jueves, 16 de septiembre de 2010

A BELONA



Varones hijos de varón, seguimos
tu bandera y tu idioma:
tu bandera de sal y tu idioma sin agua.
Y en tu idioma la guerra vestida de metales
y pura como el viento
cuando rompe la rosa
nos lava de pavor
y nos peina de fuego.

Y en tu idioma tronaban
duros carros de bronce,
y vimos que a su paso
la tierra no doblaba las rodillas.
Y cruzando tu idioma
caballos o tambores
redoblaban al viento,
tan puros como el viento cuando rompe la rosa.

Y a tu paso crecían
las armas como hierbas,
y detrás de tu paso cabalgábamos todos,
varones hijos de varón, ayer,
y hoy, y mañana, y siempre...


Leopoldo Marechal
, Odas para el Hombre y la Mujer (1929), en Antología Poética, Espasa-Calpe Argentina, Buenos Aires, Año del Libertador General San Martín 1950, p. 35.

Dicitencello Vuje

Esta canción napolitana me rondó la cabeza días atrás. La cabeza, coctelera de recuerdos, de sentimientos y de estímulos, generadora de imaginaciones, a veces es un reproductor de música muy perfecto y tenaz, hasta indulgente con los olvidos y las abominables adaptaciones de la fonética.

Los que tienen -tenemos- algunos añitos de más, y también algo de trajín urbano, podemos llegar a atesorar un ejemplar en cassette de los 1.000 que editó Sumo de Corpiños en la Madrugada - edición original (que por imperdonable capricho luego fue reeditado suprimiendo esa joya, titulada en castellano Dícelo Tú), o más probablemente, alguna copia pirata en TDK A-60 ó D-90, de ésas que uno conseguía revolviendo cajas de zapatos en alguna vereda.

Entonces lo podíamos escuchar a Luca Prodan, con su melancolía de inmigrante sin retorno, acompañado solamente por su guitarra y en una toma de aire, arrancar con "viva l'Italia"...

Como después de todo, en Corral de Lobos, somos hijos todos de Luperca, la madre de Roma, y Luca era romano (o sea, era un hermano), acá va, en versión de Mina, una pizca de nostalgia para vuestras propias cocteleras. Espero que la disfruten:



Autores: Fusco-Falvo

Letra:

Dicitencello a 'sta cumpagna vosta
ch'aggio perduto 'o suonno e 'a fantasia...
ch''a penzo sempe,
ch'è tutt''a vita mia...
I' nce 'o vvulesse dicere,
ma nun ce 'o ssaccio dí...

'A voglio bene...
'A voglio bene assaje!
Dicitencello vuje
ca nun mm''a scordo maje.
E' na passione,
cchiù forte 'e na catena,
ca mme turmenta ll'anema...
e nun mme fa campá!...

Dicitencello ch'è na rosa 'e maggio,
ch'è assaje cchiù bella 'e na jurnata 'e sole...
Da 'a vocca soja,
cchiù fresca d''e vviole,
i' giá vulesse sèntere
ch'è 'nnammurata 'e me!

'A voglio bene...
..........................

Na lácrema lucente v'è caduta...
dicíteme nu poco: a che penzate?!
Cu st'uocchie doce,
vuje sola mme guardate...
Levámmoce 'sta maschera,
dicimmo 'a veritá...

Te voglio bene...
Te voglio bene assaje...
Si' tu chesta catena
ca nun se spezza maje!
Suonno gentile,
suspiro mio carnale...
Te cerco comm'a ll'aria:
Te voglio pe' campá!...



viernes, 6 de agosto de 2010

Iconoclastia (2)

Resulta tragicómico contemplar la soberbia y la pedante jactancia de los contemporáneos, envanecidos en el mito del progreso indefinido, que considera que la historia es una larga sucesión lineal, por la cual la "Humanidad" progresa y progresa, o cuando va en un sentido diverso del que la ideología del progreso considera progresista (perdón por el trabalenguas), "retrocede".


Contemporáneos que en ejercicio de esa superioridad moral otorgada a ellos simplemente por haber llegado más tarde en la cronología de los sucesos, empuñan la enhiesta espada de la justicia draconiana sobre la Historia, y no hesitan siquiera un segundo en decapitar con ella a todo aquél que, aun en la natural ignorancia respecto de sistemas de valores que en el pasado pertenecían a un futuro inimaginable, sencillamente no obraron en respeto al catecismo políticamente correcto de 2010. En fin, gente pequeña, infeliz y ramplona, que pretende la vigencia universal y atemporal de ciertos valores superiores, como emanaciones teocráticas de fuerte cariz fundamentalista e inquisitorial. Tan miopes y limitadas los inquisidores de la Historia, que no son capaces de levantar unos grados la cerviz para contemplar el panorama general, y atisbar, sospechar apenas, que en unas décadas ellos también serán juzgados implacablemente, y lo más notable, probablemente con un mérito más atendible.

En fin, el pasado 19 de mayo escribíamos Iconoclastia, un post que ya hablaba de estas cosas, lamentando los cinceles que arrancan de la piedra los nombres ancianos. Por suerte en este caso, creemos, la breve calle Martínez Zubiría, en el barrio de Retiro, que comunica San Martín con Ramos Mejía, bordeando la plaza de la Torre de los Ingleses, con una longitud de menos de 100 metros, sobrevivirá al nuevo arrebato iconoclasta, puesto que el homenajeado (ya no juzgado por sus ideas) fue víctima de un golpe de Estado en 1955.

Una jueza que, como busca prensa pretendiendo cogobernar, es decir, avasallar desde el Poder Judicial las prerrogativas de los otros dos poderes del Estado, no vamos a nombrar, pero que sobreactúa permanentemente un liberalismo muy coherente con su apellido, y del más rancio cuño por otra parte (o sea, un sistema de valores profundamente prohibicionista en el presente, como fue decapitador en el pasado), ha decidido ordenar el cambio de nombre de algunas calles y espacios públicos porteños, sustentándose en el artículo 5º de la Ley 83 de la CABA se dispone que "en ningún caso deberán designarse calles o lugares públicos (...) con nombres de autoridades nacionales, provinciales o municipales que hayan ejercido su función por actos de fuerza contra el orden constitucional y el sistema democrático".

La "justicia" ciega de necedad... En realidad, le tapamos los ojos para no darle el gusto de la figuración.

La jueza liberalizadora, por supuesto, debe ignorar los tiempos verbales, y por ello ha confundido el futuro simple "deberán" con el pretérito perfecto simple "debieron", ya que no entiende, como lo haría cualquier mortal con inteligencia suficiente como para manejar rudimentariamente la lengua castellana, que la norma en cuestión está prevista para el "de ahí en más" posterior a la promulgación de la misma, y que está dirigida a los mismos legisladores porteños, que son los únicos facultados constitucionalmente para nombrar, desnombrar y cambiar el nombre de las calles y los espacios públicos de la ciudad.

