen de un héroe, un póster para colgar junto al del Che Guevara, un nombre para evocar al mismo tiempo que el de Gavroche, el valiente pequeño rebelde de las barricadas de París de la novela de Víctor Hugo, Los Miserables, símbolo del espíritu, que es invencible en el hombre. Viene de otra época donde el heroísmo no era una mala palabra, cuando los hombres se iban a la guerra dispuestos a combatir y a morir por una noble causa. Simbólicamente, su nombre remite a la palabra “Caballero” y su apellido a la noción de “Regreso”. La imagen de este chico evocaba muy bien la del “regreso de los valerosos caballeros de antaño”. Este espíritu es totalmente ajeno al hedonismo comercial barato, a la ideología dominante de nuestra época, alimentada abundantemente por la cultura popular norteamericana.

La herencia de Fares marca el fracaso del plan maestro israelí. Este joven rebelde, había nacido bajo la ocupación militar israelí, y cayó desafiando a los soldados de la FDL.

Nosotros, los amigos de Palestina, no comprendimos inmediatamente este mensaje de esperanza, acostumbrados como estábamos a la idea del sufrimiento y del martirio palestinos. En nuestros escritos, reproducíamos inconscientemente la actitud un poco afeminada que consiste en presentar a “los nuestros” como desgraciadas víctimas dignas de compasión y de piedad. Pero lo que los palestinos deben inspirarnos es lo contrario: admiración, amor, solidaridad, fe en los héroes, incluso envidia, todo menos la compasión. Si se apiadan de los palestinos, deberían también lamentar el destino de los 300 guerreros del rey Leónidas que cayeron defendiendo las Termópilas contra los persas en el año 480 ante de J.C. o de los soldados rusos que impidieron con sus cuerpos el avance de los tanques de Guderian, incluso el de Gary Cooper en A la hora señalada. Los héroes no deberían provocar lástima. Por el contrario son ejemplos que deberían insuflarnos coraje.

En un primer momento, no habíamos ubicado correctamente la imagen de Fares. El esquema elegíaco apelaba a la imagen del pequeño Mohammed Durech, muriendo encogido ante nuestros ojos, compañero de desgracia de la pequeña vietnamita corriendo desnuda con todas sus fuerzas para escapar del infierno de los bombardeos con napalm.

La imagen del regreso del Caballero Fares Ouda pertenece a un registro distinto: este niño es un héroe emblemático. Habría que mostrarlo al lado de la imagen de los Marines de Iwo Jima o en una iglesia junto a su compatriota, san Jorge. Después de todo, el santo mártir fue enterrado en tierra de Palestina, no lejos de Fares, en la cripta de la antigua iglesia bizantina de Lydda.

Pareciera que los adversarios de Palestina comprendieron mejor esta realidad que sus partidarios. La prensa norteamericana, dominada por los judíos, no ahorró esfuerzos para borrar el recuerdo de Fares, porque sobre todo no quieren que se extiendan las vocaciones heroicas. MSNBE.com organizó un concurso estúpido para encontrar “la imagen del año”, permitiendo elegir entre la foto de Mohammed Dureh el mártir y unas fotos de perros (siempre nos dan para elegir, pero siempre es entre dos malas opciones). El cónsul de Israel en Los Ángeles hizo publicidad para la foto de los perros y numerosos partidarios de Israel votaron por ellos, mientras que los partidarios de Palestina votaban por la foto de Mohammed. Pero la foto que verdaderamente importaba, el ícono de Fares, no fue sometida al voto del público.

Pero esto no alcanzaba y el Washington Post envió a Lee Hockstader, su corresponsal en Palestina, para desalojar el recuerdo del niño derribado. Este pasquín a sueldo de la AIPAC puede tenerle confianza a Hockstader. Sus artículos deberían ser estudiados en las escuelas de periodismo, en un curso de “desinformación”. Cuando los tanques y los helicópteros del ejército israelí bombardearon Belén, que carecía de la menor defensa, Hockstader escribió: “En el pueblo bíblico de Belén (¿no iba a hablar de la Natividad, no es cierto?), los soldados israelíes y los palestinos se enfrentaron utilizando tanques, misiles, helicópteros, ametralladoras y piedras”. Me parece que si Hockstader relatara la Segunda Guerra Mundial, hablaría de los Estados Unidos y de Japón demoliéndose con bombas atómicas.