Con esta reflexión, creo que queda suficientemente comprendida la cuestión del avasallamiento anticonstitucional por parte de un miembro (en breve, seguramente deberemos decir "una miembra", pero por ahora, gracias al cielo, podemos escribir correctamente) del Poder Judicial hacia el órgano del Estado que ostenta en forma exclusiva y excluyente, la facultad legisferante.

Casualmente, está en la Plaza de Tribunales, bien cerca de la casa de Dorrego... habrá que demolerlo.

Tampoco entiende esa personeja la parte sustantiva de la previsión prohibitiva: "autoridades nacionales, provinciales o municipales que hayan ejercido su función por actos de fuerza contra el orden constitucional y el sistema democrático". Veamos hasta qué excesos llega esta payasada:

1) El Capitán Claudio Rosales fue el primer muerto de la (precaria) aviación rebelde en el alzamiento del 6 de septiembre de 1930, alcanzado por unos tiros en zonas suburbanas.

2) El Cadete Carlos Larguía y el Soldado Miguel Santi fueron otros dos muertos del bando rebelde en la misma jornada, ambos como se aprecia, ostentando la menor gradación posible, y sometidos por tanto a una estricta subordinación.

3) El Mecánico Militar Leopoldo Atenzo es otro de los muertos durante el alzamiento. Sí, leyó bien: mecánico militar.

Me gustaría que en este caso alguien me diga cuál de los mencionados puede ser considerado "autoridad nacional, provincial o municipal". O sea, en otras palabras, cuál es el significado aplicado por tan liberal figura a la palabra "autoridad". El DRAE nos dice, sin mayor esfuerzo que para este caso "autoridad" significa "Persona que ejerce o posee cualquier clase de autoridad" (4ª acepción) . Y respecto entonces de ese sustantivo, con mayor claridad, expresa: "Poder que gobierna o ejerce el mando, de hecho o de derecho" (1ª acepción).

¿Qué autoridad pueden tener en esos términos, digo yo, un capitán volando en solitario en su aeroplano, un cadete, un soldado o un mecánico?

Pero sigamos con las desmesuras. El citado artículo en que la jueza-legisladora se ampara para mandar fruta también nos dice que: "que hayan ejercido su función por actos de fuerza". Es decir, que la "autoridad" de que son investidos proviene, es consecuencia, luego siempre con posteriorioridad, del acto de fuerza que le da origen. Es decir, quien ejerce los actos de fuerza, pero luego no accede a ninguna autoridad, tampoco queda comprendido en la previsión legal.

El Teniente General Pedro E. Aramburu es ascendido a ese rango en 1958, con lo que en esa situación, entra en las generales de la ley, ya que en 1955 era Comandante en Jefe del Ejército nombrado por el gobierno constitucional, pero no era Teniente General. El mismo caso concurre respecto de Lonardi.

El caso de Ernesto Padilla, Ministro de Educación del gobierno de facto de José Félix Uriburu (1930-1932), en cambio, resulta más arduo, puesto que la personalidad del caso (infinitamente superior a la mayor parte de la clase política argentina contemporánea, y por supuesto, a la jueza de pantomima), fue gobernador de la Provincia de Tucumán, electo bajo el régimen de la Ley Sáenz Peña (voto secreto, universal y obligatorio) en 1913; y quizás el gobernador del Tucumán más notable de toda su historia. Dice Wikipedia de este recuerdo suprimido:

"...las promesas enunciadas en su campaña fueron cumplidas con creces durante su gobierno. Supo rodearse de lo más encumbrado de la intelectualidad tucumana. En su gobierno se realizaron importantes obras en materia de vialidad e irrigación, cumpliendo con su deseo de hacer de Tucumán la "civilización del agua". Se realizaron obras de edificación escolar, se fundó la Caja Popular de Ahorros, se concretó el proyecto de creación de la Universidad Nacional de Tucumán, se emprendió la organización y publicación de archivos, la realización de congresos científicos y culturales, la construcción de parques, jardines y monumentos. Tocóle en suerte presidir los festejos del Centenario de la Independencia Argentina, y hacerlo con gran dignidad a pesar del escaso apoyo del gobierno nacional. Cuenta Guillermo Furlong que más allá de los errores inherentes a todo gobierno, el período en que Padilla fue gobernador de Tucumán fue de 'una felicidad rara veces vista'".

Ernesto Padilla

Como legislador nacional, en tanto, impulsó el Ferrocarril a Chile, fue el principal artífice del Monumento a la Independencia Argentina en la Quebrada de Humahuaca, publicó varios eruditos libros y, ya que estamos con esto de revolver la Historia, "Puso su capital para resguardar el patrimonio histórico de su provincia: evitó la destrucción de la casa del Obispo Colombres, colaboró con la recuperación de los menhires de Tafí del Valle e incentivó cuanto congreso cultural se realizaba".

Una obra nada despreciable, ciertamente, y seguramente defícil de emular por nuestra mediocre y corrupta dirigencia contemporánea. Máxime si se la combina con la faz social de sus desvelos, resumida en estos términos: "Acaso no la más trascendente, pero para el Padre Furlong, la obra más meritoria de Padilla es aquella que realizó alejado de su provincia y de los cargos públicos, en una postura humilde, como un 'tucumano comedido' o como un simple 'capachero', tal como llamaban en Tucumán a los jóvenes aprendices de albañiles que llevan la mezcla de cal y arena hacia la obra. Consistía esta tarea en hacer uso de todas sus influencias y esfuerzos para ayudar a los pobres y humildes en cualesquiera de las necesidades que presentaran, sin tener descanso ni jubilación, como le dijera acertadamente Alberto Rougès".

Pero, para tan liberalizador criterio, hay otros nombres en la gatera, que deben ser también suprimidos sin más vuelta, por ejemplo:

* Plaza Lavalle y calle Lavalle. Juan Galo de Lavalle fue autor de un feroz golpe de Estado contra el legítimo gobernador de la Provincia de Buenos Aires, al que encima mandó a fusilar "sobre el tambor", de una manera artera y alevosa.

* Justo José de Urquiza, se levantó contra el gobierno legítimo de la Provincia de Buenos Aires, elegido democráticamente por la abrumadora mayoría de sus vecinos, y ratificado también democráticamente año a año en su investidura.

* Juan Domingo Perón, que de joven participó del alzamiento del 6 de septiembre de 1930, y más tarde fue funcionario jerárquico del gobierno de facto arribado en 1943: Secretario de Trabajo, Ministro de Guerra y Vicepresidente, ostentando en algún momento los tres cargos al mismo tiempo.

* General Arturo Rawson, que le da nombre a la capital de la Provincia de Chubut, héroe de las campañas del Chaco de la década del '20, y primer presidente del golpe de Estado de 1943.

* El Teniente Coronel Tomás A. Ducó, cuyo reconocimiento y memoria persisten a través del nombre del hermoso estadio del C.A. Huracán en Parque Patricios, que fue uno de los líderes del levantamiento del 4 de junio de 1943.

* El Ministro Juan Pistarini, que le da su nombre al Aeropuerto Internacional de Ezeiza (de cuya construcción fue planificador), y que fue Vicepresidente de facto de Edelmiro Farrell.

Ministro Pistarini

* Domingo Mercante, que durante el mismo gobierno de facto fue Interventor de la Unión Ferroviaria (1944).

En fin, para qué seguir, ya la idea creo que quedó plasmada (y por las dudas, para qué dar ideas a los tontos). Tan sólo restaría mencionar, en función del amplísimo y absolutamente personal criterio de "autoridad" que tiene la jueza con ánimos de figuración y cerebro azafranado, por ejemplo, a los Marinos del Crucero General Belgrano y a cualquier héroe de Malvinas que, suponemos, jamás tendrá su debido reconocimiento público en esta ciudad ingrata... después de todo, fueron soldados, cabos, sargentos, suboficiales, tenientes o capitanes, y todos ellos dieron la sangre, el sacrificio y el valor de sus mejores años, durante un gobierno de facto.

lunes, 26 de julio de 2010

Pessoas

Hablamos tiempo atrás de los seudónimos como forma original y legítima de expresión de la personalidad (si detrás de cada seudónimo hay una obra coherente y sistemática que respalda la personalidad, de forma tal que lo único que queda en discusión es el nombre con que designar a esa personalidad).

En las sociedades modernas, donde los individuos se conectan a través de lazos funcionales, y no mecánicos como en las sociedades tradicionales, cada persona lo es en orden al entorno en que interactúa, es decir, transmite una imagen parcial de su complejidad, reducida a la estricta funcionalidad utilitaria de la relación específica. Así una persona, con su fabulosa gama de matices y de sucesiones, debe diseminarse en muchas personas, o perfiles parciales de persona, a medida que discurre transhumante por los diversos territorios de la vida social.

Puede ser un machista empedernido y grosero sexoadicto en el ámbito de la barra de muchachos que se junta semanalmente en el bar de siempre; y haber sido momentos antes un romántico caballero, gentil y permeable, con la dama a la que corteja; para ser tiempo después un circunspecto marido, ya no tan receptivo a las largas conversaciones, pero que conserva algún tipo de suavidad, vinculada al afecto sincero, al reconocimiento del compañerismo del camino que se recorre de a dos; y ser asimismo un chiquilín enfrascado en armar mecanos o construcciones con los rastis, para deslizar dentro y sobre ellas docenas de autitos de colección en un juego muy serio (como deben ser todos los juegos) con sus hijos, y un padre severo poniendo límites también; y un circunspecto profesional de discreta y formal conversación y hábitos espartanos en la oficina. Sobre todo, en una sociedad signada por lazos funcionales, la persona en cuestión estará definida ante todo por su profesión, y no es casual que sea lo primero que se pregunta a cada cual apenas se lo conoce en el ámbito más general de interacción. También estará definida por su lugar de origen, por su acervo cultural, y por qué no, por sus aficiones deportivas o sus tendencias políticas.

Plataia, de Marta Minujin.


Pero sea cual fuere el nivel ejercido, es seguro que sólo un núcleo muy limitado de personas, demasiado cercano a la cotidianeidad y la historia más prolongada del individuo, puede tener una somera idea acerca de la compleja totalidad que lo caracteriza como tal. Una compleja totalidad que por lo demás es mudable, difusa, oscilante anímica y emocionalmente, circunstancias que han llevado a Schopenhauer a intuir, en una clara baza a favor del nominalismo frente al universalismo reduccionista dominante, que no puede hablarse de "el" hombre siquiera respecto de uno mismo, que es antes bien una sucesión de hombres con un hilo conductor común, marcado por la historia, que no es muy diferente al hilo conductor que en las sociedades tradicionales vinculaba a ancestros con descendientes por la tradición.

El individuo, en tanto, se cuida por parcializar no sólo su curriculum y filiación en cada ámbito en el que penetra, sino también por escoger del abanico de sus habilidades, virtudes y vicios, aquellas piezas que resulten más potables a ese determinado ámbito. Y asimismo, se muestra alerta respecto de los demás individuos, en una actitud que Norbert Elias ha calificado de recelosa, intentando abarcar lo más posible con la escueta información que cada uno permite que el interlocutor posea de sí. Con esa mínima información, trabajando casi como en un aséptico laboratorio, se produce la construcción social de el otro.

Ello da lugar a que se sobrevalore la opinión de los terceros, como referencia que permita "completar la carpeta" que uno mismo viene armando del sujeto causante, y a que se dé demasiada importancia a opiniones parciales o pertenencias difusas o momentáneas a determinado colectivo. Si es gallina o bostero, peronista o gorila, argentino o chileno, mujeriego o pollerudo, ambicioso o conformista, zurdo o facho, etc. etc. etc.


Una vez determinadas dos o tres de las pertenencias difusas, ya el potencial agente de inteligencia (espía siempre está mejor dicho) que es cada uno con los demás en una sociedad determinada por los lazos segmentarios, o sea, en una sociedad recelosa del prójimo, sólo debe combinarse con un par de opiniones de los terceros a que echar mano, para elaborar el perfil que permita al mismo espía construir, en una segmentaria y utilitaria reciprocidad, su propia personalidad parcial, seleccionando aquello que puede ser afín al otro y soterrando lo que puede resultarle repulsivo, o viceversa, siempre de acuerdo con la intención perseguida en el intercambio.

Por ello es que ha ganado tanto protagonismo en las relaciones modernas, y más en aquellas sociedades donde el recelo es mayor, porque mayor es el nivel de conflictividad, de inestabilidad y de variabilidad, la atribución de valor o disvalor a las palabras que definen pertenencias comunitarias, intentando con ello cristalizar a las personas, hacerlas constantes y rígidas como las estatuas, indiferentes al paso del tiempo o a las variaciones sociales. Y consecuentemente, generar nuevos niveles de pertenencia/ajenidad, que tengan un carácter más estable que el acostumbrado (que el efectivamente presente en una sociedad plural).