Hockstader no dejó de justificar las incursiones israelíes contra las poblaciones civiles escribiendo que los portavoces del ejército israelí afirman que estas incursiones son limitadas y esencialmente defensivas. Sin embargo, el gobierno israelí ve las cosas con más amplitud, haciendo notar que estas incursiones les dan flexibilidad a los comandantes militares locales para “enfrentar un enemigo difícil de cernir”. Este corresponsal adopta “una visión más amplia” de las acciones de Israel, y en sus artículos, los palestinos se convierten en “simples terroristas frenéticos”. “Los palestinos han amenazado con hacer pagar el precio de lo que consideran como una guerra de agresión. El movimiento de la resistencia islámica, más conocido bajo el nombre de Hamas, convocó a nuevos atentados suicidas y a tiros de mortero contra Israel”. Alguien que comprende claramente a Hockstader, como cierto François Smith, difundió el siguiente mensaje por Internet: “Considero como un insulto que este tipo me crea lo bastante estúpido como para creerle. Desconfíen de Hockstader. En mi opinión, tiene un programa definido”.

No hay dudas en cuanto a eso: Hockstader tiene como objetivo el reforzamiento de la supremacía de los judíos y denigrar a los palestinos. La idea de destruir la leyenda de Fares encaja perfectamente en su proyecto. Hockstader fue a Gaza y volvió contando que el pequeño Fares le desobedecía a su papá y a su mamá y que se hacía la rata en vez de ir al colegio, y que este adolescente era “un arriesgado que no soñaba más que con hacerse matar. Un tirador de elite judío comprensivo simplemente le permitió realizar su anhelo”. Hockstader no se olvidó de nada: el chico fue abatido justo cuando se preparaba a tirar una piedra y por lo tanto efectivamente había que abatirlo. Su gloria póstuma deriva del “barullo que se produjo después de su muerte. De todos modos, su madre cobró un cheque de 10.000 dólares del presidente irakí, Saddam Hussein”.

Hockstader apostaba con su ganancia… Si había llegado a dar por sobreentendido que los colonos, padres del bebé muerto en Hebrón, deseaban la muerte de su hijo y si se había atrevido a calificar a la reacción israelí de “barullo”, si incluso se había conformado al mencionar el cheque consiguiente que el carnicero de Sabra y de Chatila les había hecho llegar personalmente, Hockstader no habría salido vivo de Israel y Katherine Graham, propietaria del Washington Post, lo lamentaría hasta el fin de sus días.

Los judíos han llegado a intimidar a sus enemigos y de ninguna manera por la sola magia del discurso. En la época de Lord Moyne, ministro de Estado británico para el Oriente Medio, oficiales y simples soldados británicos así como centenares de dirigentes palestinos fueron asesinados por judíos preocupados por afirmar su supremacía sobre la Tierra Santa de los años 1940; esto ocurrió hasta que los británicos a merced del terror se apuraron a abandonar la bahía de Haifa, el 15 de mayo de 1948.

Todavía hoy, en San Francisco, dos militantes por la paz, el sacerdote católico Labib Kobti y el rabino totalmente judío Michael Lerner, siguen recibiendo amenazas de muerte de parte de grupos terroristas judíos y las toman muy en serio.

Los palestinos son agricultores y ciudadanos más bien pacíficos. Saben cuidar a los olivares y los viñedos y saben fabricar el zir, esa jarra que guarda fresca el agua aún cuando sopla el “khamsin” más ardiente. Sus magníficas construcciones de piedra y maçonnerie alegran al menor rincón de Palestina. Los palestinos escriben poemas y veneran las tumbas de sus santos. No son guerreros y mucho menos asesinos. Por eso, sienten estupor e incredulidad cuando se inclinan hacia el espejo de una prensa dominada por los judíos, donde se ven bajo los rasgos de terroristas ávidos de sangre.