Han señalado tanto Giovanni Sartori como John Gray la pluralidad social existente en las sociedades postindustriales occidentales, que acarrea un fluir constante de las pertenencias y un carácter efímero y coyuntural de los consensos, determinado por una confluencia de intereses también fugaces, en un marco mayor, un escenario condicionante, cual lo es, la pluralidad de valores inconmensurables entre sí. Es decir, de imposible medición, catalogación, clasificación cualitativa en función de su mérito. Las sociedades modernas se caracterizan precisamente por esa pluralidad. No les es accidental o patológica sino que les es definitoria. Porque a cada paso igualdad y libertad entrarán en conflicto, y los diversos conceptos de cada uno de esos bienes inmateriales entre sí, también. Igualdad y mérito, libertad y orden, por tanto, libertad y paz, igualdad y justicia, y por ende, justicia y paz, etc.

Vuelve a cobrar entonces trascendencia la noción de lo polemológico que formulara a principios de los '80 Julien Freund, y antes que él, fundamentalmente Lewis Coser (1954), y antes que ambos, por supuesto, Aristóteles, que atribuye carácter natural, funcional, intrínseco, al conflicto como forma de estructuración de la sociedad. Los lazos sociales siempre son conflictivos, y su hilo común, la materia prima que permite que la red tejida por esos lazos siga siendo red y no soga de una horca, por ejemplo, es lo que Max Weber llama Einverständnis, el sobreentendido en la aplicación de reglas básicas sobre las cuales se desarrollará cada relación social, y en consuencia, cada conflicto. Reglas básicas que constituyen una conexión oculta, un consenso provisional siempre, y que pueden ser equiparadas con las reglas del juego (por ello toda la teoría del conflicto está tan vinculada con la teoría de los juegos, y más luego, con la concepción lúdica de la existencia que formulara Nietzsche, entendiendo que toda existencia es naturalmente social).

Esas reglas básicas y provisorias indican, por ejemplo, ciertos hilos conductores del conflicto, como puede ser (de acuerdo a la época, el lugar y la sociedad de que se trate) la evitación de los golpes bajos, del ataque por la espalda o a traición, etc., que son los que posibilitan la vida social, que siempre es negociación y tensión, siempre es ejercicio de la voluntad de poder y resistencia a ese poder por otra voluntad dirigida en otro sentido... pero también de poder, evidencia a la que no pudo sustraerse por su honestidad siquiera Michel Foucault, y en plena efervescencia del Mayo francés. Volveré enseguida sobre este punto.

Fernando Pessoa

Fernando Pessoa fue un tipo muy singular. Quizás quien mejor ha entendido el juego de la vida social, y ha trasladado con enorme sinceridad y sensibilidad esa fragmentación del ser en segmentos disociados, en perfiles funcionales, a veces incluso contradictorios, a su propia creación, a la que por lo demás otorgó el carácter sublime de la existencia: "Viver não é necessário; o que é necessário é criar".

Así construyó toda su obra a través de heterónimos, e incluso publicó críticas de sus propias piezas firmadas por otros heterónimos. De ellos, los más conocidos son Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Bernardo Soares, lista a la que yo agregaría al sorprendente Alexander Search, que escribía en inglés, y muy bien por cierto, y con quien mantuvo una profusa correspondencia (es decir, por si no se entendió: se carteaba consigno mismo). Es que Pessoa era absolutamente bilingüe, y no sólo traducía y escribía en inglés sino que podía pensar complejamente en ese idioma. De hecho, la mayor parte de lo que se le publicó en vida fueron colecciones de poesía en inglés. Educado en un colegio británico de Durban (Sudáfrica), tradujo gran parte de la obra de Poe.

En El banquero anarquista, un manuscrito presumiblemente de 1914, Pessoa razona sobre las implicancias últimas de un grupo anarquista que dirige sus esfuerzos a la destrucción de la tiranía manifestada por las ficciones sociales, que crean desigualdades "antinaturales" -el anarquismo de principios de siglo entendía que las únicas desigualdades admisibles eran las determinadas por la Naturaleza, siendo que toda otra obedecía a una institución social, y toda institución social que creara desigualdades era injusta y debía ser destruida para conseguir la libertad del hombre-. Nos dice su personaje:

"En el grupo de propaganda, no éramos muchos; éramos unos cuarenta, salvo error, se daba este caso: se engendraba tiranía. [...] De la siguiente manera... Unos mandaban en otros y nos llevaban por donde querían; unos se imponían a otros y nos obligaban a ser lo que ellos querían; unos arrastraban a otros por mañas y por artes a donde ellos querían. No digo que hiciesen esto en cosas graves; además, no había allí cosas graves en las que hacerlo. Pero el hecho es que esto ocurría siempre y todos los días, y ocurría no sólo en asuntos relacionados con la propaganda, sino fuera de ellos, en asuntos vulgares de la vida. Unos iban insensiblemente para jefes, otros insensiblemente para subordinados. Unos eran jefes por imposición; otros eran jefes por astucia. Esto se veía hasta en el hecho más simple. Por ejemplo: dos de los muchachos iban juntos por una calle adelante; llegaban al fin de la calle, y uno tenía que irse a la derecha y el otro a la izquierda; a cada uno le convenía irse hacia un lado. Pero el que se iba a la izquierda le decía al otro: "Vente por aquí conmigo"; el otro respondía, y era verdad: "Hombre, no puedo; tengo que ir por allí" por esta o aquella razón... Pero al final, contra su voluntad y su conveniencia, allá se iba con el otro hacia la izquierda... Esto ocurría una vez por persuasión, otra por simple insistencia, una tercera por otro motivo cualquiera, y así sucesivamente... Es decir, nunca por una razón lógica; había siempre en esta imposición y en esta subordinación algo de espontáneo, como instintivo... Y como en este caso tan simple, en todos los demás; desde los menos a los más importantes.
[...]

"Fíjese bien que esto ocurría en un grupo pequeño, en un grupo sin influencia ni importancia, en un grupo al que no le estaba confiada la solución de ninguna cuestión grave o la decisión sobre ningún asunto de peso. Y fíjese que ocurría en un grupo de gente que se había unido especialmente para hacer lo que pudiese por el anarquismo, es decir, para combatir, en la medida de lo posible, las ficciones sociales, y crear, en la medida de lo posible, la libertad futura.
[...]

Anarcokupas en Barcelona


"Un grupo pequeño, de gente sincera (¡le aseguro que era sincera!), establecido y unido expresamente para trabajar por la causa de la libertad, había conseguido, al cabo de unos meses, solamente una cosa positiva y concreta: engrendrar entre ellos tiranía. Y fíjese qué tiranía... No era una tiranía derivada de la acción de las ficciones sociales, que, aunque lamentablemente, sería disculpable hasta cierto punto, aunque menos en nosotros, que combatíamos esas ficciones, que en otras personas; pero, en fin, vivíamos en medio de una sociedad basada en esas ficciones y no era enteramente culpa nuestra si no podíamos escapar completamente a su acción. Pero no era eso. Los que mandaban en los demás, o los llevaban a donde querían, no lo hacían por la fuerza del dinero, o de la posición social, o de cualquier autoridad de naturaleza ficticia, que se atribuyesen; lo hacían por algún impulso del tipo que fuera ajeno a las ficciones sociales. Quiero decir, esa tiranía era, con relación a las ficciones sociales, una nueva tiranía. Y era una tiranía ejercida sobre gente esencialmente oprimida ya por las ficciones sociales. Una tiranía, además, ejercida entre ellos por gente cuya sincera intención no era sino destruir la tiranía y crear libertad.

"Ahora aplique usted el caso a un grupo mucho mayor, mucho más influyente, que trata ya de cuestiones importantes y de decisiones de carácter fundamental. Ponga ese grupo encaminando sus esfuerzos, como el nuestro, a la formación de una sociedad libre. Y ahora dígame si a través de ese cargamento de tiranías entrecruzadas entrevé usted alguna sociedad futura que se parezca a una sociedad libre o a una humanidad digna de sí misma...
[...]

"Es curioso, ¿no? Y vea que hay puntos secundarios también muy curiosos... Por ejemplo: la tiranía del auxilio. [...] Había entre nosotros quien, en vez de mandar en los demás, en vez de imponerse a los demás, los auxiliaba en todo cuanto podía. Parece lo contrario, ¿no es cierto? Pues vea que es lo mismo. Es la misma nueva tiranía. La misma manera de ir contra los principios anarquistas.
[...]

"Auxiliar a alguien, amigo mío, es tomar a alguien por incapaz; si ese alguien no es incapaz, es o hacerlo tal, o suponerlo tal, y esto es, en el primer caso, una tiranía, y en el segundo, un desprecio. En un caso se cercena la libertad de otro; en el otro caso se parte, por lo menos inconscientemente, del principio de que el otro es despreciable e indigno o incapaz de libertad".


(Fernando Pessoa, El banquero anarquista y otros cuentos de raciocinio, Alianza Editorial, Madrid, 2008 -trad.: Miguel Ángel Viqueira-, pp. 31-35).



jueves, 22 de julio de 2010

Descontrol Machete



Un desarrollo tragicómico.

El desarrollo, en el oficio de la escritura, es el vínculo, más o menos tortuoso, o más o menos delicioso, entre la introducción y el desenlace. No se trata en este caso de hacer alusión al desarrollo como una especie de sinónimo del avance tecnológico de la civilización según un decurso progresista occidental, porque, como se verá enseguida, esta tragicomedia versa casi diametralmente sobre el caso opuesto.

No es ninguna novedad señalar que el África Subsahariana constituye un caso perdido de la humanidad en su aspiración de bienaventuranza terrena, a través del progreso moral y material que idealmente otorga la civilización desarrollada por un hombre estrictamente racional.

Lejos -no mucho, pero algo es algo- del exterminio de los gorilas (gorilla gorilla gorilla) en el África Ecuatorial, transformados en objeto comestible por los contemporáneos habitantes de la naciones emancipadas y autodeterminadas, fundamentalmente Camerún, Gabón, Guinea Ecuatorial y República del Congo, que ocupan los puestos 142º, 118º, 116º y 140º en el Índice de Desarrollo Humano mundial, según informa National Geographic. Una plausible justificación está dada por lo voluminoso de los especímenes, que llegan a pesar entre 140 y 200 kgs., y pueden por tanto completar satisfactoriamente las dietas de las comunidades tribales de los bosques tropicales. Una cuestión más perturbadora, en cambio, la señala la circunstancia de compartir el gorila con la especie humana casi el 98% del ADN, y ser entonces nuestro pariente más próximo, luego de dos especies de chimpancés.

De los chimpancés, precisamente, de la manipulación, comercialización y consumo de su carne en los populosos "mercados de carne" emplazados en gran parte de las ciudades africanas, ha pasado el Virus de Inmunodeficiencia en Simios (VIS) al ser humano, y mutado en nuestro ya trágico VIH. En Swazilandia, a pasitos de los monumentales estadios del reciente mundial de fútbol, el 40% de la población tiene SIDA, y la expectativa de vida es menos que medieval: de 37 años, frente a los 61 años que registraba el mismo país a principios de los '90. El otro enclave étnico sudafricano, el simpático Lesotho, del que una publicidad nos comentara la pasión por la selección argentina, registra una tasa no menos alarmante, del 31%, con una expectativa de vida de unos 45 años (difícilmente muchos de los que participaron como extras en el corto llegue a ver el próximo mundial). Swazilandia ocupa el 133º lugar en el Índice de Desarrollo Humano y Lesotho el 137º.

Demostrando que esas minucias no los impresionan, en la vecina República Democrática del Congo (ex Zaire, ex Congo Belga o mejor dicho, dominio personal del rey Leopoldo de Bélgica) los guerrilleros del RCD-Goma, del RCD-N, del MLC y de la guerrilla hutu ruandesa han decidido cortar por lo sano y directamente comerse a los pigmeos de las zonas próximas a Beni. A lo largo de nuestras vidas hemos visto crueldad, masacres, genocidio, pero nunca hemos visto que se cace y se coma a seres humanos como si fueran animales, como ha ocurrido recientemente”, ha dicho a Survival International Sinafasi Makelo, portavoz de los mbuti. Asimismo, el alimento es compartido, aunque con cuestionable sentido "solidario", con los parientes de las víctimas canibalizadas: según la Organización Médicos Sin Frontera, "varios pigmeos (refugiados en MSF) aseguraron que los rebeldes violaron a las mujeres ante sus maridos e hijos para después asar a las víctimas y obligar a sus familiares y otros prisioneros a comer la carne". El Congo belga ocupa el puesto 167º entre las naciones del mundo en el Índice de Desarrollo Humano.


Kenia hoy


Esta breve reseña de calamidades, formulada sólo a efectos contextuales, nos permite hablar de Kenya (o mejor Kenia, ya que estamos podridos de la nueva toponimia snob) que, como dijimos, está lejos -aunque no tanto- de los mercados de carne, de los asaditos de gorila y de las masacres caníbales perpetradas contra los pacíficos pigmeos de Beni. Kenia tiene un Índice de Desarrollo Humano menor que el de Camerún, Gabón, República del Congo, Guinea Ecuatorial, Swazilandia y Lesotho. Ocupa el puesto 146º.

Será por abstenerse de probar la carne de parientes y otros homínidos, que un keniata promedio accede a entre 300 a 650 calorías diarias menos que un morocho de cualquiera de los otros países mencionados, lo cual de por sí es una cagada, pero qué se le va a a hacer, "muertos de hambre pero no esclavos", diría el eslogan... Los 2 televisores cada 100 habitantes de que disponen (y bien baqueteados ellos; nada de TV digital o decodificadores gratuitos como en el paraíso victorista) permiten estimular la vida comunitaria, ya que 50 keniatas deben amucharse diariamente en la choza del feliz poseedor para ver la novela del momento. Eso sí, nada de comentarla por teléfono entre una choza y la otra, porque sólo 1 de cada 100 habitantes disponen de ese genial avance de la técnica, incorporado a la vida humana hace nada más que un siglo.