Sin embargo, estos simples campesinos son todavía capaces de darnos a todos una lección de heroísmo, cada vez que un enemigo trata de apoderarse de su tierra. Por otra parte, los palestinos han probado su coraje hace siglos y siglos, en la época legendaria de los “Jueces”, cuando sus ancestros combatieron a los “invasores del borde del mar”.

En los años 30, un judío ruso, ferviente nacionalista y fundador del partido político de Sharon, Vladimir Zeev Jabotinsky, escribió una novela histórica (en su lengua materna, el ruso), titulada Sansón, en la que retomaba el relato bíblico del instigador del atentado suicida que, matando a tres mil hombres y mujeres (Jueces, 18-27), había perecido con sus enemigos. Hace algunos años, esa novela fue publicada en Israel, traducida al hebreo moderno y un crítico literario del diario Davar habló de ella en términos de “interesante aberración”.

Según Jabotinsky, los británicos no eran otros sino los filisteos de la época moderna mientras que los israelitas se convirtieron en los judíos que conocemos hoy en día. A los ojos del lector israelí contemporáneo, esta novela glorifica, sin embargo, al combate de los palestinos contra el dominio de los israelíes. Los filisteos, herederos de una importante civilización y poseedores de una tecnología militar superior, los invasores que venían del mar, habitantes hedonistas de la planicie del litoral y belicosos intrusos en las Tierras Altas le recordaban al crítico a los judíos israelíes actuales. En tanto el pueblo de Sansón, la “gente de la tribu de Israel” nativos de las Tierras Altas, le hacían pensar en los campesinos de las colinas de Palestina, nuestros contemporáneos. Como ellos, están convencidos de la profundidad de sus raíces y de la victoria ineludible de su atadura a la tierra frente al poderío militar del invasor.

Todo esto es lógico puesto que los palestinos son los auténticos descendientes del Israel bíblico, del pueblo indígena que abrazó la fe de Cristo o la de Mahoma, y que permaneció por siempre sobre la Tierra Santa, en tanto los otros, los que rechazaron al Cristo, fueron condenados a errar hasta que comprendiesen su error. Los israelíes son perfectamente conscientes de esto. En los laboratorios de genética de Tel Aviv, los investigadores en busca del “ADN judío” publican orgullosamente el menor resultado que pruebe la existencia de un lazo sanguíneo tenue entre los judíos y los palestinos de antaño. Saben muy bien que nuestras pretensiones, de nosotros judíos al orgulloso nombre de Israel son, por lo menos, discutibles. Siguiendo el ejemplo de Ricardo III, nos hemos apoderado del título y de la corona y como él, nos sentiremos amenazados mientras los legítimos herederos estén con vida. Esto concierne a los motivos psicológicos de la inexplicable crueldad con la que tratamos a los palestinos autóctonos.

Los israelíes quisieran ser los verdaderos palestinos. Hemos adoptado su cocina y servimos sus falafels y sus humus como si se tratase de nuestros propios platos tradicionales. Hemos adoptado el nombre del cactus local, sabra, que crece en medio de sus pueblos destruidos, para designar a nuestros hijos, chicas y varones, nacidos sobre esta tierra. El hebreo moderno que hablamos vio la luz integrando cientos de palabras palestinas. Simplemente deberíamos pedirles perdón, que los abrazáramos tal como a hermanos que creíamos perdidos desde hace largo tiempo y que les dejáramos que nos enseñen lo que saben. Ahí está el único rayo de esperanza que conseguirá atravesar las actuales tinieblas.

Así como lo establecieron los estudios arqueológicos israelíes, hace tres mil años, las tribus de las Tierras Altas (las Banu Israel de la Biblia) terminaron por encontrar un modus vivendi con los “pueblos del mar” instalados sobre la costa y, juntos, estos hijos de Sansón y Dalila han engendrado a los redactores de la Biblia, a los apóstoles de Cristo y a los palestinos contemporáneos. El saber-hacer técnico evolucionado de los filisteos y el amor de la gente de las mesetas por nuestra tierra apergaminada se conjugaron para dar nacimiento al milagro espiritual de la Palestina antigua. No es imposible –es altamente deseable- que la Historia se repita y que la imagen gloriosa del joven Fares, luchando contra el tanque, se mezcle con las imágenes del rey David y de san Jorge en los espíritus y en los manuales escolares de nuestros hijos palestinos.

martes, 13 de enero de 2009

La mesa de los extraterrestres


He vuelto a llamar recientemente a una casa de comidas con amplia cobertura e importante número de sucursales en Capital Federal. Como había pasado algo así como un año de la última vez que llamé, les pedí el listado actualizado de precios y productos.