Kenia 2007



Los keniatas sin embargo fueron los precursores de la guerra de emancipación contra el colonialismo europeo en África. Eso sí, siempre matizada con las ya ominosas contradicciones que saturan cualquier texto de análisis revolucionario, de este y de aquel lugar del Atlántico.
En el seno de la tribu Kikuyu (un cuarto de la población de Kenia) comenzó a generarse el sentimiento de agravio frente a los colonos europeos, por una cuestión de proximidad: sus tierras lindaban con la capital Nairobi, donde podían apreciar la riqueza y prosperidad de los blancos (unos 55.000 europeos, seguidos por unos 165.000 asiáticos); así como en otro punto con las llamadas Tierras Altas Blandas, donde los colonos habían establecido sus pujantes granjas. En contraste, el deterioro de la reserva de tierra donde radicaban los kikuyu, saturada y extenuada por el cultivo abusivo y la falta de rotación, ya no podía soportar una población con altísima tasa de fecundidad que se expandía más rápido que los recursos. 

En 1947 Jomo Kenyatta (seudónimo de Kamau wa Ngengi) crea la Unión Africana de Kenia (Kenya African Union, KAU), partido legal que a partir de 1952 comienza a servir de pantalla a un movimiento secreto conocido como Mau Mau, que tenía por objetivo expulsar a los colonos blancos, extender el proselitismo a la totalidad de los kikuyu, y erigir a Kenia en un Estado independiente, dominado por esa etnia.



Mau Mau



El "ala activa" del movimiento Mau Mau se autodenominaba "Ejército de Liberación", y contaba con 12.500 guerrilleros con bases en las zonas montañosas de Aberdare. A su vez, esa fracción era apoyada por un "ala pasiva" en la zona de reserva kikuyu y en Nairobi, con unos 30.000 efectivos cuya misión se centraba en proveer alimentos, fondos, logística, inteligencia, reclutas y armas a la guerrilla.

Solamente unos 1.500 insurgentes tenía para ese entonces armas de fuego. El resto se valía de palos, cuchillos, lanzas, machetes y hachas. Pero también utilizaban encantamientos y hechizos, de cuyo poder mortífero estaban convencidos. El proselitismo sobre el resto de los kikuyu (o sea, sobre los otros 1.480.000 individuos de la etnia) se encaró muy "a la africana", aunque esos métodos han sido vistos en Latinoamérica también. Es decir, mediante la coacción a prestar juramento de fidelidad y cooperación (entre los kikuyu el arma de los hechizos seguramente era bastante efectiva para esos menesteres), y más frecuentemente, mediante la intimidación física directa, como veremos más adelante.






Desde octubre de 1952 a febrero de 1953 la guerrilla logró éxitos iniciales, asesinando a 9 europeos, 3 asiáticos y... 177 africanos con relativa impunidad. El 20 de marzo de 1953 los revolucionarios dieron su mayor golpe: coparon la estación policial de Naivasha, matando a 2 agentes, alzándose con 47 armas y liberando a 173 detenidos. Paralelamente otro contingente de 1.000 efectivos atacó la aldea kikuyu (sí, leyó bien) de Lari, al norte de Nairobi, y masacró a 80 personas, mujeres y niños en su mayoría, mutiló a machetazos a otras 31 y a 100 cabezas de ganado, y quemó 200 chozas, como parte del mencionado "proselitismo por intimidación".  

A partir de entonces, los horripilantes ataques a seres humanos (kikuyu en su mayoría) y las mutilaciones se convirtieron en una marca distintiva de la campaña Mau Mau. El libro Guerra de guerrillas (Ed. Fernández Reguera, Bs. As., 1987, pp. 69-70) puntualiza al respecto: "Ciertamente, lo que se supuso fuera una campaña contra las autoridades coloniales y colonos blancos pronto degeneró en una guerra civil entre kikuyus. La razón consistía en que los Mau Mau carecían de genuino apoyo popular. La campaña guerrillera no suscitó adhesiones más allá del círculo tribal y aun dentro de la tribu había oposición sustancial a sus métodos y objetivos, especialmente de parte del sector cristiano y de las personas de más edad. Casi todos los Mau Mau eran kikuyus, pero los guerrilleros lograron atraer a sus filas un total de 15.000 hombres, mientras la Guardia Nativa Kikuyu, establecida por lo británicos, contaba, en 1953, con 20.000 voluntarios".






A mediados de 1954 los Mau Mau habían perdido la iniciativa, y estaban cediendo terreno. Las fuerzas de seguridad lanzaron la operación urbana Anvil en Nairobi, consistente en un acordonamiento y búsqueda, que insumió un mes, y que empleó informantes con el rostro cubierto que identificaban con el dedo a los Mau Mau de entre los 16.500 sospechosos detenidos en la acción. Aniquilada el "ala pasiva" en la capital, los insurgentes escondidos en la selva quedaron aislados y desprovistos de provisiones. Asimismo, se relocalizó a los kikuyus leales a las autoridades, para evitar fueran obligados por la guerrilla a prestar colaboración. 
Para fines de 1955 no quedaban más de 2.00o combatientes en toda Kenia, y habían dejado de ser una amenaza real. 

El balance final de esa aventura arrojó que los Mau Mau mataron a 2.000 civiles y 600 miembros de las fuerzas de seguridad, casi todos kikuyus, pero soportaron en cambio 11.500 bajas, sin conseguir ganar siquiera un apoyo significativo de la tribu kikuyu para desalojar a los colonos y sojuzgar al resto de las tribus keniatas.



Jomo Kenyatta



En medio de todo ello, el gran inspirador del movimiento de liberación Mau Mau, Jomo Kenyatta, estuvo preso entre octubre de 1952 y 1959. Luego, en mayo de 1963, fue elegido Primer Ministro por la Kenya African National Union (KANU), para dirigir el proceso autonómico iniciado por los propios ingleses, que no ocultaban su impaciencia por abandonar África a su suerte. Para ese entonces, ya maduro y curtido por la prisión y el confinamiento, Kanyatta pidió a los colonos blancos que no abandonaran Kenia y bregó por la reconciliación nacional, y se ganó el título de mzee (hombre mayor, u hombre sabio, en swahili).

El 12 de diciembre de 1963 se declaró la independencia de Kenia, y Kenyatta pasó a ser Presidente, cargo que ocupó hasta su muerte, 15 años después. Como presidente, mantuvo a muchos de los funcionarios coloniales en sus puestos, y solicitó la ayuda militar británica para sofocar rebeliones somalíes en el Nordeste y un alzamiento en la propia Nairobi en 1964. Se lo reconoció como un líder inflexible, muy duro con la oposición (que lo acusó de persecuciones y algunos asesinatos) pero confiable para el exterior, que pronto acudió con inversiones en el joven país.