Me trajeron el menú correspondiente (según lo reza una leyenda al dorso) a Noviembre de 2008, y que viene a reemplazar al de Julio de 2007 que yo tenía en mi casa, aunque es muy probable que otros listados hayan sido distribuidos entre éste y aquél.

En fin, la novedad me permite el contraste entre dos situaciones tarifarias con 17 meses de diferencia. De tal forma, que las expondré así como las tengo frente a mis ojos, y en columna a la derecha prorratearé los porcentajes para lograr una tasa anualizada, al menos en lo referente a este segmento: comidas a domicilio.

Concepto

Julio 2007

Noviembre 2008

Incremento período 17 meses.

Incremento anualizado

Vitel Toné (200 grs)

8,50

18,00

112%

79%

Jamón crudo (70 grs)

9,90

18,00

82%

58%

Rabas

13,90

25,00

80%

56%

Bocado caprese (200 grs)

9,90

19,00

92%

65%

Pionono

10,50

19,00

81%

57%

Mayonesa de ave

9,90

17,00

72%

51%

Palmitos c/salsa golf (200 grs)

12,00

20,00

67%

47%

Ensalada Rusa (250 grs)

7,90

16,00

103%

72%

Ensaladas del chef

14,90

23,00

54%

38%

Ensaladas simples

6,90

13,00

88%

62%

Colita de cuadril

16,90

25,00

48%

34%

Bifecitos de lomo

19,90

32,00

61%

43%

Matambrito de cerdo

18,50

28,00

51%

36%

¼ Pollo

17,00

24,00

41%

29%

Arroz a la persa

15,50

27,00

74%

52%

Risotto primavera

13,50

22,00

63%

45%

Arroz integral y berenjenas

12,90

20,00

55%

39%

Merluza

14,50

23,00

59%

41%

Abadejo

19,50

29,00

49%

34%

Salmón Rosado

23,90

39,00

63%

45%

Papas fritas

6,00

10,00

67%

47%

Tortilla española

12,00

18,00

50%

35%

Huevo frito c/u

2,00

3,50

75%

53%

Omelette jamón y queso

9,90

16,00

62%

43%

Milanesa de lomo

12,90

20,00

55%

39%

Milanesa de ternera

9,90

14,00

41%

29%

Milanesa de pollo

7,50

14,00

87%

61%

Milanesa de soja

7,50

14,00

87%

61%

Suprema Maryland

18,90

28,00

48%

34%

Tarta Pascualina

7,90

14,00

77%

54%

Total/Promedio

370,90

608,50

64,06%

42,4%

Debe resaltarse en esta evolución reseñada la encomiable iniciativa, nacida del evidente deterioro del dinero, de evitar el uso de monedas (cuyo valor intrínseco, o sea, del metal + costo de elaboración, supera hace tiempo el valor nominal que representan). Ya a nadie le interesa “esconder” un peso de más en el consabido truco subliminal de cotizar a 10 centavos menos (decir 9,90 cuando se trata de 10 pesos, para que el comprador piense que es más barato).

Claro que estamos hablando de productos propios de un banquete de la oligarquía terrateniente, y por lo tanto esta evolución no se refleja en nuestra ecuánime y representativa canasta familiar. Además, el censurable hábito de comprar comida afuera implica siempre la práctica de conductas parasitarias alejadas del noble arte de la cocina, frecuentes en esos petimetres de cuello blanco que gustan de trabajar en la oficina hasta las 9 ó 10 de la noche.

Por lo tanto, nada de esto habrá de preocuparnos, ya que no atiene a “la mesa de los argentinos”, sino a insólitas prácticas alimenticias de los alienígenas del espacio exterior, que por estos pagos, son conocidos como clase media.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Felices Compras

"Ser o no ser" es el agudo interrogante que Shakespeare nos planta en la historia. Ese Shakespeare que utilizó más de 15.000 vocablos diferentes en su obra, cuya genialidad nos resulta hasta hoy incomprensible, al punto que toda una línea de especulación ha sostenido que en verdad se trata de un producto colectivo, desarrollado por una hermandad esotérica seguidora de Santiago de Compostela (Pêre Jacques, en francés).


"Ser o no ser" denota la precisa pregunta existencial, que con simpleza podemos acotar al "entonces, podemos no ser". Desde esa percepción, todo el existencialismo (al menos, el que vale la pena) ha puesto el dedo en la llaga abierta del humanismo, indicando que el principio en verdad es el "no ser". El ser se transforma entonces en un decurso, en un camino, o mejor, en el destino de un camino (o un puente, para Nietzsche, adaptando y reinterpretando a Spitama Zoroastro) que la voluntad de ser determina.
Desde una perspectiva cualitativa, se acerca al postulado sanmartiniano: "Serás lo que debas ser, o no serás nada". Obsérvese que el verbo, emanado de un espíritu disciplinado y marcial, indica una autodisciplina de superación, una férrea voluntad para poner al individuo que navega al garete, siempre en rumbo (guiado por las tendencias físicas) a la disgregación y el caos, en el curso de su destino.
La cuestión está, entonces, en ser señor de uno mismo, en superar los imperativos egoístas de la supervivencia y los instintos para comenzar a recorrer el camino, primero, del animal hacia el hombre, y luego, del hombre hacia su trascendencia.
Si es posible, con la ayuda de "una voluntad impresionante", mentada en algún libro que, por mis motivos, no mencionaré.
En cierta publicidad televisiva (de un banco, naturalmente) se parodia la tan manoseada escena del Hamlet y la calavera, a través de la sustitución del planteo originario por el auténtico interrogante del último hombre, del individuo del fin de la historia: "Lo compro o no lo compro".
En las vísperas de estas fiestas volvió a aparecer con patentismo esta nueva visión (breve, miope, animal) de las cosas, en la compulsión, en el frenesí del consumo, en las demandas comuniarias por la -justa- recomposición de poderes adquisitivos roídos por el "exitoso modelo de matriz diversificada sin plan B", en las angustias humanas por restricciones y carencias.
La felicidad del no-ser es inversa a la del ser: desposeerse de sí mismo para poseer lo exterior, fútil y transitorio. El no-ser es muy similar al animal doméstico, su módica felicidad de animalito está tasada en términos de consumo. La respuesta a la nueva pregunta crucial es entonces evidente: "no lo pienses más, compralo".

Felices Fiestas.

martes, 16 de diciembre de 2008

Holidays in the caribbean islands

Mapa físico del archipiélago de San Andrés, Santa Catalina y Providencia, próximo a las costas de Nicaragua.



Pese a las estipulaciones del calendario, el verano ya llegó, y el calor que se hace sentir nos recuerda la inminencia de las vacaciones estivales, a la par que evoca las ambiciosas expectativas de disfrutarlas en paradisíacas playas caribeñas. Esa peregrina evocación, casi utópica a estas alturas, motivó que recordara un curioso episodio de nuestra historia, que no puedo pasar por alto.



El notable historiador, jurista y diplomático argentino, Carlos Ferro, ha dado a la Historia y a la Vexilología argentinas las páginas más brillantes, en su imprescindible Historia de la Bandera Argentina (que yo poseo en la edición de Depalma de 1991, ISBN 950-14-0610-5). Luego de exhaustivas y minuciosas pesquisas, relevando todos los archivos documentales de Centroamérica y las naciones que componían el Virreinato de Nueva Granada, ha logrado comprobar y establecer la influencia directa y determinante de los corsarios argentinos en la bandera de la antigua Confederación de las Provincias Unidas de Centroamérica, y por ende, en las de las cinco repúblicas que son sus sucesoras: Costa Rica, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala.