Su muerte, el 22 de agosto de 1978 en Mombasa, dejó a Kenia sumida en conflictos y rivalidades étnicas. 

Fue sucedido por Daniel Arap Moi (1978-2002), que estableció un régimen de partido único con fuertes medidas represivas, y contando con la tenaz oposición de la etnia kikuyu. El retiro de inversiones externas provocó una fuerte recesión económica. Siempre se lo acusó de manipular las sucesivas elecciones que lo ratificaron en su cargo, atizando para ello las rivalidades étnicas (en todas hubo muchas muertes violentas), a lo que se sumó una vampiresca corrupción. 



Moi



En 2002, finalmente, debió dejar el cargo, y su sucesor, Uhuru Kenyatta, hijo de Jomo, perdió las elecciones en los que fueron considerados los primeros sufragios libres en la historia de Kenia.

En la actualidad residen en Kenia solamente 5.000 keniatas blancos de origen europeo, la mayoría de ellos, en Nairobi. Aun pese al exiguo número, es la cuarta población blanca de origen africano, luego de Sudáfrica (4.300.000), Zimbabwe (ex Rhodesia del Sur, 100.000) y Namibia (95.000).

martes, 13 de julio de 2010

13 de Julio: Efemérides de roja sangre

CALVO SOTELO.

El 13 de julio de 1936 moría asesinado, por los propios agentes de seguridad de la República Española –que precipitadamente se encaminaba hacia el terrorismo de Estado-, entre los que se contaba personal de la propia custodia del Presidente del Partido Socialista Obrero Español (y activo protagonista de la revolución de izquierda desatada en 1934 ante el triunfo electoral de la derecha), el diputado conservador José Calvo Sotelo, líder de la oposición parlamentaria al gobierno de coalición marxista español de entonces.



El 12 de Junio de 2010, el medio español Minuto Digital consignaba en su Editorial:

En la madrugada del 13 de julio de 1936 un grupo de guardias de Asalto y militantes socialistas, dirigido por el capitán de la Guardia Civil Fernando Condes, que se encargaba de la instrucción militar de la “motorizada”, guardia pretoriana del dirigente del PSOE Indalecio Prieto, detuvo a Calvo Sotelo en su domicilio y le introdujo en el interior de una camioneta de la guardia de Asalto donde Luis Cuenca, militante de las Juventudes Socialistas y también guardaespaldas de Indalecio Prieto le asesinó a sangre fría disparándole dos tiros en la nuca. Inmediatamente después del asesinato el capitán Condes, que fue reconocido por la viuda de Calvo Sotelo, estuvo oculto por una noche en casa de la diputada Margarita Nelken.


La Pasionaria


Previamente Calvo Sotelo había sido amenazado de muerte en sede parlamentaria por [la diputada del Partido Comunista de España] Dolores Ibárruri La Pasionaria (16 de junio, en que había dicho en pleno, luego de una alocución parlamentaria de Calvo Sotelo, “Este hombre ha hablado por última vez”), e indudablemente por [el diputado socialista] Ángel Galarza (1 de julio).

Galarza mantuvo un curioso intercambio con el presidente de la Cámara de Diputados, cuando éste le dijo “La violencia, Sr. Galarza, no es legítima en ningún momento ni en ningún sitio; pero si en alguna parte esa ilegitimidad sube de punto es aquí. Desde aquí, desde el Parlamento, no se puede aconsejar la violencia. Las palabras de S.S., en lo que a eso respecta, no constarán en el Diario de Sesiones”. A lo que Galarza, en inequívoca amenaza respondió: “Yo me someto, desde luego, a la decisión de la Presidencia, porque es mi deber, por el respeto que le debo. Ahora, esas palabras, que en el Diario de Sesiones no figurarán, el país las conocerá, y nos dirá a todos si es legítima o no la violencia”.

Posteriormente los dos líderes del PSOE se pronunciaban sin lugar a dudas sobre el significado del crimen. Indalecio Prieto escribía el día 14 de julio en “El Liberal”: “La trágica muerte del Sr. Calvo Sotelo servirá para provocar el alzamiento… Será una batalla a muerte, porque cada uno de los bandos sabe que el adversario, si triunfa, no le dará cuartel”. Largo Caballero [Ministro de Trabajo, llamado “el Lenin español”, por estar en pro de la Sovietización] iba más allá y el 16 de julio de 1936, en el diario socialista Claridad aprobaba los métodos terroristas y violentos, cualquier cosa menos la democracia: “La lógica histórica aconseja soluciones más drásticas. Si el estado de alarma no puede someter a las derechas, venga, cuanto antes, la dictadura del Frente Popular. Dictadura por dictadura, la de izquierdas. ¿No quiere el Gobierno? Pues sustitúyale por un Gobierno dictatorial de izquierdas… ¿No quiere la paz civil? Pues sea la guerra civil a fondo. Todo menos el retorno de las derechas.”

Calvo Sotelo, junto a Gil Robles eran los líderes más importantes y populares de la oposición al Frente Popular. Calvo Sotelo cayó asesinado sin haber tenido participación alguna en el llamado ‘Alzamiento Nacional’.



Jurisconsulto de fuste, reconocido demócrata (que no era poca cosa en esos tiempos) fue autor, como director general de la Administración en 1924, del Estatuto de Municipios, cuyos aspectos más relevantes, según consigna Wikipedia, eran:

  1. El deseo de democratizar la vida local. Para ello se rebajaba el voto a los 23 años; se establecía la representación proporcional en los ayuntamientos; se otorgaba el voto a las mujeres emancipadas y cabezas de familia ("entre todas las innovaciones del Estatuto acaso sea esta la más interesante y trascendental", afirmaría Calvo Sotelo, que no consiguió que el Directorio Militar reconociese el derecho a votar a todas la mujeres, pero que consideraba que lo importante era haber logrado dar el primer paso); se garantizaba el secreto del voto mediante cabinas; se establecía el referéndum municipal para ciertas cuestiones, incluida la remoción del alcalde... No obstante, no todos los concejales se elegían por sufragio, sino que proponía que una tercera parte de los concejales fuesen corporativos.
  2. El aumento de las competencias y obligaciones de los municipios, que podían organizarse según lo desearan, optando por fórmulas que iban desde el concejo abierto al régimen de carta. Los municipios podrían mancomunarse libremente incluso aunque pertenecieran a distintas provincias, y también fusionarse o separarse con permiso de las respectivas diputaciones provinciales. Entre sus nuevas competencias se hallaba la capacidad para construir ferrocarriles, abordar empresas urbanísticas, "acordar la municipalización, incluso con monopolio, de servicios y empresas que hoy viven en un régimen de libertad industrial", a cuyo efecto se permitirían las oportunas expropiaciones. Entre sus obligaciones se recogía la de secundar las leyes sociales sobre casas baratas, retiro obrero y seguros de enfermedad; la de facilitar locales para escuelas y vigilar la asistencia a la misma, así como el cuidado de la higienes, la repoblación forestal, etc.
  3. La reforma de la Hacienda municipal, desarrollada por Antonio Flores de Lemus, que preveía la formación de presupuestos extraordinarios para impulsar iniciativas de interés público, permitiendo a los ayuntamientos la emisión de deuda para hacerles frente. Al mismo tiempo se aumentaban sus recursos ordinarios y se creaba un arbitrio sobre los terrenos incultos o deficientemente cultivados.