Hipólito Bouchard.

Casi todo el mundo conoce de las hazañas de Hipólito Bouchard en la costa del Pacífico (primera circunnavegación del globo hecha por un argentino, primer reconocimiento de la independencia argentina por el reino de Hawai, conquista de San Carlos de Monterrey, capital de California, etc.), como ignora en absoluto las de su compatriota de nacimiento, Luis Aury. Viene al dedillo la semblanza introductoria de este personaje, hecha por Ferro en el libro mencionado:

De Aury se puede decir que es un francés ignorado en Francia; un brigadier general de la República Mexicana desconocido en México; un presidente y sostenedor de la independencia de las Floridas subestimado en la tierra de sus hazañas; un general en jefe de una flotilla con bandera argentina de quien nunca oyeron hablar los argentinos; un capitán de navío de la República de Venezuela del cual no se ocupa el Diccionario de los próceres; uno de los defensores de Nueva Granada negado por los colombianos; un comodoro de la República de Cartagena olvidado por el pueblo que le debe una de sus páginas más heroicas; un gobernador de Texas de quien nada saben los texanos. Proclamó la independencia de Santa Catalina, Providencia y San Andrés, y apenas recuerdan su memoria el canal que las divide y las guías para turistas de ese hermoso archipiélago caribeño en donde creó un Estado al amparo de nuestra bandera. Fue un precursor de la independencia centroamericana al desembarcar con sus tropas en Honduras, Guatemala y Nicaragua, proyectando liberar Panamá con la ayuda de la escuadra de San Martín en el Pacífico, pero no ha ganado siquiera una página en la historia de cualquiera de los seis países que nacieron en el istmo. (Pág. 190).

En efecto, Aury recibió el 3 de junio de 1818, del ministro plenipotenciario argentino con sede en Kingston, Jamaica, José Cortés de Madariaga, las letras patentes de corso para operar contra naves y emplazamientos españoles en el Caribe, en nombre de los gobiernos confederados de Argentina y Chile (Madariaga era amigo de juventud madrileña de los directores supremos Pueyrredón y O’Higgins, y se dejó llevar por una loable esperanza). Según consigna Agustín Codazzi, célebre cartógrafo y geógrafo italiano, que actuó a las órdenes del corsario francés entre 1815 y 1821, en sus Memorias publicadas en París en 1841, el acto de concesión concluyó con la entrega de “banderas blancas con dos fajas horizontales color turquí y en medio del blanco un sol brillante”. Según la Real Academia Española, el turquí es el azul más oscuro, y corresponde, en RGB, a 0, 0, 28 y en HTML a 000080.


Un mes después, el 4 de julio de 1818, Aury tomó posesión del archipiélago de San Andrés, compuesto por la isla homónima y las de Santa Catalina y Providencia la Vieja, y lo hizo en nombre de los gobiernos supremos de Buenos Aires y Chile. Bajo la soberanía de esa entente, se erigió en presidente del archipiélago, al que hizo fortificar y utilizó de reducto para el entrenamiento de las tropas que atacarían el continente. El propósito de nuestro héroe era el de expandir la revolución americana al Reino de Guatemala, que al igual que Lima y Quito permanecían como bastiones españoles durante la segunda década del siglo.

El 21 de abril de 1820 atacó el puerto de Trujillo, intimando a la rendición de la plaza fortificada. El teniente coronel Palomar, a cargo de la defensa, consignó en su parte que en la madrugada del 22 se inició el ataque “arbolando todas las naves una bandera de dos fajas azules y una blanca en el medio, y en ésta un escudo” [Fuente: Archivo General Centroamericano de Guatemala, A. 21, exp. 781, leg. 29]. Más allá de la confusión en cuanto al carácter del jeroglífico central (que luego sería el único cambio que Centroamérica operaría en la bandera de la emancipación), la presencia de la enseña argentina, en las 14 naves que componían la flota de Aury, y en torno a las fortalezas españolas durante los asedios, sería una constante en sus campañas.

Concordante con la visión de Palomar, Aury en su “Relación al detalle de mis operaciones militares sobre la provincia de Guatemala” agrega un episodio sin dudas conmovedor: la muerte del coronel Davian, queriendo evitar, al momento de tocarse la retirada, que las tropas españolas se apoderaran de la bandera azul y blanca que había logrado izar en la última trinchera (Ferro, op. cit., pág. 198).

Tres días después, Aury tomaría la ciudad de Omoa, principal puerto guatemalteco al Caribe, y levantaría nuevamente en su plaza fuerte los colores azul y blanco a franjas horizontales. Esa bandera continuaría danzando con el viento en Omoa hasta 1831.

El entonces Vicepresidente de la Gran Colombia, Francisco de Paula Santander, en carta al Capitán General del Perú, José de San Martín de fecha 7 de febrero de 1821, resume en su prólogo la vida de Aury y pone en claro el cabal conocimiento de la sujeción del archipiélago de San Andrés al gobierno de Buenos Aires y a su pabellón: “El señor Lacroix se dirige cerca de V.E. con una comisión del comandante de marina Luis Aury, por quien he sido suplicado para recomendarlo a V.E. Aury sirvió en la marina de la plaza de Cartagena hasta que los españoles la ocuparon en 1816 y parece que acreditó audacia y adhesión a la independencia. Teniendo de su mando algunos buques se dirigió a isla Amelia, de donde lo expulsó el gobierno de los Estados Unidos. Fijó luego su residencia en la isla de Santa Catalina de Providencia, y enarbolando el pabellón de Buenos Aires perseguía los buques españoles e intentó una operación sobre Omoa en la costa de Guatemala que no le fue favorable…”


Vista aérea de San Andrés.

El Estado satélite caribeño, dependiente de “los poderosos Estados Unidos de Buenos Aires y Chile” tuvo una existencia de 3 años y 3 meses, y feneció el 30 de agosto de 1821, con la lamentable muerte de Luis Aury, a resultas de una mala caída de su caballo, en la isla de Providencia. De inmediato Colombia, que ya había echado el ojo a ese territorio emancipado, “realizó un operativo que terminó con la anexión de las islas caribeñas” el 23 de junio del año siguiente (Ferro, op. cit., pág. 203). Bolívar entonces comisionó a Joaquín Mosquera, primer diplomático acreditado ante el gobierno de Buenos Aires, para que inquiriera de éste acerca de la parte que le cupo en el establecimiento de dicho protectorado. Rivadavia, naturalmente, contestó el 24 de enero de 1823 manifestando que no obraba en los registros de Guerra y Marina “despacho alguno” al respecto, si bien se preocupó por aclarar que existía la posibilidad de que se tratara de alguna patente de las que habían entregado determinados comisionados, las cuales de todos modos habían caducado al derogarse el sistema por Decreto General de su gobierno de fecha 6 de octubre de 1821 (un mes luego de la muerte de Aury). [Citado por Ferro, Ibíd., cuya fuente es la Correspondencia de la Provincia de Buenos Aires, t. XIX, 1620-1824, asientos 197 y 201].

Así termina la historia de un breve Estado, declarado por su emancipador y gobernante como sujeto a la soberanía de nuestra bandera.


Playa de San Andrés.

El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina es actualmente un Departamento de la República de Colombia, declarado por la UNESCO “Reserva de Biósfera de Flora Marina” (2001). En diciembre de 2001 Nicaragua formalizó su demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya reclamando soberanía sobre el archipiélago y aduciendo que Colombia no tenía título legal de soberanía sobre el área. La Corte terminó fallando a favor de las excepciones preliminares presentadas por Colombia el 13 de diciembre de 2007, con base en la validez de un Tratado de 1928 y un Protocolo de 1930, ambos signados más de un siglo luego de su apropiación por Bolívar.

Conocida como "la joya del Caribe".

Providencia “es considerada (Wikipedia) como una de las islas más hermosas de Colombia, con una de las mejores playas de América”.



Otra playita del archipiélago.



Ironías del destino: La bandera del Departamento de San Andrés, Providencia y Santa Catalina... ¡sigue siendo azul y blanca!