En 1931 declaró como una de sus preocupaciones respecto del nuevo parlamento republicano, que se convirtiera en una cámara radical y sectaria: “Si en el Parlamento español llegan a dominar los elementos extremistas, surgirán días trágicos para España. Y eso es indispensable impedirlo, cueste lo que cueste [...] Los exclusivismos en política conducen siempre a las hecatombes”.

También compendió una parte fundamental de su ideario político:

“Soy avanzado en materia social y económica, mas no profeso el marxismo; [...] porque estimo esencial para el progreso humano el desenvolvimiento y difusión de la propiedad privada, y, en último término, porque hallo vital e insustituible el fervor religioso en la ordenación económica de la vida social. Pero frente a la propiedad hay que exaltar, como fuente suprema de derechos y prerrogativas, otro principio: el trabajo. “El impuesto progresivo sobre la renta, la universalización -en riesgos y beneficios- del seguro social, el salario familiar, los arrendamientos colectivos de las fincas, el accionariado obrero, la limitación de los poderes financieros oligárquicos, etc., son postulados de mi ideología”. [Diario La Región, 21 Junio 1931].

En 1933 dejará trasuntar, con florida pluma, su angustia ante la acometida fratricida de gran parte de la “intelectualidad” de las izquierdas:

“…Pero esa fraternidad no cuenta para los hombres fríos e implacables que ahora dominan. Sus plumas enconadas mojan en toda suerte de hieles: la hiel de la envidia, en aquellos soliloquios de antaño que incubaron el despecho; la hiel de la soberbia, en estos pseudodiálogos de hogaño, presididos por el látigo. Su musa es salobre y, por ende, estéril. Donde toca, brota el incendio que devasta en vez de purificar: llamas rojas de codicia, llamas vivas de angustia, llamas crepitantes de iracundia. El reguero es ceniza, desilusiones, estertores, miseria. Más encono en las pasiones, más pavor en los presentimientos, más dureza en el trato, más distancia entre las clases, más barbarie en la atmósfera... ¿Adónde vamos, adónde se nos lleva? Venimos de la Fraternidad y se nos quiere conducir al canibalismo demagógico. Para ello, el desmoche implacable, calenturiento, que poco a poco va sofocando la cordialidad, la efusión, todo aquello, en fin, que gozado es el encanto de la vida, y perdido, su maldición”.


Monumento a José Calvo Sotelo en la Plaza de Castilla de Madrid.


ARNALDO OCHOA SÁNCHEZ

Coincidentemente, también un 13 de Julio, pero de 1989, moría fusilado en Cuba el general más condecorado de la historia del castrismo, integrante de la columna al mando de Camilo Cienfuegos, luego entrenado militarmente en Checoslovaquia y la Unión Soviética, combatió en Bahía de los Cochinos, en Venezuela (donde mató a varios soldados venezolanos), en Angola (fue jefe de la Misión Militar Internacionalista en África), y coordinó las acciones de las guerrillas comunistas en América Latina, a través de sus opciones de foquismo, guerrilla urbana, entrismo e infiltración.

Miembro del Comité Central del Partido Comunista, fue ungido con la máxima condecoración revolucionaria, la de “Héroe de la República de Cuba”.

El 12 de Junio de 1989 fue enjuiciado por alta traición, acusado de narcotráfico, y tras un mes de juicio popular, en que se reconoció culpable y pidió para él la pena de muerte, fue fusilado por decisión de un Tribunal Militar Especial en la Causa Nº 1/89, junto a otros tres imputados, entre ellos, el coronel Antonio de la Guardia.

Es sabido, a estas alturas, que esas ardientes confesiones y enfáticos pedidos de pena de muerte para uno mismo resultan poco confiables en regímenes como el cubano, en los cuales los resultados de los procesos no difieren mucho de aquéllos que en Salem se llevaban adelante por brujería.

También resulta llamativa la acusación de narcotráfico (completada, para acentuar el dramatismo escenográfico, de similares inconductas con diamantes y con marfil), cuando el mismo es hace décadas la principal fuente de financiamiento de la guerrilla que subsiste en América Latina, en la selva colombiana. Se ha señalado al respecto que un juicio rápido y expeditivo, con condena de muerte inapelable y notorios chivos expiatorios, podía ser una salida elegante a las acusaciones de Washington acerca del papel de Cuba en el narcotráfico internacional, a través de Varadero, y que ha reconocido hasta el propio Pablo Escobar (La Nueva Cuba, 3 Septiembre 2006).

Antes bien parece –y la fecha también resulta sugestiva, por la proximidad con la caída del Muro de Berlín y el fin de la bipolaridad mundial- una de esas características purgas soviéticas, llevada a cabo por Fidel Castro para allanar el camino de su autocracia post-soviética (para algunos) o por meros celos de protagonismo y legitimidad (para otros), o bien por ambas cosas, sumadas a intereses económicos en negocios turbios (para los más).

Al respecto consignaba Norberto Fuentes –que como corresponsal periodístico acompañó a Ochoa en sus incursiones en el extranjero- en El Nuevo Herald (11 Julio 1999): “Sin embargo, muchos analistas de la realidad cubana sostienen que los cargos de narcotráfico encubrían acusaciones más graves: según esta tesis, Ochoa y De la Guardia fueron fusilados porque eran vistos como los líderes en potencia de unas fuerzas que podrían disputarle el poder absoluto a Fidel Castro”.

Y también, 10 años antes, casi casi sobre el tambor, el mismo autor escribía: “Ahora, con los cadáveres de los cuatro compañeros que han sido fusilados, todavía insepultos y botando humo, estamos en el plano inclinado que conduce al país del que nunca escaparemos, de nuestras fleteras baratas y alardosos buscavidas, y Fidel Castro, el hombre que una vez estuvo sentado en el trono milenario de Haile Selassie, mientras las tropas desfilaban en su honor, convertido en una caricatura de él mismo, criminal desnudo”.

Arnaldo Ochoa Sánchez durante el "juicio especial"